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Revista Arbitrada de la Facultad Experimental de Arte de la Universidad del Zulia. Maracaibo, Venezuela AÑO 12 N° 22. ENERO - JUNIO 2017 ~ pp.7-13


El retablo colonial del templo Santa Ana de Maracaibo

The colonial altarpiece of the Santa Ana temple in Maracaibo


Recibido: 14-07-16

Aceptado: 19-10-16

Manuel Ortega

Universidad del Zulia, Maracaibo, Venezuela manuelortega45@hotmail.com


Resumen Abstract



El siguiente artículo tiene el propósito de abordar el arte colonial en Venezuela, tomando como ejemplo el retablo de la Capilla de Nuestra Señora de la Soledad, ubicada en el pequeño Templo de Santa Ana, que se encuentra en la avenida el Milagro de la ciudad de Maracaibo, y perteneció al antiguo Hospital de Santa Ana. En la actualidad son pocos los ejemplos de arte colonial en la ciudad, así como pocas las investigaciones al respecto. Por lo tanto, el tipo de investigación utilizada es descriptiva, con un diseño de fuente mixta, principalmente documental, así como la observación detallada de la obra, con el fin de destacar el valor histórico, estético y, por ende, patrimonial de esta obra colonial, resaltando la importancia de su conservación y restauración.


Palabras clave: Arte colonial, retablo colonial, arte sacro, arte de Maracaibo.


The following article has the purpose of approaching the Colonial Art in Venezuela, taking as example the Altarpiece of the Chapel of Our Lady of the Solitude, located in the small Temple of Santa Ana that is in the avenue the Miracle of the city of Maracaibo, which belonged to the old Hospital of Santa Ana. Currently there are few examples of colonial art in the city, as well as few investigations in this regard. Therefore, the type of research used is descriptive, with a mixed source design, mainly documentary, as well as the detailed observation of the work. In order to highlight the historical, aesthetic and patrimonial value of this colonial work, highlighting the importance of its conservation and restoration.


Keywords: Colonial art, colonial altarpiece, sacred art, art from Maracaibo.

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REVISTA ARBITRADA DE LA FACULTAD EXPERIMENTAL DE ARTE DE LA UNIVERSIDAD DEL ZULIA. AÑO 12 Nº 22. ENERO - JUNIO 2017


Introducción


Nuestros creadores nos han dejado un legado importante que debemos considerar en la actualidad. La historia del arte se ocupa de la valoración de las obras del pasado, recabando información mediante la investigación y destacando su valor estético, histórico y, por ende, patrimonial. El historiador del arte se convierte en un promotor y defensor de esa producción artística de autor o anónima. Es el caso del Retablo de la capilla de la Capilla de Nuestra Señora de la Soledad del Templo de Santa Ana, del cual no tenemos información de su autor o autores; sin embargo, se trata de una obra patrimonial digna de estudio y valoración.

Posiblemente este es el único retablo colonial en la ciudad de Maracaibo. A pesar de que existen diferentes retablos en las iglesias marabinas, este se destaca por su estilo y origen. De esta manera, la necesidad de investigar sobre las obras y épocas de nuestro mundo artístico, es imprescindible. Se trata de la identidad cultural, elemento importante en el crecimiento de las naciones y regiones jóvenes históricamente.

A continuación, en la primera parte de este artículo, se aborda una breve información sobre el arte colonial en Venezuela, donde se plantean unas consideraciones sobre la cronología, historiadores y premisas estéticas en el desarrollo de las artes plásticas en el período hispánico venezolano. En la segunda parte se expone el origen del Templo de Santa Ana, como ejemplo de arquitectura colonial básica, la cual fue progresivamente mejorando su construcción y decoración. Posteriormente, se presenta el análisis formal y conceptual del Retablo de la Capilla de Nuestra Señora de la Soledad, que es el tema principal de esta investigación y, luego, se esbozan las consideraciones finales.


El arte en la Provincia de Venezuela


Fueron aproximadamente tres siglos de historia, que comprende entre la fundación de los primeros asentamientos hasta la primera décadadelsiglo XIX. Fue una época caracterizada por la imposición del modelo europeo, que pasa por diferentes etapas; desde el reconocimiento de las tierras, fundación de las ciudades, desarrollo de la sociedad colonial y, por último, el enfrentamiento y quiebre del modelo colonial. La vida en la provincia venezolana fue austera, agraria y de profunda religiosidad.

El arte colonial en Venezuela ha sido estudiado con ciertas limitaciones, por un lado, los costos que implica una investigación de los siglos XVI, XVII y XVIII, donde es importante visitar los diferentes archivos eclesiásticos y particulares en gran parte del país, así como viajar a Sevilla en España, para indagar en el Archivo de Indias. Por otro lado, la poca valoración que se le ha dado a las expresiones del arte en este periodo, consideradas de gran austeridad y, en cierta medida, imitaciones de obras europeas o de las Virreinatos americanos.

A fines del siglo XIX y en el trascurso del siglo XX, encontramos algunos escritores e historiadores que han documentado este periodo; así podríamos nombrar a Ramón de la Plaza, José Nucete Sardi y Enrique Planchar, menos acertados; sin embargo, un gran reconocimiento al trabajo de Alfredo Boulton, con sus investigaciones sobre la pintura colonial; a Carlos Duarte, con sus diversos estudios sobre la pintura, escultura, moblaje y orfebrería, y a Graziano Gasparini, como uno de los pioneros en las investigaciones sobre arquitectura colonial en Venezuela.

En la ciudad de Maracaibo nos encontramos con pocos historiadores del arte y, por lo tanto, con menos estudios sobre el desarrollo del arte colonial en la región. Vale decir, que la riqueza petrolera sirvió para el desarrollo y modernización de la región, pero en este crecimiento olvidó su patrimonio colonial. En la actualidad, son pocos los ejemplos de arquitectura colonial marabina, o pocas son las obras de pintura o escultura existentes en los diferentes espacios, como museos, iglesias o colecciones privadas, que es posible donde más se encuentran ejemplos importantes. Tampoco encontramos en la ciudad un Museo de Arte Colonial, como existen en Caracas, Mérida y otras ciudades del país. Aunque en el Museo Arquidiocesano“Obispo Lazo” de Maracaibo, podemos apreciar algunas muestras de interés para el espectador interesado en obras de carácter religioso del período colonial, así como en algunas iglesias, como la Catedral de Maracaibo, en la iglesia del antiguo Hospital de Santa Ana o Templo de Santa Ana o el Templo de Santa Bárbara.

El historiador Alfredo Boulton, en su libro Historia de la Pintura en Venezuela, Tomo I, Época Colonial, divide en tres escuelas la pintura colonial: Escuela de Caracas, Escuela de Mérida y la Escuela del Tocuyo. Tres centros de desarrollo del arte colonial en el país. Así que conviene aclarar la situación del arte colonial en Maracaibo.

Sabemos que las ciudades de puerto fueron prósperas desde sus inicios. Aquí se desarrollaba una pujante actividad comercial que beneficiaba a sus pobladores. Maracaibo, desde sus orígenes, fue un lugar de camino fluvial, acosada por piratas y filibusteros, con su gran puerto que da al lago, y su protectora fortificación llamada el castillo de San Carlos. Su distribución urbanística se adaptaba a lo que demandaba las “Leyes de Indias”: ordenada en cuadrícula, con su plaza mayor, su iglesia parroquial, su casa de Gobierno y el Cabildo.

De ninguna manera podemos alejarnos de la realidad que vivió la ciudad durante estas tres centurias, y su relación con el proceso de formación de las principales ciudades de la Provincia de Venezuela. Existen diferencias y muchas relaciones. Las dificultades presentes en el desarrollo del arte pasa por varias etapas, según fue desenvolviéndose la sociedad colonial.

Su primera etapa, que abarca más de un siglo y medio, constituye un momento difícil para el español colonizador, en su búsqueda de establecer un nuevo orden. Para Boulton:



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El retablo colonial del templo Santa Ana de Maracaibo


En este periodo de nuestro pasado, el objetivo básico fue la posesión física del territorio y el sometimiento de sus primitivos habitantes, sin dar cabida a cualquier otra actividad que no tendiese al logro de aquella meta primordial; no eran días de ejercer en calma, con sosegado y asiduo ritmo, alguna labor de carácter estético. Todo acto de posible significado artístico se halló entonces supeditado a las especiales circunstancias vigentes. (1964, p. 19)

No obstante, la presencia de monjes franciscanos y dominicos españoles, traería con ellos imágenes religiosas, representadas en pinturas y esculturas como modelo espiritual y estético a seguir.

Durante la segunda etapa, desde mediados del siglo XVII hasta el fin del periodo colonial, nos encontramos con un verdadero movimiento artístico, aunado a la consolidación de la sociedad colonial. Podemos afirmar que el siglo XVIII fue el más próspero en todos los aspectos. Artistas como: Francisco José de Lerma Y Villegas, Juan Pedro López, José Zurita, Antonio José Landaeta, José Lorenzo de Alvarado, por nombrar algunos; así como un gran número de obras anónimas, van a formar parte del desarrollo de las artes plásticas en la Venezuela hispánica.

Es importante considerar en este devenir de nuestra cultura colonial, que el arte fue un importante y eficaz medio de difusión de la fe, tal como lo expresa el historiador Simón Noriega: “Como en la edad media europea, la pintura llegó a ser la Biblia de quienes no sabían leer. Así se explica el interés, desde temprana época, por traer de España imágenes sagradas destinadas a ornar las moradas de Dios” (2000, p. 24). Pero no solo la pintura, sino la variedad de expresiones del arte, como la escultura, la orfebrería, los retablos, la arquitectura, literatura y la música. Otro aspecto que debemos considerar, es la presencia de tres vertientes o formas de expresión en el arte colonial venezolano. Por un lado, las obras que llegaron importadas a la Provincia de Venezuela, con características propias de su lugar de origen (Europa o de los Virreinatos). Por otro, las obras de carácter popular realizadas en las diferentes regiones del país, que demuestran la poca formación y recursos que tenían nuestros artistas, y que expresan un gran sentimiento religioso y de autenticidad popular. Por último, la de mayor producción del siglo XVIII, que se apega a los estilos artísticos y evidencia aspectos

académicos, demostrando una alta calidad expresiva.

Templo de Santa Ana1


A principios del siglo XVII se construye en Maracaibo uno de los más antiguos hospitales que se conocen en Venezuela, tal como lo afirma Luis Guillermo Hernández y Jesús Ángel Peña en el Diccionario General del Zulia:

En la hoy región zuliana, han existido diversos hospitales, de los cuales el más antiguo es el Hospital Santa Ana, fundado en 1608 por la familia Ortiz del Basto, el cual ha tenido continuidad hasta estos finales del siglo XX, con el nombre de Hospital Central Dr. Urquinaona. (1999, p. 1128)

Más adelante, los mismo autores detallan:

Este hospital ha pasado por diversas etapas, siendo el más antiguo de Venezuela. El 1 de diciembre de 1607 el matrimonio de Francisco Ortiz y Inés del Basto solicitaron al obispo de Venezuela fray Antonio de Alceaga, para construir un hospital bajo la advocación de Santa Ana, en el solar de la ermita del mismo nombre que habían fundado; el 18 de julio de 1608 se le concedió la licencia y ese mismo año se inaugura el hospital. (1999, p. 1130)

La ermita de Santa Ana se había construido unos años antes de iniciarse los trabajos de construcción del Hospital Santa Ana, como devoción, agradecimiento y tradición de los esposos Francisco de Hortiz e Inés de Basto, a la santa. En un terreno anexo a la vivienda y a orillas del lago, esta modesta construcción de muros de barro y techo a dos aguas de enea, tenía planta longitudinal dirigida al altar mayor. Con el paso del tiempo, fue mejorando su construcción y fue enriquecida con imágenes religiosas, pasando de ermita a templo, destacando en su fachada principal la torre campanario, entrada de ascenso principal con arco de medio punto y pilastras. Ahora, contaba con mejoras en el piso, techumbre y la decoración en general. También con un número de pinturas y esculturas con motivos religiosos (Cañizalez, 1997, p. 7).


  1. El templo de Santa Ana se encuentra ubicado en la avenida 2, El Milagro, con calles 94 y 95. Contiguo al Hospital Central Doctor Urquinaona, Maracaibo, estado Zulia. Conel pasodeltiempo, este templose haremodeladovarias veces. Enocasiones, susfachadas se han pintado de diferentes colores; no obstante, conserva su estructura colonial. En la actualidad, sus fachadas se encuentran pintadas de blanco, se celebra la misa los domingos y en Semana Santa toma protagonismo, con diferentes actividades religiosas.


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    Otras obras que debemos considerar, son las siguientes: ubicada en un lateral de la parte alta del presbiterio, nos encontramos con una extraordinaria pintura al óleo del artista Miguel Cabrera, titulada “Reina de la Compañía de Jesús”, del período colonial. En el presbiterio se encuentra el retablo del Altar Mayor, que está formado por un conjunto de imágenes religiosas, como la de Santa Ana y la de San Joaquín (data de 1608, siendo una de las más antiguas de la ciudad), ambas de madera policromada, y una imagen de Santa Inés (Portillo, 2005, p. 42). Posiblemente este retablo de estilo neogótico pertenece a finales de siglo XIX o principios del XX, aunque se desconoce su data. En la capilla lateral del templo, con el nombre de Nuestra Señora de la Soledad, se destaca otro retablo que es un verdadero tesoro colonial y forma parte de un patrimonio poco explorado de nuestra cultura.


    Figura 1.

    Antiguo grabado del Templo de Santa Ana. Maracaibo. Anónimo.

    Fuente: Gasparini y Duarte (1971, p. 189).


    Con respecto a esta tipología de las construcciones religiosas coloniales, el investigador Graziano Gasparini en su libro La Arquitectura Colonial en Venezuela, afirma lo siguiente:

    los templos de una nave, ubicados en poblaciones menores pero con función de iglesia principal, o en ciudades en calidad de capillas secundarias, adoptaron una monótona disposición en la planta. Siempre es un rectángulo muy alargado con techumbre similar a las construcciones civiles. Por faltar las naves laterales, el alfarje adoptó los mismos sistemas empleados en las casas, diferenciándose sólo en la longitud impuesta por características de la construcción. Entre la nave y el presbiterio siempre se interpone el arco de triunfo que de ese modo permite independizar los dos espacios y elevar los muros y techumbre del presbiterio por encima de los de la nave. (Gasparini, 1985 p. 194)

    Motivo de interés que decoran las paredes del templo son las pinturas que representan escenas de la vida de la virgen, del artista Juan de Villegas. Son obras de gran formato ubicadas en la parte alta de los muros laterales. Existen dudas sobre el origen de su autor y sus lienzos. Para Alfredo Boulton, posiblemente el pintor fue mexicano, pero sobre sus pinturas “es difícil saber si fueron traídos de ultramar o si el artista estuvo activo en nuestro medio. Esta última posibilidad no carece de ejemplos, pero tampoco puede rechazarse la hipótesis de que vinieran de afuera”(1985, p. 96). Lo importante es que forman parte del patrimonio artístico y religioso de Maracaibo.


    Figura 2.

    Fachada principal del Templo de Santa Ana. Maracaibo.

    Fuente: Portillo, Julio (2005, p. 41).


    El Retablo de la Capilla de Nuestra Señora de la Soledad


    En el período colonial, la presencia del retablo se convirtió en un elemento indispensable de ornamentación del altar. Su función era servir de fondo para ilustrar con imágenes y escenas religiosas el espacio más importante del templo; posteriormente los retablos se colocaron en otros espacios de interés, como capillas, etc. Los retablos integran las artes plásticas y la arquitectura, y en su elaboración participan: carpinteros, entalladores,



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    El retablo colonial del templo Santa Ana de Maracaibo


    enyesadores, ensambladores, doradores y los “maestros” o artistas. En la Provincia de Venezuela se inició desde principio del siglo XVII con la elaboración de tabernáculos y retablos de extraordinaria belleza. Algunos más austeros, otros más estilísticos y otros de importación.

    Debemos a Gasparini y Duarte los primeros y prácticamente únicos trabajos de investigación sobre los retablos en la Provincia de Venezuela, que incluyen la función e historia del retablo, así como un compendio visual, que reúne solo una parte de toda la producción del arte colonial venezolano. Los retablos de la provincia, de oriente y occidente, así como de la ciudad de Caracas, que se diferencian en el diseño y decoración, pero con semejanzas en las técnicas de elaboración.

    El retablo de la capilla de Nuestra Señora de la Soledad en el templo de Santa Ana de Maracaibo, es un valioso ejemplo del estilo barroco americano en nuestro país. El Obispo Mariano Martí, a finales del siglo XVIII, llevó a cabo un recorrido a lo largo de la mayor parte del territorio de la Capitanía General, entre 1771 y 1784. En el año de 1774 visita el templo de Santa Ana, y expone que:

    El retablo acusa influencias de lo que se hacía en el Virreinato de Santa Fe (al cual pertenecía Maracaibo). La técnica del dorado y pintura es menos refinada que en otras regiones de Venezuela. Esta es una característica de las obras colombianas las cuales persiguen más efecto que el refinamiento. (Gasparini y Duarte, 1971, p. 189)

    Por otro lado, Gasparini y Duarte, señalan que:

    El conjunto se desarrolla en anchura y alterna los nichos con pares de columnas salomónicas. El remate, de diseño pesado, se adapta a la poca altura y acentúa el efecto de horizontalidad. Puede fecharse a fines de la primera mitad del siglo XVIII. (1971, p. 190)

    El retablo es una gran talla de relieve en madera ensamblada, resalta su riqueza decorativa, está formado por tres calles o cuerpos, predela y un piso con remate o guardapolvo. Presenta cuatro pares de columnas adosadas salomónicas.2 En los retablos barrocos coloniales, la columna tomó una forma especial con una gruesa moldura enrollada y ornamentada en el fuste, cuya curva describe un movimiento en espiral. Entre estas columnas, los nichos donde se encuentran las imágenes de Nuestra Señora de la Soledad, Nuestra Señora del Carmen y San José. El nicho central se enmarca con pequeños pares de columnas

    salomónicas y, en su parte alta, dos querubines y un corazón coronan la imagen central. En los nichos laterales se reiteran las conchas marinas, signo de peregrinación y bautizo. Las grandes orlas o remates laterales, se ornamentan con relieves de ramas y flores entrelazadas. Debajo de estos remates se hallaban dos medallones con pinturas de imágenes religiosas (posiblemente Santa Bárbara), que en la actualidad no se encuentran.3


    Figura 3.

    Retablo de la capilla de Nuestra Señora de la Soledad en el templo de Santa Ana de Maracaibo, Venezuela.

    Fuente: Portillo, Julio (2005, p. 45).


    En el retablo se destaca el remate superior, llamado también guardapolvo o polsera, continuando con la decoración de motivos vegetales y ondulantes de todo el retablo. En las esquinas apreciamos elementos ornamentales en forma de espiral: volutas y, coronando el guardapolvo, se resalta una gran concha marina y, dentro de ella, una más pequeña; todo ello forma parte de la simbología cristiana, así como motivos característicos del arte barroco.


  2. La columna salomónica o entorchada cuyo fuste se desarrolla en espiral, llamada columna salomónica por la suposición de que deriva del famoso templo de Salomón, es un elemento arquitectónico y escultórico utilizado frecuentemente en el arte barroco. Ejemplo: el Baldaquino de la Basílica de San Pedro en Roma, diseño de Lorenzo Bernini.

  3. En la fotografía de Pedro Maxim del libro Los Retablos del Periodo Colonial en Venezuela, de Graziano Gasparini y Carlos Duarte, en el retablo de la Capilla de Nuestra Señora de la Soledad del templo de Santa Ana, tomada en 1971, aparece una pintura por cada lado, debajo de los remates laterales del retablo, con representaciones de imágenes religiosas. En la actualidad, no se encuentran estas dos pinturas, lo cual es un motivo de preocupación para todos aquellos que valoramos el patrimonio y rechazamos todo vandalismo o expolio de las obras de arte que se encuentran en nuestras iglesias.


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Figura 4.

Remate superior del retablo de la Capilla de Nuestra Señora de la Soledad.

Fuente: Gasparini y Duarte (1971, p. 191).


La mirada nos lleva al techo de la capilla, donde encontramos un extraordinario artesonado octogonal. En el periodo colonial venezolano, la influencia mudéjar está presente en algunos planteamientos, principalmente en las techumbres de los templos, construidos en madera y con formas moriscas. En este caso, se destaca la abundancia de decoración floral, especie de pequeñas rosetas que se repiten, una tras otra, hasta el centro del techo, donde un pequeño octógono como motivo central, presenta en forma esquematizada querubines que se intercalan con flores.

En todo el conjunto, tanto en el retablo como en el artesonado, se presenta una unidad cromática, entre dorado y rojo, que resalta los elementos decorativos. Posiblemente este sentido cromático tenía la función de producir un cierto efecto ilusorio de riqueza simbólica y ornamental.

Hasta la fecha, no se ha encontrado información de quien fue su autor o “maestro tallador”, o las personas que participaron en la elaboración de esta pieza de imaginería religiosa. Lo que podemos interpretar es que fueron talladores con formación, conocedores del oficio, que lograron plasmar elementos estilísticos en la obra.

A pesar de la austeridad del período colonial en Venezuela, se destaca este retablo que constituye un magnífico ejemplo de arte sacro en la ciudad de Maracaibo, demostrando la devoción de sus habitantes, así como la floreciente economía en este pueblo de Dios.


Figura 5.

Artesonado de la Capilla de Nuestra Señora de la Soledad. Maracaibo.

Fuente: Portillo, Julio (2005, p. 40).


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Consideraciones finales


En la historia de nuestro país, el periodo colonial cubre un tiempo considerable, ya que fueron tres centurias de implantación y reinterpretación de modelos europeos, así como el desarrollo de una sociedad que, poco a poco, fue independizándose de la estricta influencia foránea, para proponer expresiones más auténticas de creatividad.

Frente a investigaciones escasas por parte de nuestros historiadores sobre el tema de estudio en esta investigación, y reconociendo la importancia de un momento de nuestra historia, de sus expresiones artísticas y con la idea de fomentar el incremento de estudios que contribuyan con el conocimiento y valoración de nuestro patrimonio, nace la curiosidad y el gusto por nuestro arte colonial, de sus aportes y debilidades.

También es importante resaltar que la ciudad de Maracaibo, en su progreso económico, fue alejándose de su patrimonio colonial. En la actualidad encontramos pocos ejemplos de arquitectura colonial, aproximadamente nueve o diez edificaciones que han sobrevivido a los cambios de la contemporaneidad.

En las artes plásticas se pueden apreciar algunas obras coloniales de carácter religioso, ubicadas en iglesias antiguas, como en la Catedral de Maracaibo, en la Iglesia Cristo de Aranza, en El Convento y, especialmente, en la Iglesia de Santa Ana, así como en colecciones privadas de familias marabinas que cuidan con mucho celo estas imágenes de devoción.

No obstante, el auge de modernidad, producto de la riqueza petrolera, no ha valorado este patrimonio que

se pierde poco a poco. Nuestra rica herencia española está presente en mucho del quehacer cultural del marabino; sin embargo, en la segunda mitad del siglo XX, éste se ha dejado influir por otras culturas, especialmente la estadounidense. Todo esto forma parte de la vida cultural del habitante de estas tierras.


Referencias


Boulton, Alfredo (1964). Historia de la Pintura en Venezuela.

Tomo I. Caracas, Venezuela: Ediciones Armitano.

Cañizalez, Álvaro (1997). Cien Años. Cien Templos. Maracaibo, Venezuela: Ediciones Astro Data S.A.

Gasparini, Graziano (1985). La Arquitectura Colonial en Venezuela. Tercera Edición. Caracas, Venezuela: Ernesto Armitano Editor.

Gasparini, Graziano y Duarte, Carlos (1971). Los Retablos del Período Colonial en Venezuela. Caracas, Venezuela: Ernesto Armitano Editor.

Hernández, Luis G. y Parra, Jesús Ángel (1999). Diccionario General del Zulia. Caracas, Venezuela: Editorial Arte, S.A.

Noriega, Simón (2000). Las Artes Visuales en Venezuela, Desde la Colonia Hasta el siglo XX. Mérida, Venezuela: Editorial Vicerrectorado Académico, U.L.A.

Portillo, Julio (2005). Arte Sacro en Maracaibo. Caracas, Venezuela: Editorial Arte, S.A.


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Revista Arbitrada de la Facultad Experimental de Arte de la Universidad del Zulia

Año. 12. N°22

Esta revista fue editada en formato digital y publicada en junio de 2017, por el Fondo Editorial Serbiluz, Universidad del Zulia. Maracaibo-Venezuela


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