Universidad del Zulia (LUZ)

Revista Venezolana de Gerencia (RVG)

Año 31 No. 114, 2026, e3111424

Abril-Junio

ISSN 1315-9984 / e-ISSN 2477-9423

Como citar: Briones, A. S., Carvajal, D. M., Goya, R. E., y Rodríguez, F. J. (2026). Aportes económicos y sociales de la mujer rural en territorios agrícolas del Ecuador. Revista Venezolana De Gerencia31(114), e3111424. https://doi.org/10.52080/rvgluz.31.114.24

Aportes económicos y sociales de la mujer rural en territorios agrícolas del Ecuador

Briones Morán, Angélica Scarleth*

Carvajal Morales, Daira Marizol**

Goya Contreras, Richard Ernesto***

Rodríguez Pacheco, Fernando José****

Resumen

En el ámbito rural ecuatoriano, solo el 36 % de las jefas de hogar posee títulos de propiedad y apenas el 34 % cuenta con inclusión financiera formal, mientras más del 60 % ha experimentado violencia de género, evidenciando una paradoja entre dependencia económica territorial y desigualdad estructural. En este contexto, el estudio analiza territorios caracterizados por economías agrícolas basadas en banano y cacao. Se adoptó un enfoque cualitativo descriptivo-analítico mediante 19 entrevistas semiestructuradas y grupos focales con integrantes de asociaciones productivas rurales. La información fue procesada a través de análisis temático asistido por NVivo. Los resultados muestran que las mujeres desempeñan un rol central en la producción agrícola y en la provisión económica del hogar; sin embargo, esta centralidad coexiste con sobrecarga doméstica, brechas salariales, limitada inclusión financiera y escasa participación en liderazgo comunitario. Se concluye que el desarrollo territorial depende significativamente del trabajo femenino, aunque este continúa desarrollándose bajo condiciones estructurales que restringen su autonomía económica y social.

Palabras clave: Mujer rural; desarrollo territorial; empoderamiento económico; desigualdad estructural.

Recibido: 31.11.25 Aceptado: 02.02.26

* Magíster en Finanzas y Economía Empresarial; Universidad Agraria del Ecuador – Ecuador; Docente universitaria. Email: abriones@uagraria.edu.ec; abriones@uagraria.edu.ec; ORCID: 0009-0003-0268-0417.

** Magíster en Tributación y Finanzas y Educación; Universidad Agraria del Ecuador – Ecuador; Docente universitaria. Email: dcarvajal@uagraria.edu.ec; ORCID: 0000-0002-4312-9440.

*** Economista; Magíster en Administración de Empresas; Docente de la Universidad Agraria del Ecuador, Guayaquil – Ecuador. Email: rgoya@uagraria.edu.ec; ORCID: 0009-0002-2275-9985.

**** Magíster en Administración Empresarial; Universidad Agraria del Ecuador – Ecuador; Docente universitario. Email: fjrodriguez@uagraria.edu.ec; ORCID: 0000-0002-7175-9693.

Economic and social contributions of rural women in agricultural areas of Ecuador

Abstract

In rural Ecuador, only 36% of female heads of household own property titles and just 34% have formal financial inclusion, while more than 60% have experienced gender-based violence, highlighting a paradox between territorial economic dependence and structural inequality. In this context, the study analyzes territories characterized by agricultural economies based on bananas and cocoa. A qualitative descriptive-analytical approach was adopted through 19 semi-structured interviews and focus groups with members of rural productive associations. The information was processed through thematic analysis assisted by NVivo. The results show that women play a central role in agricultural production and in providing for their households financially; however, this centrality coexists with domestic overload, wage gaps, limited financial inclusion, and scarce participation in community leadership. It is concluded that territorial development depends significantly on women’s work, although this continues to develop under structural conditions that restrict their economic and social autonomy.

Keywords: Rural women; territorial development; economic empowerment; structural inequality; agricultural economy.

1. Introducción

Las mujeres rurales constituyen un pilar fundamental en la sostenibilidad económica y social de los territorios agrícolas. Su participación resulta determinante en la producción de alimentos, la gestión de recursos naturales y la estabilidad económica de los hogares rurales (Fekadu, 2020; Garcês, 2022). No obstante, esta contribución estructural contrasta con la persistencia de desigualdades que limitan su reconocimiento formal, su autonomía económica y su acceso a recursos productivos (Corzo et al., 2025; Knopoff & Biaggi, 2021; Vujko et al., 2024).

En este contexto, comprender los aportes económicos y sociales de la mujer rural implica analizar no solo su participación productiva, sino también las condiciones estructurales que influyen en su inserción dentro de las dinámicas del desarrollo territorial. Particularmente en el contexto rural ecuatoriano, estas brechas estructurales se manifiestan en limitaciones materiales verificables que afectan directamente las oportunidades económicas de las mujeres.

En materia de acceso a activos productivos, apenas el 36 % de las jefas de hogar rurales posee títulos de propiedad sobre la tierra, lo que restringe su capacidad de acceder a crédito formal, invertir en mejoras productivas o participar en programas de financiamiento agrícola (Armijos et al., 2023). Esta desigualdad patrimonial constituye un obstáculo significativo para el fortalecimiento de iniciativas económicas autónomas y consolida relaciones de dependencia dentro de los sistemas productivos rurales (Almache et al., 2025; Alvarado et al., 2025; Lamino et al., 2024).

Asimismo, en cadenas agrícolas estratégicas como el cacao, se evidencian brechas persistentes en ingresos, acceso a insumos y recursos técnicos para las productoras rurales, quienes suelen ubicarse en eslabones de menor valor agregado dentro de la cadena productiva (Kuhn et al., 2023). Estas asimetrías limitan su capacidad de negociación en los mercados agrícolas y reducen su participación en procesos de comercialización más rentables, reproduciendo desigualdades económicas dentro de territorios altamente dependientes de la actividad agrícola.

A estas limitaciones se suma una reducida inclusión financiera. En Ecuador, únicamente el 34 % de las mujeres rurales dispone de una cuenta bancaria formal, lo que restringe su acceso a instrumentos de ahorro, crédito y seguros productivos (Sánchez-Riofrío et al., 2024). La exclusión del sistema financiero formal no solo afecta la capacidad de inversión en actividades productivas, sino que también limita la posibilidad de generar historial crediticio y consolidar emprendimientos sostenibles en el tiempo (Li, 2023).

De manera paralela, el entorno social en el que se insertan estas dinámicas económicas se encuentra atravesado por problemáticas persistentes de violencia de género (Feitosa, 2025; Mou, 2023; Yupanqui, 2025). En zonas rurales, alrededor del 62 % de las mujeres ha experimentado algún tipo de violencia, situación que incide negativamente en su autonomía económica, su participación organizativa y su bienestar integral (Landeta-Bejarano et al., 2025). Esta dimensión social no puede desvincularse del análisis económico, ya que la violencia y la desigualdad estructural actúan como factores interdependientes que condicionan las oportunidades productivas y las dinámicas del desarrollo territorial.

En este contexto, el estudio adquiere relevancia analítica al abordar la siguiente pregunta de investigación: ¿Cómo se articulan los aportes productivos femeninos con las dinámicas de desigualdad estructural en los cantones Milagro y Simón Bolívar? Estas zonas, caracterizadas por economías agrícolas basadas principalmente en cultivos como banano y cacao, constituyen escenarios donde las dinámicas de género, producción y desarrollo territorial se entrelazan de manera significativa. A pesar de la participación activa de las mujeres en la cadena productiva agrícola y en la gestión doméstica, persisten barreras estructurales relacionadas con desigualdad salarial, limitado acceso a crédito y baja representación en espacios de liderazgo comunitario.

En este marco, el presente estudio tiene como objetivo analizar los aportes económicos y sociales de la mujer rural en estos territorios, examinando cómo su participación productiva se articula con dinámicas de desigualdad estructural y con procesos de desarrollo territorial. Desde un enfoque cualitativo, se busca identificar las principales actividades económicas desempeñadas por las mujeres rurales, las barreras estructurales que enfrentan y las implicaciones de su rol en la sostenibilidad económica y social de sus comunidades. De esta manera, se pretende aportar evidencia empírica que permita comprender la contribución de la mujer rural no solo como fuerza laboral dentro de las economías agrícolas, sino también como agente estratégico en la configuración del desarrollo territorial bajo condiciones de inequidad persistente.

2. Economía rural: revisión de la literatura

La economía rural y estudios de género han señalado que las desigualdades productivas en los territorios agrícolas se encuentran estrechamente vinculadas a la división sexual del trabajo. Este enfoque plantea que las mujeres rurales suelen desempeñar simultáneamente actividades productivas dentro de los sistemas agrícolas y responsabilidades reproductivas asociadas al trabajo doméstico y al cuidado familiar. Esta doble carga laboral constituye una característica estructural de los sistemas rurales contemporáneos, donde la contribución femenina al proceso productivo coexiste con una asignación desproporcionada de responsabilidades domésticas (Bin Duwa Bin Khoja, 2021; Kitole & Genda, 2024; Lima et al., 2025; Patel & Dwarka, 2025).

La superposición de funciones productivas y reproductivas genera implicaciones económicas y sociales significativas. Por un lado, invisibiliza una parte sustancial del aporte económico de las mujeres dentro de las unidades productivas rurales; por otro, limita su acceso a oportunidades de capacitación, emprendimiento y liderazgo comunitario. En este sentido, diversas investigaciones coinciden en que estas dinámicas contribuyen a reproducir desigualdades estructurales que afectan la participación femenina en los mercados laborales agrícolas y en los espacios de toma de decisiones (Dangi & Bansal, 2023; Abed & Ahmad, 2025; Tillmar et al., 2022).

En este contexto, el desarrollo rural ha incorporado el enfoque de empoderamiento económico femenino como una dimensión clave para fortalecer la autonomía de las mujeres en los territorios agrícolas. El acceso a recursos productivos, financiamiento, educación técnica y redes de comercialización ha sido identificado como un factor determinante para ampliar las oportunidades económicas y promover iniciativas productivas sostenibles lideradas por mujeres (Malima, 2024; Bazán et al., 2025). No obstante, diversos estudios desarrollados en América Latina señalan que persisten brechas significativas en el acceso a capital productivo, liderazgo organizativo y participación en actividades de mayor valor agregado (Aniebonam et al., 2022; Reyes & Amado, 2025).

En el caso ecuatoriano, estas limitaciones se manifiestan en restricciones de acceso al crédito, educación financiera y servicios productivos, lo que dificulta la consolidación de emprendimientos rurales liderados por mujeres (Sánchez-Riofrío et al., 2024). Estas barreras afectan su capacidad de integración en mercados formales y limitan el desarrollo de iniciativas económicas sostenibles.

Más allá de su contribución productiva individual, la literatura reconoce que la participación de las mujeres rurales desempeña un papel central en los procesos de desarrollo territorial. Su presencia en asociaciones productivas, redes comunitarias y sistemas agroproductivos contribuye a fortalecer la cohesión social, la transmisión de conocimientos locales y la resiliencia económica de los territorios rurales (Leal & Lopes, 2025; Albornoz-Arias et al., 2025). Sin embargo, diversos estudios advierten que esta participación continúa desarrollándose bajo condiciones de limitada representación en espacios de liderazgo y toma de decisiones, lo que restringe la capacidad de las mujeres para influir en la planificación del desarrollo local y en la formulación de políticas públicas rurales (Castillo, 2023; Escobedo et al., 2025).

En conjunto, la literatura coincide en que la participación femenina constituye un factor determinante para la sostenibilidad económica y social de los territorios rurales. No obstante, este aporte continúa desarrollándose dentro de estructuras productivas y sociales que reproducen desigualdades de género, lo que plantea la necesidad de analizar de manera integral la relación entre participación productiva femenina, empoderamiento económico y desarrollo territorial.

3. Consideraciones metodológicas

La investigación se desarrolló bajo un enfoque cualitativo de carácter descriptivo-analítico, orientado a comprender los aportes económicos y sociales de la mujer rural en los cantones Milagro y Simón Bolívar, así como las barreras estructurales que condicionan su participación productiva y comunitaria. Se empleó un diseño observacional de corte transversal, que permitió recoger información en un momento específico para analizar las dinámicas socioeconómicas vigentes en el territorio estudiado.

Este enfoque resultó pertinente debido a que el fenómeno analizado involucra experiencias, percepciones, prácticas y significados construidos en el marco de relaciones productivas, familiares y comunitarias que no pueden ser captados plenamente mediante mediciones cuantitativas, por lo que se privilegió una aproximación interpretativa centrada en la profundidad del relato y la comprensión contextual.

La población de interés estuvo conformada por actores vinculados a asociaciones productivas rurales en los cantones Milagro y Simón Bolívar, territorios caracterizados por actividades agrícolas predominantes como el cultivo de banano y cacao. La selección de participantes se realizó mediante muestreo intencional o por criterio, priorizando a quienes: (i) residieran en zonas rurales de los cantones estudiados, (ii) participaran activamente en actividades productivas agrícolas o comunitarias, (iii) contaran con experiencia directa en dinámicas organizativas o asociativas y (iv) manifestaran disposición voluntaria para participar en entrevistas y grupos focales.

La muestra final estuvo compuesta por 19 participantes, todos vinculados a asociaciones productivas rurales, lo que permitió alcanzar un nivel adecuado de profundidad analítica; en investigaciones cualitativas, el criterio central no es la representatividad estadística, sino la riqueza, diversidad y saturación temática de la información obtenida.

Para la recolección de información se emplearon dos técnicas principales: entrevistas semiestructuradas y grupos focales. Las entrevistas permitieron explorar de manera individual las experiencias, percepciones y trayectorias productivas de los participantes. Para ello se elaboró una guía temática orientada a indagar sobre actividades económicas desempeñadas por mujeres rurales, participación en procesos productivos agrícolas, acceso a recursos financieros y capacitación, condiciones laborales y desigualdad salarial, así como participación en liderazgo y toma de decisiones.

Cada entrevista tuvo una duración aproximada de 45 minutos y se registró mediante grabación de audio y notas de campo, previa autorización de los participantes. Complementariamente, los grupos focales facilitaron la discusión colectiva sobre las dinámicas productivas y sociales del territorio, permitiendo contrastar percepciones individuales y construir categorías emergentes a partir de la interacción grupal.

El procesamiento y análisis de la información se realizó mediante análisis temático. Las entrevistas y discusiones grupales fueron transcritas y sometidas a un proceso sistemático que incluyó lectura exhaustiva del material, identificación de unidades de significado, codificación inicial y agrupación en categorías analíticas. Como herramienta de apoyo se utilizó el software NVivo, con el fin de organizar, codificar y sistematizar la información, garantizando coherencia interna y trazabilidad del proceso analítico.

A partir del análisis, las categorías emergentes se estructuraron en tres dimensiones: rol económico y productivo, rol doméstico y carga reproductiva, y barreras estructurales y propuestas de mejora. Esta organización permitió articular los hallazgos empíricos con los marcos conceptuales utilizados en el estudio, particularmente en torno a división sexual del trabajo, empoderamiento económico y desarrollo territorial.

Finalmente, se consideraron aspectos éticos fundamentales. La participación fue voluntaria y se garantizó la confidencialidad en el manejo de la información. Las personas participantes fueron informadas sobre los objetivos de la investigación y autorizaron el registro de sus intervenciones para fines académicos, resguardándose su identidad durante el procesamiento, análisis y presentación de resultados.

4. Participación productiva, especialización laboral y barreras estructurales en la mujer rural: Resultados

Esta sección presenta los principales hallazgos, los cuales se organizan en cuatro dimensiones analíticas que emergieron del proceso de codificación temática: (i) rol económico-productivo de la mujer rural, (ii) especialización de actividades dentro de la estructura agrícola local, (iii) interrelación entre trabajo productivo, carga doméstica y desigualdades estructurales, y (iv) aportes económicos femeninos bajo condiciones de desigualdad. Esta estructura permite comprender cómo la participación femenina se inserta en las dinámicas productivas del territorio y cómo las barreras estructurales condicionan su proyección económica y social.

4.1. Rol económico-productivo y centralidad femenina en la estructura rural

Los resultados evidencian que las mujeres rurales de los cantones Milagro y Simón Bolívar ocupan una posición estructural dentro de la dinámica productiva del territorio. Como se observa en la Figura 1, el 29,4 % de las menciones corresponde a la participación directa de las mujeres en actividades agrícolas, lo que confirma su inserción activa en la producción primaria local. Este hallazgo coincide con lo señalado por Fekadu (2020) y Garcês (2022), quienes destacan que la participación femenina constituye un soporte fundamental para la sostenibilidad productiva de los territorios rurales.

Asimismo, el 23,5 % de las referencias identifica a las mujeres como principales proveedoras económicas del hogar. Este resultado sugiere una transformación progresiva en los patrones tradicionales de dependencia económica, posicionando a la mujer rural como un actor clave en la estabilidad financiera de las familias agrícolas (Gráfico 1).

Gráfico 1

Distribución normalizada del papel fundamental de las mujeres rurales

No obstante, esta centralidad económica coexiste con una sobrecarga estructural de responsabilidades domésticas. El 20,6 % de las menciones se relaciona con la gestión de tareas del hogar, lo que refleja la persistencia de la división sexual del trabajo. La simultaneidad entre actividades productivas y reproductivas genera una dinámica de doble carga laboral que limita las oportunidades de capacitación, emprendimiento o participación organizativa.

En contraste, las menciones asociadas al emprendimiento (14,7 %) y al liderazgo comunitario (11,8 %) presentan una menor frecuencia. Aunque estos resultados evidencian la existencia de iniciativas impulsadas por mujeres, también sugieren que su participación en espacios de innovación productiva y toma de decisiones continúa desarrollándose bajo condiciones de visibilidad limitada.

En conjunto, los resultados muestran que la mujer rural desempeña un papel central en la economía agrícola local y en la sostenibilidad de los hogares. Sin embargo, esta participación se desarrolla dentro de un contexto de desigualdades estructurales que restringen su autonomía económica y su proyección en espacios de liderazgo territorial.

4.2. Especialización productiva y segmentación de actividades

El gráfico 2 muestra la distribución específica de las actividades productivas realizadas por las mujeres entrevistadas (19 casos). Los resultados indican que el deshoje de banano (6 menciones) y la cosecha de cacao (5 menciones) concentran la mayor frecuencia, lo que evidencia una participación directa de las mujeres en cultivos estratégicos para la economía agrícola local.

Grafico 2

Distribución de Actividades Realizadas por las Mujeres Rurales (19 entrevistas)

Estas actividades corresponden a fases relevantes de la producción primaria, lo que demuestra que la participación femenina no se limita a labores complementarias dentro de las unidades agrícolas. Por el contrario, su trabajo se inserta en eslabones clave de la cadena productiva, contribuyendo directamente al sostenimiento de la actividad agrícola en el territorio.

Sin embargo, la menor presencia en actividades como la fumigación (3 menciones) sugiere la existencia de una segmentación ocupacional dentro del sistema productivo rural. Esta diferenciación puede estar asociada tanto a factores culturales como a limitaciones en el acceso a insumos, capacitación técnica o condiciones laborales específicas.

Por otro lado, las menciones relacionadas con el comercio de productos (4 casos) y el emprendimiento (2 casos) evidencian una diversificación incipiente de las fuentes de ingreso. No obstante, la baja frecuencia del emprendimiento sugiere que las oportunidades para desarrollar iniciativas económicas propias aún enfrentan restricciones vinculadas al acceso a capital inicial, formación financiera y redes de comercialización.

 En conjunto, los resultados muestran que la estructura productiva femenina se concentra principalmente en labores agrícolas intensivas dentro de la producción primaria, mientras que la participación en actividades de mayor autonomía económica o valor agregado continúa siendo limitada.

4.3. Interrelación entre rol productivo, carga doméstica y barreras estructurales

El gráfico 3 presenta la red de interconexiones entre las categorías emergentes identificadas durante el análisis temático. En esta estructura, el nodo central denominado “Rol económico y productivo” aparece directamente vinculado con el “Rol doméstico” y la “Desigualdad salarial”, lo que evidencia que el desempeño económico de las mujeres rurales no puede analizarse de manera aislada del contexto familiar ni de las condiciones laborales en las que se desarrolla.

Grafico 3

Red Interconectada de Respuestas del Focus Group

La relación entre desigualdad salarial y responsabilidades domésticas sugiere que las condiciones laborales precarias influyen directamente en la estabilidad económica del hogar. De este modo, las brechas salariales no solo afectan los ingresos individuales de las mujeres, sino que también inciden en la sostenibilidad económica de las unidades familiares rurales.

Asimismo, la categoría “Falta de liderazgo femenino” se conecta con propuestas de mejora como la “Capacitación técnica” y el “Acceso a créditos”. Esta articulación indica que las propias participantes identifican el fortalecimiento de capacidades y el acceso a financiamiento como factores clave para ampliar sus oportunidades económicas y su participación en espacios de decisión comunitaria.

En conjunto, la red temática muestra que las limitaciones identificadas no operan de manera aislada, sino como un sistema interrelacionado de desigualdades que afecta simultáneamente la autonomía económica, la representación comunitaria y la estabilidad familiar. Este resultado sugiere que el aporte productivo de la mujer rural se desarrolla dentro de un entramado estructural que condiciona su empoderamiento y limita su proyección como actor estratégico del desarrollo territorial.

4.4. Aportes económicos bajo condiciones de desigualdad

En síntesis, los resultados muestran que las mujeres rurales de Milagro y Simón Bolívar desempeñan un papel activo y determinante en la producción agrícola local. Su participación directa en actividades estratégicas vinculadas a cultivos como banano y cacao evidencia que constituyen un componente esencial para el funcionamiento de las economías rurales y la estabilidad productiva del territorio.

Además de su inserción en la producción agrícola, en diversos casos las mujeres asumen el rol de principales proveedoras económicas del hogar. Este hallazgo sugiere una transformación progresiva en los patrones tradicionales de dependencia financiera dentro de las familias rurales, donde la contribución femenina adquiere un peso creciente en la sostenibilidad económica del hogar.

Sin embargo, esta centralidad productiva coexiste con una carga doméstica no remunerada que reproduce la división sexual del trabajo. La simultaneidad entre responsabilidades productivas y tareas de cuidado limita el tiempo disponible para procesos de capacitación, emprendimiento o participación organizativa, restringiendo las posibilidades de expansión económica femenina.

A estas limitaciones se suman brechas salariales, dificultades de acceso al crédito y restricciones en la formación técnica. En conjunto, estos factores configuran un entorno estructural que condiciona la capacidad de las mujeres para consolidar iniciativas productivas propias y fortalecer su autonomía económica dentro de las economías rurales.

Asimismo, la baja participación femenina en espacios de liderazgo comunitario indica que la presencia productiva no necesariamente se traduce en influencia en los procesos de toma de decisiones locales. Aunque las mujeres desempeñan un rol central en la sostenibilidad económica del territorio, su representación en estructuras organizativas continúa siendo limitada.

En conjunto, los resultados evidencian que la participación femenina constituye un componente fundamental del desarrollo territorial en los cantones analizados. No obstante, esta centralidad económica se desarrolla dentro de un entramado persistente de desigualdades estructurales que restringe el reconocimiento pleno de las mujeres como actrices económicas y sociales dentro del espacio rural.

Los resultados obtenidos evidencian que las mujeres rurales de Milagro y Simón Bolívar desempeñan un papel estructural dentro de la economía territorial, particularmente en actividades agrícolas estratégicas como el cultivo de banano y cacao. La distribución de roles productivos presentada en la Figura 1 muestra que una proporción significativa de menciones corresponde a la participación directa en actividades agrícolas, lo que confirma su inserción activa en la producción primaria del territorio. Este resultado coincide con lo señalado por Fekadu (2020) y Garcês (2022), quienes destacan que la participación femenina constituye un soporte fundamental para la sostenibilidad económica de las comunidades rurales. No obstante, los hallazgos también evidencian que esta centralidad productiva no siempre se traduce en reconocimiento económico ni en mayores niveles de autonomía, lo que refleja la persistencia de desigualdades estructurales.

Desde la perspectiva de la división sexual del trabajo, los resultados muestran una coexistencia entre participación productiva y responsabilidades domésticas. El peso significativo de las menciones relacionadas con la gestión del hogar confirma la presencia de una doble carga laboral que reproduce patrones ampliamente documentados en la literatura sobre género y ruralidad. Estudios previos señalan que el trabajo agrícola femenino suele superponerse con tareas de cuidado no remuneradas, lo que limita el acceso de las mujeres a procesos de capacitación, liderazgo o expansión productiva (Cediel et al., 2017; Corzo et al., 2025; García et al., 2020). En los cantones analizados, esta dinámica reduce las oportunidades de consolidación económica y refuerza la desigual distribución del tiempo de trabajo.

En relación con la estructura productiva identificada en la Figura 2, los resultados indican que las mujeres participan principalmente en actividades intensivas de producción primaria, como el deshoje de banano y la cosecha de cacao. Esta concentración en determinadas fases de la cadena agrícola sugiere la existencia de una segmentación ocupacional que limita su acceso a actividades de mayor valor agregado. Este patrón coincide con lo planteado por Kaur y Kaur (2024), quienes señalan que las mujeres rurales suelen enfrentar brechas salariales y condiciones laborales menos favorables incluso cuando desempeñan tareas equivalentes a las de los hombres.

En cuanto al empoderamiento económico, la limitada presencia de emprendimientos consolidados y las dificultades de acceso a crédito observadas en los resultados se alinean con investigaciones que identifican restricciones financieras y educativas como barreras significativas para la autonomía económica femenina en contextos rurales (Malima, 2024). En el caso ecuatoriano, Sánchez-Riofrío et al. (2024) señalan que el acceso limitado a servicios financieros y capacitación técnica restringe la capacidad de las mujeres para consolidar iniciativas productivas propias. Los hallazgos de esta investigación refuerzan esta perspectiva al mostrar que la diversificación hacia actividades comerciales o empresariales continúa siendo incipiente.

La red temática presentada en la Figura 3 permite observar que estas desigualdades no operan de manera aislada, sino como un sistema interrelacionado de restricciones. La relación entre desigualdad salarial, carga doméstica y limitada participación en liderazgo comunitario evidencia que las barreras económicas inciden directamente en la participación social y organizativa de las mujeres rurales. Este resultado sugiere que las limitaciones estructurales deben analizarse de forma integral, considerando la interacción entre dimensiones económicas, sociales e institucionales.

Desde una perspectiva territorial, la baja participación femenina en espacios de liderazgo influye en las barreras culturales e institucionales que restringen su presencia en instancias de toma de decisiones. A pesar de su contribución productiva significativa, la representación femenina en estructuras organizativas locales continúa siendo limitada, lo que evidencia que la participación económica no necesariamente se traduce en influencia política o comunitaria (Lebrusán, 2025).

En conjunto, los resultados sugieren que la sostenibilidad económica de los cantones analizados depende en gran medida del trabajo femenino, aunque este continúe desarrollándose bajo condiciones de subvaloración económica y limitada autonomía productiva. Este hallazgo permite replantear la visión tradicional que sitúa a la mujer rural únicamente como grupo vulnerable, para reconocerla como un actor económico central en el funcionamiento de las economías agrícolas locales. En este sentido, el fortalecimiento de la autonomía económica femenina no solo constituye una cuestión de equidad de género, sino también un componente estratégico para el desarrollo territorial sostenible.

5. Conclusiones

 El estudio evidencia que las mujeres rurales de los cantones Milagro y Simón Bolívar desempeñan un papel estructural en la economía territorial, particularmente en sistemas agrícolas vinculados a cultivos estratégicos como banano y cacao. Su participación se inserta en fases clave de la producción primaria, lo que confirma que la contribución femenina constituye un componente esencial para la sostenibilidad económica de los hogares rurales y para el funcionamiento de las economías agrícolas locales.

No obstante, este aporte productivo se desarrolla dentro de un contexto de desigualdades estructurales que limitan su potencial transformador. La coexistencia de responsabilidades productivas y domésticas, las brechas salariales y las restricciones en el acceso a financiamiento y formación técnica configuran un sistema de barreras que condiciona la autonomía económica femenina y restringe su participación en espacios de liderazgo comunitario.

Desde una perspectiva territorial, los resultados muestran que el fortalecimiento de la mujer rural no solo constituye una cuestión de equidad de género, sino también un factor estratégico para el desarrollo local. La sostenibilidad económica y social de los territorios rurales analizados depende en gran medida del trabajo femenino, lo que plantea la necesidad de políticas públicas orientadas a ampliar el acceso a crédito, capacitación técnica y mecanismos de fortalecimiento organizativo.

En términos académicos, el estudio aporta evidencia empírica que permite comprender cómo las desigualdades económicas, domésticas y organizativas se articulan dentro de las dinámicas productivas rurales. Este enfoque contribuye a la literatura sobre género y desarrollo territorial al mostrar que el análisis del trabajo femenino debe considerar no solo la participación productiva, sino también las estructuras sociales e institucionales que condicionan su reconocimiento y autonomía.

Finalmente, futuras investigaciones podrían profundizar en el análisis comparativo entre territorios rurales con distintos niveles de acceso a financiamiento, asociatividad y políticas de apoyo productivo, con el fin de comprender mejor los factores que favorecen el empoderamiento económico femenino en contextos agrícolas.

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