Revista de Ciencias Sociales (RCS)
Vol. XXXII, Número Especial 13, Enero-Junio 2026. pp.
320-335
FCES - LUZ ● ISSN: 1315-9518 ● ISSN-E: 2477-9431
Como citar: Ortiz, G., Lozano, R.,
y Chávez, Y. A. (2026). Migración desde la perspectiva de género: Una mirada a
México y Colombia. Revista De Ciencias Sociales, XXXII(Número Especial 13),
320-335.
Migración desde la perspectiva
de género: Una mirada a México y Colombia*
Ortiz
Cordero, Gabriela**
Lozano
Rosales, Raymundo***
Chávez
Plazas, Yuri Alicia****
Resumen
El
estudio de las migraciones muestra la participación destacada de las mujeres en
los movimientos migratorios, a pesar de ser una experiencia caracterizada por
dificultades de integración y altos niveles de violencia. El artículo presenta
resultados de una investigación orientada a analizar las condiciones de la
migración femenina en México y Colombia mediante una revisión sistemática de
literatura publicada entre 2019 y 2024. La búsqueda se realizó en Scopus,
SciELO, Redalyc, Google Académico e informes de organismos internacionales
(Organización Internacional para las Migraciones, Agencia de la ONU para los
Refugiados, Comisión Económica para América Latina y el Caribe). Tras aplicar
criterios de inclusión y exclusión de 320 registros iniciales, se seleccionaron
50 estudios (25 por país). Los resultados evidencian que en México predomina la
falta de rutas seguras, la exposición a violencia sexual y de género durante el
tránsito, y la inserción laboral precaria en sectores domésticos y agrícolas.
Por su parte, en Colombia está presente la xenofobia, exclusión en los ámbitos
laboral, educativo y de salud; además, de saturación institucional y lentitud
en trámites de refugio. Se concluye que la migración femenina requiere
políticas integrales e interseccionales sensibles al género.
Palabras clave: Migración; crisis humanitaria;
interseccionalidad; perspectiva de género; violencia de género.
* Investigación conjunta entre la Universidad Colegio Mayor de Cundinamarca
(Colombia) y la Universidad Politécnica de Tulancingo (México).
** Doctora en Ciencias de la Gestión Administrativa. Docente Investigadora en
la Universidad Politécnica de Tulancingo, Tulancingo, Hidalgo, México. E-mail: gabriela.ortiz@upt.edu.mx ORCID: https://orcid.org/0000-0003-2596-2444
*** Doctor en Ciencias Administrativas. Docente Investigador y Director del
Área Económico-Administrativa en la Universidad Politécnica de Tulancingo,
Tulancingo, Hidalgo, México. E-mail: raymundo.lozano@upt.edu.mx ORCID: https://orcid.org/0000-0001-6856-4265
**** Doctora en Derecho y Ciencias Sociales. Docente Investigadora en la
Universidad Colegio Mayor de Cundinamarca, Bogotá, Colombia. E-mail: yachavez@universidadmayor.edu.co ORCID: https://orcid.org/0000-0003-0115-7010
Recibido: 2026-01-18 • Aceptado: 2026-04-07
Migration
from a gender perspective: A look at Mexico and Colombia
Abstract
The
study of migration reveals the prominent participation of women in migratory
movements, despite this experience being characterized by integration
difficulties and high levels of violence. This article presents the results of
research aimed at analyzing the conditions of female migration in Mexico and
Colombia through a systematic review of literature published between 2019 and
2024. The search was conducted in Scopus, SciELO, Redalyc, Google Scholar, and
reports from international organizations (International Organization for
Migration, UN Refugee Agency, Economic Commission for Latin America and the
Caribbean). After applying inclusion and exclusion criteria to an initial 320
records, 50 studies were selected (25 per country). The results show that in
Mexico, the lack of safe routes, exposure to sexual and gender-based violence
during transit, and precarious employment in domestic and agricultural sectors
are prevalent. In Colombia, xenophobia and exclusion in the labor, educational,
and health sectors are prevalent; Furthermore, institutional overload and slow
asylum processing are also contributing factors. It is concluded that female
migration requires comprehensive, intersectional, and gender-sensitive
policies.
Keywords: Migration; humanitarian crisis;
intersectionality; gender perspective; gender-based violence.
Introducción
La
migración puede considerarse como el desplazamiento de personas hacia otra
unidad geográfica, temporal o definitiva (Guillén et al., 2019; Sierra et al.,
2020; Gutiérrez et al., 2020), la cual, en las últimas décadas, ha variado su
intensidad, rutas y condiciones (Godoy, 2007; Martínez y Salazar, 2023). Según
la Organización Internacional para las Migraciones (OIM, 2024), hay 281
millones de migrantes internacionales, donde predominan los hombres, persiste
la brecha de género y se acentúa la migración Sur-Norte en busca de mejores
condiciones. Lo cierto es que, como lo afirma Rodríguez y Rozo (2022), la
migración se complejiza en el contexto de la crisis mundial.
En
2015 la OIM incorporó la perspectiva de género para promover igualdad de
derechos y respuestas sensibles al género; al mostrar que motivaciones, riesgos
y ocupaciones difieren entre hombres y mujeres, reproduciendo estructuras de
subordinación y poder. Cabe anotar que la categoría género tiene un amplio
desarrollo en las ciencias sociales y la antropología, discutida desde dos
posturas, por demás complementarias, naturaleza (sexo) y construcción social
(género). En las ciencias sociales, permite comprender la asignación social a
hombres y mujeres y las desigualdades en la organización social, los roles y
las identidades; y en la antropología, mediante el estudio de las diferentes
culturas, el género representa las diferencias socioculturales de la feminidad
y masculinidad (Lamas, 1986; Romero, 2021).
Como
categoría analítica, el género expresa construcciones políticas, sociales y
culturales que definen identidades y relaciones entre sexos; feminidad y
masculinidad se configuran por normas, jerarquías y sistemas de control. La
identidad de género, incluidas las no normativas, surge de la autopercepción y
se representa en prácticas y discursos. Al respecto, la teoría performativa de
Gil (2002), muestra cómo género y cuerpo se materializan en actos corporales.
Así, el género muestra las estructuras ideológicas de cada sociedad. Desde los
años setenta, impulsado por los movimientos feministas, los estudios de género
buscan evidenciar desigualdades históricas y culturales, que de acuerdo con
Oakley (2016), no son naturales, sino producto de prácticas sociales y
políticas, que se agudizan en la experiencia migratoria.
El
enfoque de género visibiliza impactos diferenciales en mujeres, adolescentes y
niñas, antes ignorados y que hoy cobran relevancia por el aumento de la
movilidad y la vulneración de derechos humanos. Las migrantes enfrentan
barreras de integración ligadas a género, etnia, clase, estatus y falta de
redes, lo que afecta su calidad de vida y las expone a violencia, estereotipos,
prostitución y trabajo informal (Rebolledo y Rodríguez, 2019).
En
América Latina y el Caribe, las migraciones se han intensificado, hoy visibles
en caravanas centroamericanas y la diáspora venezolana, aunque persiste el
éxodo individual y familiar, regular o irregular, con altos riesgos. Guizardi
et al. (2017); y, Guizardi et al. (2018), documentaron la violencia contra
mujeres migrantes transnacionales que buscaban refugio o asilo, expresada en
secuestros, desapariciones, violaciones y mutilaciones, lo que exige una
atención integral de los Estados; tal y como lo mencionan Gutiérrez et al.
(2023), prevalece la necesidad de “políticas de cooperación regional, que
sugiere a los gobiernos delinear estrategias integrales como hilos conductores
que atiendan y comprendan los vacíos y retos derivados del fenómeno, con consecuencias
en los países de origen y de destino” (p. 278).
En
general, las teorías que explican la migración abarcan enfoques clásicos,
estructurales y críticos. Las neoclásicas la entienden a partir de la decisión
individual y económica (Harris y Todaro, 1970); los enfoques estructurales, la
explican por la expansión del capitalismo (Wallerstein, 2021); y, el mercado
dual, por la necesidad de mano de obra en empleos poco valorados (Piore, 2009);
el modelo de capital humano la vincula a oportunidades laborales; el enfoque
transnacional destaca redes y vínculos con el país de origen, base del
“transnacionalismo desde abajo” (Portes et al., 1999; León, 2018) y el crítico
incorpora género, raza, clase y colonialismo, en las motivaciones, integración
y clasificación de migrantes como “deseables” o “no deseables” (Mezzadra y
Neilson, 2013).
La
mayor parte de estas teorías han centrado su análisis en los hombres como
“tipo” de migrante, por lo que Gregorio (1997) anota que se desconoce el papel
y el impacto en las mujeres, quienes solo aparecen para el conteo. La
feminización de las migraciones transnacionales implica que, por la división
sexual del trabajo, la mayoría de ellas en condiciones de pobreza están
destinadas a actividades de cuidado, limpieza y sexual. Al respecto Guizardi et
al. (2017) señalan, que generalmente en los sitios de llegada, las mujeres
suelen reproducir las estructuras de poder y subordinación que les impone los
roles tradicionales y de cuidado de los diferentes miembros de la familia.
De
acuerdo con Albornoz-Arias et al. (2022); y, Quintero et al. (2025), pese a que
la mayor parte de las mujeres migran con la esperanza de encontrar mejores
condiciones de vida para ellas y sus familias en los lugares de llegada y con
la posibilidad de ayudar en la distancia con remesas a los que se quedaron; la
realidad es que las migraciones presentan condiciones de desigualdad social
desde el país de origen, tránsito y destino, y contribuyen a ahondar la
discriminación, explotación y violencia en los contextos de asentamiento.
No
obstante, Woldemikael et al. (2022) señalan que la migración, también, puede
ser una experiencia positiva, cuando logra modificar significativamente las
relaciones con la comunidad, las estructuras familiares, los roles de género,
las dinámicas de poder y se generan posibilidades para la inclusión
socioeconómica de las mujeres. Al respecto, Pineda y Ávila (2019) mencionan que
las mujeres en la actualidad tienden a migrar en mayor número de forma
independiente, suelen ingresar al mercado laboral (en actividades domésticas y
de cuidado) y muchas son responsables de la manutención de su familia y del
envío de ayudas o remesas a sus países de origen; con lo cual se genera un
impacto positivo, en algunas de ellas, de independencia económica y social,
autonomía personal, además de gestionar y participar en procesos de resistencia
colectivas.
Por
otra parte, Bonilla (2024) identifica diversas líneas de investigación en los
estudios sobre género y migración en los procesos migratorios Sur-Norte, entre
ellas la inserción de las mujeres en el mercado laboral, particularmente en
actividades de cuidado; la maternidad transnacional y las cadenas globales de
cuidado; la violencia de género en las trayectorias migratorias; la
sexualización de las mujeres, la prostitución y la trata de personas; las redes
de apoyo y parentesco; así como las dinámicas de integración social.
Estas
dimensiones permiten comprender que la migración femenina no se reduce al
desplazamiento territorial, sino que involucra relaciones de poder,
desigualdades estructurales y procesos de exclusión que afectan de manera
diferenciada a mujeres, adolescentes y niñas migrantes. En este sentido, los
aportes de Herrera (2012); Gregorio y Gonzálvez (2012); Bruquetas y Moreno
(2015); Moriana (2018); Hurtado (2018); y, Ruiz-Santacruz (2020), resultan
centrales para orientar el análisis documental de las experiencias migratorias
en México y Colombia.
El
objetivo de este estudio es analizar las condiciones que definen la experiencia
migratoria de las mujeres a través de una revisión de la literatura académica,
priorizando la identificación de factores de vulnerabilidad, exclusión e
integración, tales como la inserción laboral, las cadenas de cuidado y la
violencia de género. El valor del estudio reside en su análisis comparativo e
interseccional de dos contextos latinoamericanos con respuestas institucionales
divergentes ante la crisis migratoria. El fin último es aportar insumos
teóricos y herramientas para el diseño de políticas públicas que aseguren la
protección integral y los derechos humanos de esta población.
1.
Metodología
Se
realizó una revisión sistemática de literatura con enfoque cualitativo
comparativo, siguiendo lineamientos adaptados de la declaración PRISMA (Preferred Reporting Items for Systematic Reviews and
Meta-Analyses) garantizando exhaustividad, transparencia y
replicabilidad. La búsqueda bibliográfica se llevó a cabo entre enero y junio
de 2024, con última actualización el 30 de junio de ese mismo año, en bases de
datos y repositorios de reconocimiento internacional como Scopus, SciELO,
Redalyc y Google
Académico, complementadas con informes de organismos internacionales
como la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), Agencia de la
ONU para los Refugiados (ACNUR), y la Comisión Económica para América Latina y
el Caribe (CEPAL).
Para
la localización de los documentos se emplearon combinaciones de palabras clave
en español e inglés con operadores booleanos, tales como (“migración femenina” OR “feminización de la migración”) AND (México OR
Colombia) AND (2019–2024). Se consideraron
publicaciones en español preferiblemente.
Como
criterios de selección se incluyeron artículos científicos arbitrados, informes
técnicos de organismos internacionales y estudios centrados en mujeres,
adolescentes o niñas migrantes en México o Colombia con enfoque de género; se
excluyeron documentos fuera del periodo de análisis, literatura gris sin
respaldo académico y publicaciones que no incorporan una perspectiva de género.
La búsqueda inicial arrojó un total de 320 registros (ver Figura I). En una
primera fase, se eliminaron los duplicados mediante el gestor bibliográfico Zotero; posteriormente, se revisaron los títulos y
resúmenes para descartar documentos no pertinentes y, finalmente, se evaluaron
a texto completo los artículos preseleccionados.

Fuente: Elaboración propia, 2026.
Figura I: Diagrama PRISMA del proceso de selección de
estudios
El
proceso de selección fue realizado por dos revisores independientes y, en caso
de discrepancia, se resolvió por consenso o con la intervención de un tercer
revisor. De este modo, el corpus de análisis quedó conformado por 50 artículos,
México (25) y Colombia (25). El procedimiento completo se documentó en un
diagrama PRISMA adaptado, que muestra las fases de identificación, cribado,
elegibilidad e inclusión. La información de cada artículo se sistematizó en una
matriz de análisis que consideró las variables autor y año, país de estudio,
tema principal, categoría teórica, subcategorías emergentes y hallazgos
principales.
Posteriormente,
el análisis se desarrolló en dos fases: Una deductiva, con categorías iniciales
derivadas de la literatura de feminización de la migración, violencia de
género, cadenas de cuidado y jefaturas femeninas; y otra inductiva, en la que
surgieron subcategorías como salud, educación, precariedad laboral, resiliencia
comunitaria y redes de apoyo. Este procedimiento permitió identificar
semejanzas y diferencias entre México y Colombia, así como tendencias comunes
en torno a la feminización de la migración.
Para
asegurar la calidad de la investigación se aplicaron los criterios de rigor
propios de los estudios cualitativos: credibilidad, a través de la doble
revisión de los artículos seleccionados; transferibilidad, mediante la
inclusión de dos contextos nacionales comparables; dependencia, garantizada por
el uso de un sistema de matrices y categorización reproducible; y,
confirmabilidad, a través de la citación transparente en formato APA 7 y la
claridad del proceso de selección.
2.
Resultados y discusión
La
migración no es neutra y por su interseccionalidad marca trayectorias
diferenciadas. Surge de desigualdades, informalidad y sistemas de protección
fragmentados; por ejemplo, la pobreza y jefatura femenina muestran cómo género
y economía condicionan trayectorias (Sierra et al., 2020; Romero, 2021; Ariza y
Jiménez, 2022; Castro et al., 2023; Quintero et al., 2025). La experiencia
migratoria se fundamenta en el género y el sexo; esto al tener en cuenta que
los mismos inciden en la red de causas y efectos propios del proceso
migratorio.
2.1. La
inserción laboral femenina
En
México, Pineda (2024) señaló que, desde la perspectiva de la reproducción
social, se evidencia cómo los factores estructurales empujan a las mujeres del
Triángulo Norte a migrar hacia Estados Unidos. Este desplazamiento, lejos de
representar una mejora sustancial, reproduce condiciones de precariedad en los
países de destino. Tereso y Ortiz (2023), encontraron que las mujeres
inmigrantes experimentan procesos de inserción en mercados laborales
desprotegidos; enfrentándose a barreras institucionales para el acceso. Suelen
establecerse en zonas urbanas con alta demanda de servicios domésticos o en
regiones agrícolas, como es el caso de las trabajadoras migrantes en Navolato,
Sinaloa, quienes experimentan condiciones laborales y de vida precarias.
Para
Torres et al. (2022), la participación económica de la mujer se ve limitada por
barreras estructurales y baja calificación laboral. Giustiniani (2024),
encontró que los hogares con jefatura femenina presentan niveles de pobreza
laboral más altos. En la migración, las mujeres jefas de hogar enfrentan
sobrecargas económicas y afectivas, desempeñando funciones centrales en la
gestión de remesas y el cuidado de los hogares (Cruz-Salas et al., 2023). La
microestructura migratoria, también, refleja la relación entre jefatura
femenina y pobreza, como lo muestran estudios sobre hogares liderados por
mujeres en América Latina (Arias y García, 2024) y en México (Sosa y Castro,
2022).
De
acuerdo con Mendoza et al. (2020), las mujeres migrantes urbanas en zonas
populares (como Iztapalapa) viven discriminación espacial, marginalidad
económica y se convierten en cuidadoras comunitarias no reconocidas. Por su
parte, Nicolás (2024) encontró que el retorno migratorio internacional conlleva
reconfiguraciones familiares donde las mujeres asumen carga emocional, laboral
y cuidado, sin reconocimiento. Para Vinasco-Molina y Giraldo-Barrera (2024),
las mujeres en procesos de retorno asistido enfrentan precariedad laboral,
falta de oportunidades y carencia de redes de apoyo psicosocial. Las niñas y
adolescentes migrantes en situación de trabajo informal en la calle asumen
responsabilidades de cuidado o acompañamiento y se exponen a explotación,
violencia sexual, abusos y estigma.
A
México también llegan migrantes calificados como estudiantes internacionales
(Bedoya, 2022), donde la exclusión impacta a mujeres con alta escolaridad. Al
respecto, Ciurlo y Salvatori (2021) identificaron desigualdades de género en
los espacios laborales y académicos, incluso para aquellas con trayectoria
profesional sólida. Estos hallazgos se articulan con lo planteado por
Fernández-Topete (2021), quien concluyó que, en contextos de clase media y
alta, las mujeres migrantes sufren subordinación familiar, pérdida de identidad
profesional, exclusión simbólica, y subordinación en el entorno familiar y
demás espacios sociales.
Por su
parte, en Colombia se percibe una crisis laboral resultante de distintos
factores, por un lado, la creciente informalidad y, por el otro, las precarias
condiciones laborales, generadas por los bajos niveles de escolaridad e incluso
por los obstáculos para validar títulos profesionales. Al respecto, Terán et
al. (2025) observaron que “la predominancia de mujeres migrantes (venezolanas)
sugiere dinámicas de género específicas que requieren atención en las políticas
públicas” (p. 355). En ese mismo contexto, frente a la inserción laboral
femenina en esta población inmigrante, Sánchez (2023) encontró empleos
informales, mal pagados y poco valorados; Bonilla (2024), informalidad y
precariedad en los emprendimientos; y, Woldemikael et al. (2022), obstáculos
para acceder a trabajos formales por falta de documentos, escasos
conocimientos, roles de género, división sexual del trabajo y xenofobia.
De
igual manera, Álvarez (2021) estableció la ausencia de empleos y salarios
dignos; Pineda y Ávila (2019), dobles y triples jornadas y la necesidad de
recurrir a reventa, micro contrabando o hurtos; Archila y Vázquez (2024),
barreras por género y nacionalidad. Por su parte, Moyano-Buitrago (2021) señala
salarios informales y de baja cualificación; y, Restrepo et al. (2024),
enfatizaron el impacto del estatus migratorio irregular, por lo que
Fernández-Topete (2021) anota que en la migración transnacional se reproducen
desigualdades de género al debilitar la autonomía y la visibilidad social de
las mujeres.
Al
respecto, Ariza y Jiménez (2022) señalan la necesidad de acciones
interseccionales que brinden alternativas integrales, reconociendo la
complejidad y particularidad de los migrantes en los dos países. En general
todos concluyen que las migrantes presentan más dificultades para integrarse
económicamente, aunque no se puede desconocer que podrían afectar positivamente
la economía con el desarrollo de políticas públicas que fomenten la
regularización y la formalización del empleo.
2.2. La
maternidad transnacional y cadenas de cuidado
Las
familias migrantes, en general, enfrentan tensiones que transforman sus
dinámicas internas y sus formas de organización, lo que según Zavala (2021)
requiere una revisión de los vínculos entre migración, familias y género en
perspectiva de derechos. Al respecto, en México, López (2019) encontraron que
la ausencia prolongada de los esposos migrantes obliga a las mujeres a asumir
funciones masculinizadas sin reconocimiento social o institucional. Esta carga
incluye el trabajo agrícola, el cuidado familiar y el sostenimiento emocional
del hogar.
Para
Aguilar (2021), el retorno migratorio de mujeres genera impactos dispares en
los roles de género dentro del hogar. En algunos casos, se observa una mayor
autonomía femenina y redistribución de tareas domésticas; en otros, persisten
los patrones patriarcales previos a la migración. En comunidades michoacanas,
Leco y Rios (2024) identificaron un aumento de la violencia doméstica y
desequilibrio familiar debido a la migración, afectando de forma
desproporcionada a las mujeres.
En el
caso de Colombia, en cuanto a la maternidad transnacional y las cadenas de
cuidado, se ha observado que en términos de convivencia y cuidado las migrantes
venezolanas suelen establecer acuerdos de convivencia compartida entre miembros
de una misma familia o connacionales, en donde, el cuidado de menores y adultos
mayores es responsabilidad de todos. Esto además de disminuir los gastos de
arriendos constituye una estrategia de supervivencia en los sitios de llegada,
tal y como lo señaló Flores (2020), al encontrar que las mujeres al emigrar
redistribuyen sus tareas en figuras sustitutas.
Por
otra parte, Gonzálvez-Torralbo y Da Silva (2024) destacan que las personas
mayores viven un envejecimiento marcado por género y precariedad
socioeconómica, agravado por la falta de servicios formales de cuidado.
Guerrero et al. (2024), identifican como principales retos la presión sobre
servicios públicos, competencia laboral, xenofobia y aporofobia.
Finalmente,
un aspecto a destacar es el envío de remesas, puesto que no solo expresan el
lazo de solidaridad con sus familiares lejanos, pues, aunque para muchas es una
obligación moral, para otras, representa la posibilidad de desarrollar
proyectos en el país de origen, que a futuro les garantice un retorno digno y
productivo.
2.3. La
violencia de género en las trayectorias migratorias
Rebolledo
y Rodríguez (2019); y, Restrepo-Pineda et al. (2024), mencionan que la
migración femenina se encuentra marcada por múltiples formas de vulnerabilidad
asociadas al género. La violencia en el tránsito y en el país receptor es una
constante. Willers (2019); Torre (2021); y, Ortega y Terrón-Caro (2023),
señalaron que las mujeres centroamericanas en tránsito por México enfrentan una
doble vulnerabilidad por su género y estatus migratorio. A pesar de organizarse
para reducir peligros (uso de coyotes, selección de rutas y transporte seguro,
menor dependencia de albergues), siguen siendo objeto de agresiones sexuales y
riesgo de trata de personas.
Estas
violencias se presentan de forma estructural, simbólica y directa, exacerbando
la vulnerabilidad de mujeres que ya migran desde contextos de exclusión, de
ellas, muchas del Triángulo Norte migran por violencia e inseguridad.
Cueva-Luna y Vázquez-Delgado (2024), a través del análisis de testimonios de
mujeres solicitantes de asilo en México, identificaron la ausencia de
condiciones mínimas de protección. El país receptor no ofrece garantías
efectivas para las mujeres que migran huyendo de la violencia, lo cual
incrementa su exposición al abuso y la revictimización; por ejemplo, Hernández
(2024) señaló que las mujeres musulmanas migrantes en México enfrentan
narrativas mediáticas islamófobas que profundizan la discriminación de género.
Esta islamofobia afecta su movilidad, acceso a servicios y seguridad, generando
una doble marginación basada en género y religión que limita su inclusión
social.
En
Colombia, la violencia hacia las mujeres representa un desafío para la
sociedad, es un flagelo que está presente en todos los estratos sociales, con
cifras que crecen a diario; no obstante, esta violencia es mayor cuando se
refiere a población migrante y vulnerable de Venezuela, debido a su complicada
situación social, económica y familiar; circunstancias que aumentan las
posibilidades de ser violentadas, muchas de ellas sin un registro legal en el
país, son víctimas de feminicidio sin la posibilidad de judicializar a sus
agresores.
Al
respecto, Díaz-Rincón et al. (2021); y, Ruiz-Santacruz et al. (2023),
encontraron que la mujer inmigrante venezolana ha sido victimizada y
menoscabada en su dignidad por familiares o desconocidos. Su rol y estereotipo,
reforzados por la cultura patriarcal, se expresan en prostitución callejera y
venta informal realizada por niñas, adolescentes y mujeres adultas, esta
situación, con graves afectaciones en la salud (Mondragón et al., 2024). En
general, estas migrantes y refugiadas enfrentan violencia de género,
reclutamiento forzado, tráfico y actividades ilegales. También son objeto de
burlas, maltrato y acoso (Mejía-Trujillo et al., 2023).
Además,
atraviesan vulneraciones por xenofobia y distintas violencias; verbigracia,
González-Mora y Gómez-Vargas (2023); y, Aliaga-Sáez et al. (2024),
identificaron discriminación cuando son estudiantes. Para Rodríguez-Lizarralde
et al. (2022), esta migración está marcada por estereotipos y se evidencia
hipersexualización y prejuicios como «las mamás roban maridos» o «los padres
son vividores». La pobreza lleva a adolescentes a abandonar estudios y recurrir
al sexo por sobrevivencia, con embarazos y explotación, agravados por la falta
de planificación familiar.
A ello
se suma el feminicidio (Pineda y Ávila, 2019), violencia de género generalizada
(Sánchez, 2023) y mayor riesgo en menores LGBTI. Todo lo anterior exige el
desarrollo de estrategias y rutas de atención que permitan disminuir las
violencias, incentivando la denuncia y los procesos judiciales al respecto.
2.4.
Las redes de apoyo
La
elección del lugar de llegada está influenciada por las posibilidades de acceso
a redes de apoyo, empleo y servicios básicos, lo que genera una heterogeneidad
de experiencias entre las personas migrantes (Cuder-Domínguez et al., 2024). En
México, el acceso a salud es limitado, especialmente para centroamericanas
(Graíño, 2022), con marcos institucionales insuficientes (Ribeiro y González,
2022). Asimismo, Vinasco-Molina y Giraldo-Barrera (2024) observaron que mujeres
en procesos de retorno asistido enfrentan precariedad laboral, falta de
oportunidades y carencia de redes de apoyo psicosocial.
En
Colombia, Albornoz-Arias et al. (2022) hallaron que las relaciones familiares,
con escasos apoyos institucionales vivencian incertidumbre, ansiedad y
depresión; de acuerdo con Restrepo et al. (2024), la falta de redes de apoyo
aumenta el estrés y vulnerabilidad; Martínez-Londoño et al. (2023) resaltan
que, pese a los mecanismos implementados por el gobierno, los padres
venezolanos, en la mayoría de los casos, no cumplen con los requisitos para que
sus hijos adquieran la nacionalidad colombiana.
Al
respecto de los procesos de regularización, Durán et al. (2024) hallaron que
“un gran número de migrantes, no tenían acceso a la información … su residencia
está en barrios muy alejados que le dificulta la movilidad, son familias muy
grandes y los costos de movilidad son altos” (p. 203). Se evidencia que existe
falta de continuidad en los procesos institucionales, lo que genera que los
esfuerzos del Estado colombiano se pierdan.
2.5. Las
dinámicas de integración social
A
nivel microestructural, los lugares de asentamiento elegidos por las personas
migrantes están condicionados por redes sociales, oportunidades laborales y
expectativas de inserción. En México, González-García y Penchaszadeh (2024)
mencionan que si bien la migración abre oportunidades para la reorganización de
las relaciones de género se observa un continuum glolocal de dinámicas de
inclusión/exclusión.
En
Colombia, Álvarez (2021) señala la importancia de las políticas públicas y de
protección de los derechos humanos implementadas en los últimos años en el
país; Mejía-Trujillo et al. (2023), anotan que la migración venezolana es un
reto desde el punto de vista de la salud pública. Sánchez (2023); y, Cuberos et
al. (2024), mencionan la importancia de medidas de integración dados los bajos
niveles de formación puesto que se constituyen en barreras de acceso a otros
derechos, particularmente salud; por su parte, Bonilla y Hernández (2022)
mencionan que las mujeres inmigrantes venezolanas enfrentan mayores obstáculos
para integrarse socioeconómicamente por motivos de género, étnico-raciales,
clase social, estatus migratorio y/o falta de redes de apoyo.
Rodríguez-Lizarralde
et al. (2022), hallaron barreras para la inclusión educativa, sea por edad u
orientación sexual; además, en los distintos sitios de llegada al país,
Díaz-Rincón et al. (2021) encontraron que las migrantes venezolanas
experimentan problemas de salud y dificultad para adaptarse a los nuevos
contextos; y, Ortiz-Ruiz et al. (2023), señalan la escasez de recursos
económicos y la falta de oportunidades de trabajo asociados al estatus
migratorio irregular.
Todo
lo anterior, como lo plantea Terán et al. (2025), demuestra que “el impacto
socioeconómico de la migración venezolana es multifacético. Por un lado, los
migrantes contribuyen al desarrollo económico local a través de su
participación en la economía informal, pero, por otro, enfrentan discriminación
laboral, bajos salarios y exclusión social” (p. 350). Esta crisis humanitaria,
reflejada en las estrategias de supervivencia de las migrantes venezolanas en
el país, demanda procesos de adaptación e inclusión social entre comunidades
receptoras, migrantes y las políticas del Estado, para que ellas puedan
participar en todos los aspectos de la vida social de manera justa.
Conclusiones
El
total de autores coincide en la precaria situación social que viven las
migrantes en México y Colombia. Sus investigaciones comprobaron que la
migración femenina no puede comprenderse únicamente como fenómeno de movilidad,
sino como un proceso estructurado por factores de género, clase, etnicidad y
estatus migratorio que reproducen desigualdades históricas. La evidencia
revisada muestra que la respuesta institucional fragmentada no sólo incrementa
la vulnerabilidad de las mujeres migrantes, sino que limita su capacidad de
agencia y organización comunitaria y excluye la agencia de las mujeres.
Del
análisis comparativo se desprenden tres urgencias compartidas: En primer lugar,
de políticas migratorias con perspectiva de género y enfoque de cuidado, México
requiere rutas seguras, refugios diferenciados, protocolos sensibles al género
y atención integral en salud sexual, psicosocial y laboral; en Colombia se
necesita agilizar los trámites de refugio, expandir oportunidades laborales
formales y fortalecer redes de integración en contextos saturados
institucionalmente. En segundo lugar, la atención interseccional y
reconocimiento de la agencia femenina, entendiendo que las mujeres migrantes
actúan, no solo sobreviven. Se necesita visibilizar su rol económico, emocional
y comunitario, ofreciéndoles territorio seguro para su organización y liderazgo
y finalmente fortalecer la cooperación regional e institucional.
La
tercera urgencia, consiste en fortalecer la cooperación regional e
institucional entre países de origen, tránsito y destino, debido a que la
migración femenina es un fenómeno transnacional que no puede ser atendido
únicamente desde respuestas nacionales aisladas. Esto requiere mecanismos
coordinados de protección, intercambio de información, regularización
migratoria, atención humanitaria y garantía de derechos humanos. También urge
que las leyes, protocolos e instituciones dejen de percibir a estas mujeres
como problemas o víctimas, y comiencen a reconocerlas como sujetas de derecho,
portadoras de experiencia y motor de cambio social. Solo así se podrá
garantizar que sus trayectorias de migración se realicen en condiciones de
dignidad, justicia y protección real.
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