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Construir escuelas seguras a partir del programa de Donald Olweus y el Anteproyecto
de Ley de Convivencia Escolar Pacífica 1033
Vol. 16(3) septiembre - diciembre 2026/ 1026 - 1042
En palabras de Olweus (2025), el uso de diálogos regulares se estima como una prácti-
ca al servicio de la convivencia y el entendimiento humano en el contexto escolar, en tanto
aporta la manifestación de posiciones particulares, de intereses, requerimientos y necesida-
des, en función de las cuales trabajar para definir horizontes de coexistencia que integren
visiones compartidas o contrapuestas. Este diálogo implica aprender a lidiar con el disenso,
con las diferencias y cosmovisiones, con las actitudes que ameritan valoración crítica para
dilucidar su carácter nocivo, sus implicaciones negativas y sus consecuencias. Dialogar, desde
la perspectiva de Olweus (2025), se precisa como parte de los instrumentos preventivos, de
los que depende no solo la creación de nuevos esquemas de comprensión profunda, sino la
identificación de insumos para el mantenimiento de círculos de convivencia funcional, en
los que sujetos unidos por el desencuentro alcancen a acordar, negociar y establecer alianzas
que sumen al fin común de crear ambientes no solo saludables, sino seguros, cálidos y más
humanos. Entonces, el diálogo en este autor se asume como una oportunidad para motivar
que los miembros de la escuela se perciban corresponsables de la tarea de adoptar el rol activo
de practicar la discusión sobre asuntos relacionados con el cultivo del sentido de comunidad,
de actitudes pacificadoras, con el tratamiento crítico de los problemas comunes, de las diver-
gencias, así como de los asuntos que determinan el compartir la vida escolar sin vejaciones, ni
discriminaciones e intolerancias.
Lo planteado alcanza su consolidación a través de procesos de acompañamiento y su-
pervisión, como procesos que la institución educativa deberá asumir como tarea estratégica
que junto a la constitución de brigadas de seguimiento logren fortalecer y atender los reque-
rimientos de vigilancia sistemática e intencional sobre lugares y espacios escolares, en los que
usual o potencialmente se pudieran perpetrar actos hostiles, persecutorios o de asedio. Esta
vigilancia a la refiere Olweus propone atender los denominados focos rojos, connotación que
se le da a los lugares que ameritan mayor presencia debido a que comporta las condiciones
para materializar atrocidades de diversa índole. De allí, que crear brigadas de vigilancia y su-
pervisión que involucren actores escolares (docentes, administrativos, supervisores y personal
técnico), se asume como la salida para intervenir de manera no solo más efectiva, sino más
adecuada y consistente los focos de violencia presentes y los que pudieran emerger como re-
sultado de la actuación tardía.
En Olweus (2025), un aspecto coyuntural en los procesos de transformación pacífica de la
escuela, refiere a la participación de la familia como factor no solo de socialización, sino como
contexto aliado en la tarea de reforzar ideales definitorios de la convivencia real, en cuyo sentido
operativo se precisa la articulación de voluntades y la recuperación de conexiones que configuren
relaciones de apoyo significativo, que llevados al abordaje de realidades conflictivas permitan el
vivir en condiciones dignas. En la misma dirección, el autor propone que la búsqueda del equili-
brio escolar, solo alcanza su materialización a través de la participación de actores comunitarios,
a quienes integrar no solo en el diseño y creación de acciones, sino en la ejecución de iniciativas
cuyo impacto positivo se haga extensible a otros espacios de la sociedad.
Entonces, involucrar a la comunidad en la construcción de la escuela segura e inclusiva
supone la búsqueda de nuevos nexos, de vínculos de apoyo e interacción que abonen el camino
hacia abordajes reales, contextualizados y focalizados que no solo hagan factible el cumplimiento