Hernández, O. Revista de Filosofía, Vol. 42, Nº114, 2025-4, (Oct-Dic) pp. 65-85 69
Universidad del Zulia. Maracaibo-Venezuela. ISSN: 0798-1171 / e-ISSN: 2477-9598
capitalismo democrático. Por el contrario, la política partidista, por lo menos la democracia
representativa, demuestra múltiples insuficiencias operativas que le impiden resolver los
problemas humanos; más allá, siendo la causa de la profundización de ellos.
Entonces, sucede la pauperización de todas las formas de vida junto a la transferencia
de valor a los centros de poder hegemónico. A su vez, la ineficiencia de los servicios públicos
ahonda la pobreza; se adiciona, el quiebre de las industrias nacionales debido a la
importación de bienes y servicios subsidiados. Seguidamente, el incremento de la migración
vulnera los límites fronterizos, develando el carácter autoritario del Estado moderno. Se
escenifica la violencia de Estado al aumentar la represión, la desaparición forzada, las
agresiones contra los manifestantes; situación que implica el quiebre de la civilidad
prometida por las formas capitalistas democráticas.
Igual, la modernidad se manifiesta con los dogmatismos propios del
tecnocientificismo; las tecnologías de trasporte permiten la inmediatez de movilidad de las
mercancías, siendo consustancial al cierre de las fronteras al tránsito humano. También, la
digitalización de las relaciones humanas otorga un marcado protagonismo de las técnicas de
la comunicación en todas las actividades sociales.
En estos escenarios, la rápida sucesión de modos virtuales de interacción suscita la
fascinación ante la novedad; pareciendo la comunicación digital, la manifestación máxima
de la racionalidad humana. De esto, debe considerarse la preeminencia del impacto social
de las tecnologías digitales y de la Inteligencia Artificial en la configuración del autoritarismo
de Estado.
El actual quiebre democrático se evidencia en la incapacidad del Estado de resolver los
problemas humanos. A la vez, la mundialización de las formas representativas implica el
secuestro de las capacidades políticas y económicas al restringirlas como potestad de las
cofradías partidistas. Siendo las mafias de partido quienes, al emplear las instituciones
estatales, deciden a favor de su permanencia en el poder, junto al incremento de riquezas
para ellos y sus financistas.
Las leyes se convierten en corsé que cercena los derechos civiles, al impedir las
confluencias humanas capaces de organizar la participación como sustento de las formas
democráticas de gobierno; así, se manifiesta violencia jurídica y física ante los descontentos
ciudadanos. Particular forma de represión, cuando junto a la violencia, el aparato ideológico
del Estado promueve las virtudes de la democracia capitalista, propagando el clientelismo
como quiebre de la política participativa. Entonces, al desarticular e impedir los derechos
humanos se coarta cualquier forma de democracia.
Siendo el secuestro de las capacidades comunales políticas y económicas el causante
del quiebre de los modos democráticos participativos, se provocan y agravan las crisis
sociales. Sin embargo, esta certeza es coartada, nublada, tapada, al propagar las muchas
falacias que legitiman al Estado represor.
El Estado capitalista, siendo incapaz de solventar los problemas humanos, emplea el
aparato ideológico para endilgar las propias incapacidades a otros. De esta manera, el