Volumen 35 No. 2 (abril-junio) 2026, pp. 206-208
ISSN 1315-0006. Depósito legal pp 199202zu44
DOI: 10.5281/zenodo.18428228
SÁNCHEZ SALCEDO, José Fernando; SCHNETTLER, Bernt y HETZER, Andreas –editores. (2025). La imagen en disputa: aportes de la sociología visual para el estudio de las sociedades contemporáneas. Buenos Aires: Teseo / SDL. Pp. 360
La imagen en disputa. Aportes de la sociología visual para el estudio de las sociedades contemporáneas (Teseopress) funciona como una declaración de principios: la imagen no es un mero recurso ilustrativo ni un complemento del texto, sino un objeto de análisis con densidad propia y un potente generador de conocimiento social. En un contexto histórico marcado por la proliferación técnica y digital de imágenes, los editores proponen recuperar y sistematizar un campo todavía marginal en gran parte de América Latina: la sociología visual.
El texto sitúa este enfoque en una genealogía más amplia. Aunque la sociología visual como subcampo se consolida recién hacia fines del siglo XX —con antecedentes clave en el mundo anglosajón y europeo—, la relación entre imagen y ciencias sociales es tan antigua como la propia sociología. Fotografía y sociología nacen casi simultáneamente, impulsadas por un mismo deseo de observar, registrar y comprender la sociedad moderna. Sin embargo, mientras disciplinas como la antropología incorporaron tempranamente imágenes y cine como herramientas de investigación, la sociología optó durante décadas por métodos cuantitativos, relegando lo visual al terreno de lo subjetivo o lo anecdótico.
Este texto muestra precisamente cómo ese desplazamiento comenzó a revertirse con el desarrollo de los estudios sobre medios de comunicación, publicidad y propaganda, y con el resurgimiento de metodologías cualitativas. Autores como Walter Benjamin, Pierre Bourdieu, Howard Becker y Thomas Luckmann aparecen como referencias fundamentales para pensar la imagen como práctica social, forma simbólica y dispositivo de sentido. A estos aportes se suman influencias decisivas de la semiótica, la lingüística, la historia del arte, los estudios culturales y la etnografía, que ampliaron el horizonte conceptual y metodológico del análisis visual.
En este marco, el libro se propone un doble objetivo: por un lado, ofrecer herramientas teóricas y metodológicas para el análisis sociológico de imágenes fijas y en movimiento; por otro, mostrar su potencial por medio de estudios empíricos situados, en particular en el contexto colombiano. La obra es el resultado de años de cooperación académica entre universidades de Colombia y Alemania y busca contribuir a la consolidación de la sociología visual en una región donde el campo aún se encuentra en formación.
La primera parte del libro, dedicada a los fundamentos metodológicos, reúne cuatro capítulos que funcionan como un verdadero arsenal analítico.
El capítulo inicial, a cargo de Jürgen Raab, propone una sociología del conocimiento visual de la fotografía. Su aporte central es un modelo analítico que articula imagen individual, contexto de imagen y entorno social. Para ello, Raab dialoga críticamente con tradiciones diversas —desde Bourdieu y Barthes hasta Panofsky e Imdahl— y recupera la noción de «marcos» de Erving Goffman como herramienta clave para interpretar cómo las imágenes organizan la experiencia social. El capítulo no se queda en la teoría: pone a prueba el modelo mediante un análisis empírico que muestra cómo la fotografía puede leerse como acción social condensada.
En el segundo capítulo, Roswitha Breckner aborda uno de los problemas clásicos del análisis visual: el pasaje de la percepción a la interpretación. Su pregunta guía es directa pero profunda: ¿cómo se transforma lo que vemos en sentido socialmente comunicable? Para responder, desarrolla el método de análisis de segmentos, que permite descomponer imágenes fijas en unidades significativas sin perder de vista su totalidad simbólica. El capítulo demuestra cómo hablar sobre imágenes modifica la percepción y cómo ese proceso es central para comprender su sentido social.
El tercer capítulo, de Michael R. Müller, se enfrenta a un desafío propio de la era digital: la sobreabundancia de imágenes. En lugar de analizarlas de manera aislada, propone estudiar agrupaciones icónicas o clusters visuales, atendiendo a las interacciones que se producen cuando las imágenes circulan en red. Müller desarrolla una metodología en etapas —desde la captura de imágenes hasta la reflexión interpretativa final— que permite analizar grandes volúmenes de material visual sin reducirlos a meros datos cuantitativos.
El cuarto capítulo, escrito por Bernt Schnettler, se centra en el análisis de datos de video y establece una distinción clave entre los videos producidos en trabajo de campo y aquellos extraídos de plataformas digitales. Utilizando ejemplos concretos, el autor discute las posibilidades y los límites de cada tipo de material, subrayando que no todas las imágenes en movimiento ofrecen el mismo acceso a la interacción social ni al contexto de producción.
La segunda parte del libro traslada estas herramientas al terreno empírico, con estudios de caso situados en Colombia que muestran cómo las imágenes participan activamente en procesos de violencia, memoria, resistencia y construcción identitaria.
En el quinto capítulo, Eugenia Mora Olarte analiza el régimen visual de la violencia en Colombia entre 1920 y 1960. A partir del concepto de ecología de la imagen, reconstruye cómo ciertas formas de representación de la violencia —presentes en libros, prensa y archivos fotográficos— se inscriben en tradiciones visuales previas, como la crónica roja o la fotografía post mortem, generando continuidades en la manera de ver y narrar la violencia.
El sexto capítulo, de José Fernando Sánchez Salcedo, se adentra en las disputas en torno a los murales pintados y borrados durante el paro nacional de 2021 en Cali. El análisis reconstruye las controversias públicas alrededor de estas imágenes y muestra cómo los murales operaron como géneros comunicativos en conflicto, revelando tensiones entre orden, protesta, memoria y legitimidad.
En el séptimo capítulo, Andreas Hetzer propone una lectura crítica de las cartografías visuales del distrito de Aguablanca en Cali. A partir de un vasto corpus de imágenes —prensa, archivos familiares y fondos fotográficos—, el autor identifica patrones recurrentes de otrificación que construyen al territorio como espacio de carencia, asistencialismo y marginalidad, pero también de lucha, organización y esperanza.
El octavo capítulo, de Luis Bernardo Bastidas Meneses, se centra en los elementos visuales del culto a las ánimas del purgatorio. Pinturas, fotografías y exvotos son analizados como dispositivos de socialización religiosa que articulan creencias, experiencias personales y memoria colectiva, mostrando la persistencia y resignificación de prácticas visuales en la religiosidad popular.
Finalmente, el noveno capítulo, de Anna-Lena Diesselmann y Andreas Hetzer, adopta una estructura más abierta para reflexionar sobre la construcción de una memoria visual del barrio Siloé en Cali. A partir del archivo del Museo Popular de Siloé, el texto explora el potencial de la fotografía como herramienta decolonial, capaz de disputar narrativas hegemónicas y permitir que las comunidades subalternas sean vistas y escuchadas desde sus propias imágenes.
En conjunto, La imagen en disputa propone algo más que un repertorio metodológico: plantea una toma de posición. En sociedades atravesadas por la omnipresencia de imágenes, ignorar su análisis implica renunciar a una dimensión central de lo social. Las imágenes no solo muestran, también ordenan, jerarquizan, excluyen, legitiman y… resisten. Al poner en diálogo teoría, metodología y estudios empíricos situados, el libro invita a pensar la sociología visual no como un campo accesorio, sino como una herramienta imprescindible para comprender las disputas simbólicas del presente.
Editorial Teseo
Buenos Aires, Argentina