Volumen 35 No. 2 (abril-junio) 2026, pp. 151-164
ISSN 1315-0006. Depósito legal pp 199202zu44
DOI: 10.5281/zenodo.18428163
Cambio climático e implicaciones en la conservación del patrimonio cultural
Pedro Cantú Martínez
Resumen
En este manuscrito se reflexiona sobre uno de los grandes problemas con los que se cuenta hoy en día y que es el cambio climático. Este cambio afecta múltiples situaciones en nuestra sociedad como la salud, la economía, así como nuestro entorno. Esto ha ocasionado que un numeroso contingente de personas puede verse obligadas a migrar. Y con esto, el patrimonio cultural verse afectado. Para lograr esta deliberación se llevó a cabo una examinación de carácter fenomenológica, para mostrar las circunstancias y pruebas que coexisten en derredor de esta relación del cambio climático y el patrimonio cultural. Para tal efecto se llevó una indagación descriptiva de las configuraciones existentes y documentadas. Entre los hallazgos tenemos que no sólo se ven afectados objetos, edificios y monumentos, sino también tradiciones, historias y costumbres naturalizadas en las personas. Particularmente el desplazamiento de las personas se erige en una ola que afecta como las personas viven y sienten su cultura. Cuando la gente transita de un lugar a otro, deja atrás sus costumbres y tradiciones. Además, se olvidan de los referentes culturales de carácter material. Esto hace que sea difícil mantener vivo el patrimonio cultural al adaptarse a nuevas formas de vida que minan los aspectos concernientes a su identidad. Finalmente, en estas personas se pierde la realidad cultural que los labró y el contexto natural que los amparó.
Palabras clave: cambio climático; cultura; patrimonio cultural; costumbres; tradiciones
Universidad Autónoma de Nuevo León. San Nicolás de los Garza, México
ORCID: 0000-0001-8924-5343
E-mail: pedro.cantumr@uanl.edu.mx
Recibido: 13/11/2025 Aceptado: 19/01/2026
Climate change and implications for the conservation of cultural heritage
Abstract
This manuscript reflects on one of the great problems we face today, which is climate change. This change affects multiple situations in our society such as health, the economy, as well as our environment. This has caused a large contingent of people to be forced to migrate. And with this, cultural heritage will be affected. To achieve this deliberation, a phenomenological examination was carried out, to show the circumstances and evidence that coexist around this relationship of climate change and cultural heritage. To this end, a descriptive inquiry of the existing and documented configurations was carried out. Among the findings, we find that not only objects, buildings and monuments are affected, but also traditions, stories and customs naturalized in people. In particular, the displacement of people is a wave that affects how people live and feel their culture. When people move from one place to another, they leave behind their customs and traditions. In addition, they forget about cultural references of a material nature. This makes it difficult to keep cultural heritage alive by adapting to new ways of life that undermine aspects of their identity. Finally, these people lose the cultural reality that shaped them and the natural context that protected them.
Keywords: climate change; culture; cultural heritage; customs; traditions
Introducción
Uno de los problemas globales más importantes que enfrenta la humanidad hoy en día es el cambio climático. Tiene amplias repercusiones sociales que tocan muchas facetas de la sociedad y plantean graves riesgos tanto para el desarrollo sustentable como para el bienestar humano. Varios matices de la sociedad, incluida la salud pública, desplazamientos, migración, economía y los medios de subsistencia, se ven trastocados y dañados por los efectos sociales del cambio climático y sus secuelas.
En el contexto de la salud pública es uno de los aspectos sociales más evidentes y donde repercute grandemente el cambio climático. La creciente disparidad de salud en las sociedades en el mundo da como consecuencia que los gravámenes y secuelas sanitarias sean más drásticos en los grupos sociales vulnerables (Comisión Económica para América Latina y el Caribe, 2021). En estos grupos vulnerables quedan incluidos adultos mayores, infantes y las personas que ostentan condiciones preexistentes de algún padecimiento o estén inmunocomprometidos. Es así, que están en mayor riesgo.
Por otra parte, las comunidades se ven obligadas a mudarse a medida que el medio ambiente empeora por las distintas manifestaciones, que dan origen a las inundaciones, las sequías y la desertificación de manera periódica (Cantú-Martínez, 2020a). Aunado a los recurrentes conflictos por los escasos recursos que disponen, también grandes colectivos sociales se trasladan a otros sitios con mejores condiciones dentro de sus mismos países, por ejemplo, en África se ha encontrado por evaluaciones de las Naciones Unidas (2021) que cerca de 86 millones de personas se encuentran en esta situación.
Otro rasgo es el que particularmente se muestra en aquellas personas cuyos medios de vida dependen del sector agropecuario y de los recursos naturales para subsistir, ya que los efectos económicos del cambio climático son superlativamente severos y comprometen su porvenir como acontece en las comunidades indígenas (Cantú-Martínez, 2020). De esta manera, para revertir estos efectos sociales perniciosos, se requiere fortalecer la cooperación y las alianzas, con un carácter internacional, regional y nacional. Esencialmente para mitigar los estragos y abonar al bienestar humano, desarrollo sustentable y sostenibilidad del patrimonio cultural (Cantú-Martínez, 2016; 2018).
Metodología
La postura que guío este análisis es la fenomenológica, con carácter hermenéutico de acuerdo con Fuster-Guillén (2019), que busca -en este caso- conocer las condiciones y experiencias que subsisten socialmente en derredor del cambio climático y el patrimonio cultural, sin llevar a cabo juicios preliminares. Es decir, se indagó para vislumbrar la esencia de la experiencia que se vive conscientemente sobre este suceso (Villanueva-Barreto, 2012; 2014). Para esto, se centralizó en la perspectiva de examinar descriptivamente las representaciones coexistentes de este fenómeno. De esta manera, se procuró revelar las configuraciones que simultáneamente sobrevienen empíricamente de esta vinculación, que permiten visualizar la variabilidad y pluralidad de acontecimientos, y que hicieron posible una introspección como explicitación al respecto.
1. Desarrollo y hallazgos
Para atender este tema de cambio climático y en lo concerniente a mantener el patrimonio cultural que plantea serios desafíos, se abordó cual es la demarcación del cambio climático como del patrimonio cultural, para posteriormente ver la contingencia del cambio climático en el patrimonio cultural, donde se brinda evidencias y las circunstancias que rodean estos desplazamientos y la efervescencia social que gira en derredor por el cambio climático, como sus consecuencias en el patrimonio cultural. Finalmente, se finiquita con algunas consideraciones a manera de lectura concluyente al respecto.
1.1 ¿Qué es el cambio climático?
Los sucesos y cambios a largo plazo en el régimen de temperaturas, los esquemas climáticos como meteorológicos, se conocen como cambio climático. Entre las causas que lo promueven, tenemos a las grandes explosiones volcánicas o alteraciones en la actividad solar que pueden causar estos desajustes de forma natural. Sin embargo, la actividad humana ha sido la principal causa del cambio climático desde el siglo XIX, principalmente como resultado de la combustión de fuentes fósiles como el carbón e hidrocarburos en las actividades productivas (Naciones Unidas, 2023a). Estos combustibles, producen emanaciones de gases de efecto invernadero, que actúan alrededor del planeta, apresando el calor y los rayos infrarrojos de la actividad solar aumentando así las temperaturas promedio. El metano y el dióxido de carbono son dos de los principales gases de efecto invernadero que contribuyen al cambio climático (Cantú-Martínez, 2022).
En este tenor, según investigaciones realizadas por académicos e investigadores, la génesis de este problema actual radica en las actividades productivas que llevan a cabo nuestra sociedad en los últimos dos siglos, particularmente a partir de la revolución industrial. Se debe recordar que los procesos de producción y consumo de alimentos y energía han cambiado la composición de la atmósfera, aumentando lamentablemente la cantidad de gases de efecto invernadero en la atmósfera y con esto alterando el sistema climático terrestre (Cantú-Martínez, 2019). Esto ha conllevado que la temperatura media del planeta esté aumentando a un ritmo más rápido, y se considera que es 1.1 grado centígrado más alta que aquella registrada en las postrimerías del siglo XIX. Advirtiendo la comunidad científica, particularmente que en los últimos 40 años han sido sumamente cálidos. Por esta razón una gran cantidad de personas aducen que el cambio climático se restringe exclusivamente al aumento de la temperatura ambiental.
Sin embargo, no es del todo completa esta apreciación, las alteraciones en un área territorial del planeta, pueden tener un impacto en los cambios de un sinnúmero de lugares también, porque la Tierra es un sistema en el que todo está conectado y vitalmente entrelazado (Cantú-Martínez, 2020b). En el presente, los cambios en las condiciones climáticas han acarreado derivaciones –que ya son perceptibles- como el desbasto de alimentos, las sequías severas, la insuficiencia de agua, los incendios forestales, el aumento gradual del nivel del mar, los desbordamientos de las redes fluviales, el derretimiento del hielo polar, las trágicas tempestades, las inundaciones y el empobrecimiento de la biodiversidad son solo algunos de los efectos del cambio climático (Cantú-Martínez, 2019, 2022). Tras ello, existen importantes repercusiones económicas y sociales, además de ser un evento ambiental, y los peores efectos se ciernen en las naciones más pobres, que están menos preparadas para manejar y controlar los cambios rápidos, que este fenómeno conlleva.
De esta forma, el cambio climático se vislumbra como el mayor desafío del siglo XXI, ya que la adaptación a las nuevas condiciones climáticas y la implementación de procesos para aminorar las emisiones de gases de efecto invernadero, tendrán un gran impacto en la forma en que se prosperará para un buen futuro (Cantú-Martínez, 2020b). ¿Qué expresa esto? Primordialmente, encontrar un desarrollo económico en el plano internacional que especialmente permita un equilibrio de las condiciones climáticas, así como una reducción de la huella de carbono. Y que las naciones en el mundo generen un plan y estrategias nacionales con la finalidad de contabilizar y evaluar –en el marco de la sustentabilidad- las emisiones de gases de efecto invernadero, para coadyuvar a limitar el calentamiento entre 1.5 y 2 grados centígrados, por arriba de los promedios existentes antes de la revolución industrial (Naciones Unidas, 2023b).
1.2 ¿Qué es el patrimonio cultural?
La expresión patrimonio cultural es bastante dilatada, variada y abarca tanto los legados tangibles como intangibles de una sociedad. Alude a las palabras, acciones, objetos y edificaciones, que se transmiten de generación en generación y sirven para trasladar las tradiciones, costumbres, historia y la identidad propia de una comunidad. Las expresiones como la pintura, la música, los bailables, los cantos, los festejos, la gastronomía y la indumentaria son solo algunos ejemplos de cómo el patrimonio cultural se puede reconocer (Díaz y Guerra, 2010). Tanto en lo particular como en lo social, sin lugar a duda, el patrimonio cultural es signo de saberes y prosperidad (Muñoz y Timón, 2018).
El patrimonio cultural se integra por dos categorías: el material e inmaterial (García, 2011). La primera categoría denominada material integra los monumentos, la arquitectura de las edificaciones, instrumentos y lugares con carácter histórico que desempeñan un papel importante y representativo del derrotero de una sociedad. Estos componentes son valiosos en términos de lo que simbolizan, y su preservación ayuda al resguardo de la memoria y origen social de una comunidad (Instituto de Gestión Cultural y Artística, 2021). De esta manera, las representaciones como esculturas, obeliscos, moradas y zonas históricas –por citar algunas- son testimonio de la capacidad de la creatividad humana en el transcurso del tiempo, y atestiguan los progresos, enseñanzas, prácticas y aprendizajes de diferentes épocas. Un ejemplo de patrimonio cultural material en México, lo instituyen las pirámides de Teotihuacán, que se erigen en un complejo arqueológico, que representa un centro ceremonioso precolombino. Otro ejemplo, más reciente, lo constituye el Palacio de Bellas Artes en la Ciudad de México, que simboliza un recinto cultural para los mexicanos.
En tanto, la categoría inmaterial del patrimonio cultural se refiere a los usos y costumbres, expresiones artísticas y artesanales, conocimientos y prácticas que son transmitidas oralmente o a través de la ejercitación para ostentar habilidades y destrezas. Estos testimonios inmateriales son equivalentemente transcendentales y significativos como los materiales, ya que expresan los dogmas, creencias, percepciones, experiencias, valores y representaciones de vida de toda una comunidad. Por lo cual se le contempla como un patrimonio integrador, histórico, actual y viviente (San Martín, 2022). En este sentido, Ernesto Ottone (2022: 5), subdirector general de cultura de la UNESCO, asevera que: “Salvaguardar el patrimonio vivo también conlleva el respeto de la diversidad cultural y la creatividad humana”. Por citar algunas expresiones, se cuenta –por ejemplo, en México- con el folklore del canto, música y los bailables, que son testimonios inmateriales que forman parte del patrimonio cultural de una sociedad. Por ejemplo, la danza de los voladores de Papantla, que es un ritual espiritual asociado a la fertilidad de los suelos, y el canto y música de la pirekua, tradición de los indígenas purépecha, que se constituye en un medio de comunicación y vinculación social. Estas expresiones no solo tienen un valor estético, sino que también llevan consigo una carga vehementemente emocional.
Otra muestra de patrimonio cultural inmaterial es el arte culinario, que se caracteriza por la preparación de alimentos. Lo que nombramos platos típicos de una región o nación, que son el resultado de una tradición gastronómica comunicada de generación en generación. La comida no solo se yergue como la manera en que una comunidad se alimenta, sino también es un emblema y medio de propagación de la identidad cultural (Gobierno de México-INAH, 2022; UNESCO, 2023). Esto representa lo que también conocemos como cocina tradicional. Entre los ejemplos más representativos en México, como sucederá en distintas naciones con otras expresiones, se cuenta con el mole, el pozole, cochinita pibil, papadzules, chiles en nogada, barbacoa, las carnitas, pescado a la veracruzana, las tlayudas, los tacos, chilaquiles, tamales, por mencionar algunos platillos de la gastronomía mexicana. En este contexto, Leite de Almeida menciona: “Entender o significado da alimentação significa compreender as relações entre cultura e sociedade, espaço e território, percebendo a diversidade de grupos sociais com relação a seus hábitos, modos de produção e consumo.” (2019: 7)
De esta manera, el patrimonio cultural es una fuente –con distintos rasgos- que da sentido de pertenencia e identidad a las personas y comunidades. Al mismo tiempo, su resguardo e impulso se constituye en la cohesión social de toda una colectividad. Sin embargo, también afronta desafíos, como la degradación y destrucción de los sitios históricos, desvalorización de las tradiciones, pérdida de conocimientos, y el proceso de transculturización de las personas. Para conservar, preservar y proteger el patrimonio cultural es ineludible adoptar políticas para salvaguardar este legado. Esto incluye el resguardo de los monumentos y espacios históricos, el salvaguardar los registros de las prácticas, costumbres, tradiciones y expresiones inmateriales, como también educar y sensibilizar a la población, para no diluir, extraviar y/o perder esta herencia que representa identidad y la historia de un pueblo.
1.3 Relevancia del patrimonio cultural para la identidad
Identidad y patrimonio cultural son dos nociones y configuraciones interconectadas que son esenciales en la formación de la sociedad y que integran las particularidades de cada persona (Terry-Gregorio, 2011). La identidad se refiere a cómo nos vemos a nosotros mismos y cómo nos identificamos con un grupo cultural específico, a diferencia del patrimonio cultural, que es el conjunto de creencias, valores, costumbres y objetos que se transmiten de una generación a otra. Por consiguiente, la supervivencia y el crecimiento de una comunidad dependen críticamente de su sentido de identidad cultural (Noval, 2019). Reconocer y apreciar la herencia cultural de un grupo ayuda a fomentar y crear identidad cultural. El patrimonio cultural se enriquece y mantiene como resultado de la perseverancia y amparo de la identidad cultural. Al mantener la identidad cultural, el patrimonio cultural se realza y mantiene su vitalidad (Pérez, 2004).
Por lo tanto, si una comunidad ignora o se aleja de su patrimonio cultural, puede perder su sentido de identidad, manifestándose en una sensación de falta de correspondencia con las raíces y las tradiciones que dan contenido a la vida social. Sin embargo, es crucial tener en cuenta que la identidad cultural y el patrimonio no son inalterables e inmutables. Es así, que, en respuesta a las condiciones y demandas de cada época, cambian y evolucionan con el tiempo (Giménez, 2005). En este momento, el cambio climático y la migración son fuerzas externas que tienen un impacto en la identidad cultural y que conducen a una miscelánea de prácticas y tradiciones de varias culturas. En todo lo anterior, sin duda, la educación se constituye en un eje transversal para posicionar en los colectivos sociales la identidad cultural.
1.4 Incidencia del cambio climático en el patrimonio cultural
Uno de los problemas más urgentes a los que se enfrenta actualmente la humanidad es el cambio climático, como ya lo hemos comentado. Tiene efectos perjudiciales sobre el entorno natural y el patrimonio cultural, y además repercute en todas las facetas de la vida cotidiana (García-Santa Cruz, García-Santa Cruz y García, 2021). Recordemos, el patrimonio cultural es algo que se transmite de una generación a otra y como hemos mencionado es un componente esencial de nuestras personas, es nuestra identidad. Pero la conservación de nuestro patrimonio cultural está lamentablemente en riesgo debido a la incidencia del cambio climático (García, 2021; Madrid-Brito, 2021).
El incremento de las temperaturas máximas es una de las transcendentales causas del cambio climático. Para el patrimonio cultural, esto tiene muchos efectos perjudiciales, para ello un ejemplo, contamos con estructuras materiales con mucha antigüedad, y dado que una gran cantidad de estas estructuras únicamente son forjadas para sobrellevar temperaturas y climas bajo ciertas condiciones, estas quedan expuestas al efecto abrasivo (Colette, 2009). La intensificación del calor y la humedad -de manera conjunta- tienen el potencial de estropear las pinturas de edificaciones y obras de arte por igual, así como también, perjudicar los componentes materiales de una construcción (Pérez-Ema, 2014). Inclusive, el cambio climático también puede acrecentar el peligro de siniestros -como incendios- que se yerguen en una grave amenaza para el patrimonio cultural de manera general. Esencialmente cuando la cobertura vegetal que rodea estas construcciones va cediendo frente al avance de la erosión convirtiéndose esta masa vegetal en material inflamable que puede propagar velozmente las llamas, como acontece en el Parque Nacional Tikal, ubicado en el departamento de Petén en Guatemala, como lo expresó Martínez (2001).
En este sentido, también el cambio climático está promoviendo el aumento del nivel del mar, constituyéndose así, en una de las principales consecuencias de este accionar. Las comunidades asentadas en las riberas de las costas y su herencia cultural están llanamente en riesgo por las inundaciones que conlleva la pérdida irreparable de estas zonas, como lo hace notar Ayarde (2018). Por ello, numerosos sitios con valor histórico y arqueológico se encuentran en peligro por estar adyacentes a los litorales. Igualmente, la ocurrencia de ciclones y otras condiciones climáticas extremas también están vinculadas al cambio climático, pueden dañar gravemente estos lugares y echar abajo edificaciones y estructuras con carácter histórico; como sucede en la zona arqueológica de Kohunlich en México, en las selvas de Quintana Roo, como dice Sánchez-Quijano (2022).
Por otra parte, los entornos naturales son un componente crucial y determinante del patrimonio cultural -de manera paisajística- que también se ven afectados por el cambio climático. Por ejemplo, cuantiosas áreas arqueológicas están situadas en ecosistemas protegidos como bosques, selvas y florestas (Cantú-Martínez, 2018). La elevación de las temperaturas, la presencia de sequías prolongadas, la deforestación y la degradación forestal son solo algunos de los efectos del cambio climático que están perturbando y minando estos hábitats naturales. Estas eventualidades, son notoriamente perceptibles en las cuencas del Amazonas, el Congo y el Sureste Asiático como lo afirma el Parlamento Europeo (2025: párr. 3). Avanzando en este razonamiento, particularmente en lo concerniente a la perpetuación de las masas forestales en suelo europeo, estas están altamente comprometidas por las actividades humanas generadoras del cambio climático, entre las que hallamos la agricultura industrial, la urbanización y la sobreexplotación de los recursos naturales. Estas labores han disminuido extraordinariamente a los organismos polinizadores. Por lo que “una de cada diez especies de abejas y mariposas está en peligro de extinción en Europa” (Parlamento Europeo, 2021, 7).
En tanto, las consecuencias indirectas que el cambio climático tiene sobre la sociedad también deben ser consideradas, ya que tienen un efecto negativo sobre el patrimonio cultural. Por ejemplo, tiene el potencial de desarraigar comunidades enteras, en cualquier sitio vulnerado por las consecuencias dañinas del cambio climático (International Organization for Migration, 2021). Esto da como resultado la pérdida y abandono de prácticas, hábitos y conocimientos heredados. Al respecto, el organismo internacional denominado Oxfam señala: “Si bien el cambio climático nos afecta a todos, el riesgo de desplazamiento forzoso es significativamente mayor en países de bajos ingresos, así como para las personas en situación de pobreza” (2017, 3). En este tenor, apunta además que estas poblaciones ostentan cinco veces más la probabilidad de ser desplazados que aquellas personas que viven en naciones con ingresos altos, con lo cual se erige en una condición perturbadora, como aconteció en las islas Fiyi en 2016, donde se vieron afectadas 55 mil personas por el ciclón Winston.
Al continuar en esta línea discursiva, la cuantificación de los desplazamientos -sobre cambio climático- se documenta a partir de aquellos que están relacionados por aspectos de orden ambiental y climático, de acuerdo con la International Organization for Migration (2025). Este mismo organismo detalla que en 2023 se vieron en la necesidad de desplazarse 17.1 millones de personas por distintas causas, entre ellas la de carácter climático. Estas causas climáticas involucran desastres naturales, tempestades, inundaciones, disminución de la productividad del suelo y por consecuencia perdida de los medios para subsistir, entre otros (Ramos y Yanes, 2018). En cambio, el Centro para el Monitoreo de los Desplazamientos Internos -citado por Lacomba y Felipe- documentan otros datos al enunciar que “en 2023 tuvieron lugar más de 26,4 millones de nuevos desplazamientos asociados a desastres, la mayoría vinculados con fenómenos meteorológicos (76,9%). De estos, el 47,6% fue inducido por inundaciones y el 46,1% por tormentas”. (2024, 2)
Dicho lo anterior, se debe meditar, que las personas que se ven forzadas a abandonar permanentemente o de manera temporal su residencia habitual adicionalmente se llevan consigo principalmente su usos y costumbres, conocimientos y esencialmente un sentido de identidad cultural y a medida que se incorporan en los nuevos colectivos sociales, nuevas formas de vida se les presentan, así como un patrimonio cultural distinto proveniente de la sociedad en la que se integran, como lo aluden Piguet, Pécoud y de Guchtenerire (2013). Sin embargo, este suceso siempre puede plantear algunas dificultades para el patrimonio cultural. Primero, si las generaciones más jóvenes no continúan y transmiten las tradiciones de sus familias o sociedades de donde pertenecían, es factible que haya una pérdida de conocimientos tradicionales y prácticas culturales (Álvarez, ٢٠١٦). Esto sin lugar a duda, puede hacer también que ciertas prácticas culturales cambien o se modifiquen. Las preferencias de la sociedad anfitriona pueden además influir grandemente, por ejemplo, modificando la preparación de alimentos o el consumo de estos. Pero también es posible verlo como una forma de acondicionamiento cultural, que adicionalmente entraña una pérdida de la legitimidad de sus raíces culturales.
Por otro lado, la protección de estructuras históricas y sitios arqueológicos es otro problema que la migración climática plantea al patrimonio cultural. Algunos inmigrantes climáticos provienen de países donde una parte de su herencia cultural ha sido destruida debido a las inclemencias climáticas o desastres naturales. Estas personas, como lo hacen notar Díaz y González (2011), pueden tener dificultades para reconocer, preservar y mantener la historia y patrimonio cultural de la nación a donde se trasladan. Ante la evidencia anterior, es crucial apoyar políticas y estrategias que fomenten el respeto y la preservación del patrimonio cultural de los inmigrantes climáticos para abordar estos desafíos. Es decir, comprender el valor de la diversidad cultural y las contribuciones que las distintas comunidades hacen para la mejora de la sociedad es de crucial importancia.
Por ello, la enseñanza y la sensibilización son artilugios clave para esto, como lo sugiere Texeira (2006). Se debe impulsar disposiciones que protejan e impulse la comprensión y el miramiento de las otras culturas, tanto por parte de la colectividad receptora como de los migrantes desplazados (González-Monfort, 2008). Esto puede concebirse y visibilizarse mediante festividades, exhibiciones, entre otros espacios. De esta manera, la migración por causas climáticas puede ser una oportunidad para el enriquecimiento y la diversidad cultural, o bien, plantear un desafío para la sociedad receptora como lo bosqueja García (2009).
Por otra parte, todos estos miramientos comentados anteriormente y promovidos por los desplazamientos climáticos se relacionan también con tendencias y movimientos sociales que dan génesis a una efervescencia social. La cual, ha tenido un papel decisivo en el desarrollo y derrotero histórico en las sociedades. Estas agrupaciones trabajan para promover la igualdad de varios grupos raciales y sociales, clamando por justicia social para todos. En muchas ocasiones, estas organizaciones, se expresan con actividades desafiantes ante la falta de sensibilidad de las estructuras gubernamentales por la degradación del ambiente y la vulnerabilidad de los migrantes climáticos; acontecimientos que sobrevienen de incidentes climáticos intensos, que se expresan en una pérdida de medios de vida para las personas y conllevan desplazamientos forzados producto de los efectos del cambio climático (Servicio de Estudios Económicos, 2011). Con respecto a este punto, Mena (2023) advierte que se han originado en el lapso de 2016 - 2021 el desplazamiento de 43.1 millones de infantes en el mundo, que es equivalente a 20 mil éxodos diarios obligados por las condiciones inhóspitas del clima, por citar un ejemplo.
Estos movimientos -en sus manifestaciones- pueden dañar ostensiblemente el patrimonio cultural de una colectividad o país. No considerando la trascendencia del valor del patrimonio cultural. Uno de los mayores inconvenientes es el destrozo y pintas de monumentos y sitios históricos tal como lo expresan López y Vidargas (2018). Esto ha ocurrido por ejemplo en edificios con significación histórica, cultural y/o arquitectónica, como lo acaecido en Madrid -España- en el edificio del congreso legislativo por el descontento por el calentamiento global y en Monterrey -México- en el palacio de gobierno, por la falta de abasto de agua, promovida por la sequía que se generó por el cambio climático (Redacción El País, 2022; Maldonado, 2022). Asimismo, durante esta efervescencia social, en otros sucesos se han contemplado escenas de vandalismo donde echan abajo estatuas, inmuebles históricos y otros emblemas culturales como un signo de reproche; así la agresión a los bienes patrimoniales culturales e históricos son cada vez más frecuentes, como lo han expresado Pérez y Ramiro (2020). Lo antes comentado se asocia a hurtos, atracos y saqueos del patrimonio cultural material durante los conflictos sociales que es una pérdida considerable e irreparable para la sociedad (Morales, Mejía y Galeana, 2017).
Pero, además, esta efervescencia social puede tener un impacto en el patrimonio cultural inmaterial, como son las hábitos, prácticas, costumbres y tradiciones culturales de una agrupación social. Dado que pueden interferir por distintos lapsos, la vinculación de las personas con su cultura. Esencialmente al extraviarse los lazos que existe entre el patrimonio cultural y las personas, por trazar objetivos estructuralmente sociales; de esta manera se debilitan los referentes que dan identidad y sentido de pertenencia como señala Jiménez (2021). Si bien, los movimientos sociales pueden ser una forma importante de promover el cambio social y la igualdad –de forma pacífica o ardorosa- también pueden ocasionar estragos superlativos al patrimonio cultural según Dias (2018); claro está, por las vicisitudes promovidas por el cambio climático.
Conclusiones
A manera de lectura concluyente, como se ha podido observar a través de la exposición, el cambio climático es un problema importante que tiene una amplia gama de efectos en nuestras sociedades, entre ellas, se encuentran lo concerniente al deterioro en los bienes materiales, así como la seguridad socioeconómica, que provoca una inestabilidad política en donde esto acontece, como lo hace saber Altamirano-Rúa (2024). Este mismo autor comenta que estos desplazamientos -por el cambio climático- lamentablemente también conllevan pérdida del patrimonio cultural y desplazamientos humanos que promueven migrantes climáticos o refugiados ambientales. Adicionalmente este autor discierne y augura -de manera conservadora- que para el 2050 habrá 150 millones de personas en estas condiciones. Dando a conocer que estos desplazamientos de personas podrán ser internas dentro de una circunscripción geográfica, o bien pueden mostrarse mayúsculamente al evidenciarse cruces fronterizos con carácter internacional, coincidiendo con lo que indica Lacomba y Felipe (2024).
Lo antes descrito, promoverá el extravío o pérdida del patrimonio cultural, en menor o mayor cantidad. Esto repercutirá, con un profundo efecto tanto en lo individual como en toda comunidad -receptora y/o desplazada- porque esto alterará lo que representa la identidad, la historia y los valores de todo grupo social. La pérdida de identidad y vínculos con nuestras raíces es una de las consecuencias más flagrantes del detrimento del patrimonio cultural. En esta misma línea advierte Lolas (2002), al citar a Bacon, que distintas influencias alteran el pensar y el observar de las personas, y se hace esto patente en la forma de apreciar, anhelar y optar por otras condicionantes sociales, como son los patrimonios culturales o bien, porque ocurre una combinación de estos. Que sin lugar a duda promueve tensiones entre lo colectivo como también en lo particular. Pero además deja palpable la vulnerabilidad social en la que coexisten las personas desplazadas por el cambio climático, y dejar atrás el patrimonio cultural edificado por siglos. El cual se erige en la identidad, como si fuera notablemente un rostro visible, que además denota el pensar y hacer de las personas.
Por consiguiente, cuando nos alejamos de nuestras raíces perdemos una parte importante de nuestra historia, tradiciones y valores. Como resultado, podemos sentirnos apartados de la comunidad y menos seguros de nosotros mismos dentro de esta. Sin embargo, podemos reavivar nuestros lazos con nuestro patrimonio cultural y aprender sobre nuestros orígenes conservándolo. Para esto, se deben de tomar medidas sociales para evitar y limitar estos efectos perjudiciales. Y una de las principales acciones es la educación, promoción, documentación y registro del patrimonio cultural material e inmaterial con el que contamos. Finalmente, es transcendental situar el valor que la cultura y el patrimonio aportan a la sustentabilidad, la cual se sostiene en el reconocimiento de las capacidades humanas, el escenario cultural que la edificó y el marco natural que lo acogió. Por esto los desafíos que plantea la movilidad de las personas -con relación al cambio climático- requiere de una mayor comprensión, para contar con marcos administrativos y legales que den respuesta a esta problemática universal, ya que la sociedad humana, su patrimonio cultural y el entorno natural son legados indivisibles.
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