Volumen 35 No. 2 (abril-junio) 2026, pp. 102-120
ISSN 1315-0006. Depósito legal pp 199202zu44
DOI: 10.5281/zenodo.18428111
Sobre “Problemas de la sociología de la literatura”, de Albert Memmi (leído desde Buenos Aires en su ignota edición local)
Hernán Maltz
Resumen
El artículo revisa el texto “Problemas de la sociología de la literatura”, de Albert Memmi, soslayado en su versión editada en Buenos Aires. En la primera parte, la atención se posa sobre tres umbrales contextuales: primero, la obra de Memmi, en la que hay un predominio de producciones sobre otros temas, como las reflexiones sobre los colonizados, sobre el judaísmo y la judeidad o sobre la historia de la literatura magrebí de expresión francesa; segundo, la obra de Georges Gurvitch, en que la sociología de la literatura emerge solo como una adición tardía en el diseño de su ambicioso proyecto global de sociología; tercero, la sociología de la literatura, tanto la francesa como la argentina, que han tendido a ignorar el texto en cuestión. En la segunda parte, hay una inspección de diferentes dimensiones del trabajo de Memmi: primero, la concepción de una sociología de la literatura dentro de la sociología; segundo, el diagnóstico sobre el punto de partida problemático y programático de la subdisciplina; tercero, un sintético y lúcido repaso acerca de la situación disciplinaria y el estado de la cuestión hacia mediados del siglo XX; cuarto, un conjunto de axiomas teóricos; quinto, la concepción de una sociología de la literatura plural, con diferentes perspectivas y subáreas de investigación. El artículo concluye con tres señalamientos: la importancia de no menospreciar la discusión de bibliografía pretérita, el diseño de una agenda de investigación amplia para una sociología de la literatura y la reapropiación de esta subdisciplina por parte de la sociología
Palabras clave: sociología de la literatura; sociología; Albert Memmi; Georges Gurvitch; Argentina; Francia
Universidad de Belgrano y Universidad de Buenos Aires. Argentina
ORCID: 0000-0003-2274-1873
E-mail: hernan.maltz@comunidad.ub.edu.ar
Recibido: 03/10/2025 Aceptado: 16/12/2025
On Albert Memmi’s “Problemas de la sociología de la literatura” (read from Buenos Aires in its unknown local edition)
Abstract
The article reviews the text “Problemas de la sociología de la literatura”, by Albert Memmi, overlooked in its version published in Buenos Aires. In the first part, attention is focused on three contextual thresholds: first, in Memmi’s work, in which there is a predominance of productions on other themes, such as reflections on the colonized, on Judaism and Jewishness, or on the history of Maghrebi literature of French expression; second, Georges Gurvitch’s work, in which the sociology of literature emerges only as a late addition in the design of his ambitious global project of sociology; third, the sociology of literature, both French and Argentine, that tended to ignore the text in question. In the second part, there is an inspection of different dimensions of Memmi’s work: first, the conception of a sociology of literature within sociology; second, the diagnosis of the problematic and programmatic starting point of the sub-discipline; third, a synthetic and lucid review of the disciplinary situation and the state of the question towards the middle of the 20th century; fourth, a set of theoretical axioms; fifth, the conception of a plural sociology of literature, with different perspectives and sub-areas of research. The article concludes with three points: the importance of not undervaluing discussion of previous bibliography, the design of a broad research agenda for a sociology of literature, and the re-appropriation of this sub-discipline by sociology
Keywords: sociology of literature; sociology; Albert Memmi; Georges Gurvitch; Argentina; France
Introducción1
Un texto sobre un texto: voy a referirme a un breve escrito de Albert Memmi, “Problèmes de la sociologie de la littérature”. Se trata de un diagnóstico sobre la sociología de la literatura efectuado hacia 1960, publicado originalmente en francés (Memmi, 1960) y que forma parte del segundo (y último) tomo de un extenso Traité de sociologie, elaborado con contribuciones de diferentes autores bajo la dirección general de Georges Gurvitch (1958; 1960). Ahora bien, a raíz de mi lugar de enunciación, en este espacio voy a prestar atención a una traducción al español del trabajo en cuestión, “Problemas de la sociología de la literatura” (Memmi, 1963), incluido en el correspondiente segundo tomo de la versión porteña del Tratado de sociología (Gurvitch, 1960; 1963), que fue editado al poco tiempo de su aparición en Europa: una versión hecha en Buenos Aires que, sin embargo, pasó casi desapercibida en el medio local.2
Dos direcciones organizan las líneas que prosiguen: en la primera parte, repongo tres umbrales contextuales, entrelazados con aspectos intelectuales, laborales, institucionales, editoriales y bibliográficos; en la segunda, repaso cinco dimensiones de los postulados y las propuestas del texto en cuestión, que guardan una significativa vigencia tras más de sesenta años.
Tres umbrales contextuales antes de “Problemas de la sociología de la literatura”
Aquellos que se adentran en los difusos y problemáticos dominios del binomio constituido por lo literario y lo social no pueden más que agradecer que exista un volumen como Le littéraire et le social. Bibliographie générale (1904-2014), de Anthony Glinoer (2016). Entre sus más de siete mil referencias, es posible hallar sendas remisiones a dos intervenciones de Albert Memmi que se inscriben en el linaje de escritos programáticos sobre la sociología de la literatura: “Cinq propositions pour une sociologie de la littérature” (Memmi, 1959) y “Problèmes de la sociologie de la littérature” (Memmi, 1960). Este último contiene y excede las propuestas del primero, por lo que no parece precipitado afirmar que es el más importante de los dos.3 Ahora bien, antes de referirme a sus planteos, no quiero soslayar una serie de umbrales que denotan una marginalidad múltiple del texto que me convoca. Se trata de una condición que se manifiesta en, por lo menos, tres dimensiones: una vinculada con la vida y obra de Memmi; otra, con la de Georges Gurvitch, el director del proyecto colectivo en que se enmarca “Problemas de la sociología de la literatura”; finalmente, una relacionada con el lugar que ocupa el trabajo en un panorama bibliográfico de la sociología de la literatura.
Un primer umbral, entonces, se asocia con el sujeto empírico a quien corresponde la autoría del texto. No alcanza con apelar a categorías sintetizadoras, como las etiquetas de novelista y ensayista de origen judeo-norafricano, tunecino de cuando Túnez todavía no era un país formalmente independiente o intelectual pacifista y militante en favor de los oprimidos del mundo. Para aquel que ignora la figura de Memmi, basta una somera aproximación a su perfil biográfico para tomar dimensión de una asombrosa complejidad identitaria:
Albert Memmi defies categorization. Jew and Arab, Tunisian and French, African and European, born poor and yet privileged, Jewish and staunchly secular, Zionist and critical of Israel, a leftist who highlighted the blindness of progressives, a prophet of national liberation whose viewpoint was internationalist, a socialist and anticolonialist who underlined the shortcomings of third-world postcolonial regimes (Judaken, 2020, xv)
Jonathan Judaken, uno de los editores responsables (junto con Michael Lejman) de The Albert Memmi Reader (Judaken, & Lejman, 2020), se sirve de una formulación de Lia Brozgal (2013: xv) para remarcar que el retrato de Memmi desafía “the notion of fixed identities and easy binaries” (Brozgal, 2013: xv; Judaken, 2020: XV).4 La producción de Memmi se desarrolla en un arco temporal de más de medio siglo y es, en lo sustantivo, novelística y ensayística: el primer conjunto lo conforman La Statue de sel, Agar, Le Scorpion ou la confession imaginaire, Le Désert, ou la vie et les aventures de Jubaïr Ouali El-Mammi y Le Pharaon; el segundo grupo incluye publicaciones como Portrait du colonisé, précédé du portrait du colonisateur, Portrait d’un Juif, La Libération du Juif, L’Homme dominé o Le Racisme. Se trata de escrituras que entrelazan peripecias personales con sensibles coyunturas histórico-políticas:
Memmi’s work bears witness or anticipates the cataclysms of his time: his coming of age in colonial Tunisia in the 1930s and during the Second World War; the decolonization struggles of the 1950s; his consideration of Maghrebi literature and the Jewish condition in the early 1960s; the run-up to the Six Day War in 1967; his effort to link forms of domination and oppression in the tumultuous period around 1968; the polarization of the Arab-Israeli conflict in the 1970s; reflections on racism in the 1980s; and his latest interventions in the 1990s and into the new millennium, focused on the unfinished business of decolonization: the condition of postcolonial states, migrants, and global inequalities. (Judaken, 2020, xliii-xliv)
Esta convergencia entre acontecimientos críticos y preocupaciones éticas e intelectuales se vincula con un conjunto de grandes núcleos temáticos que permiten organizar la obra de Memmi, como aquellos propuestos por Hervé Sanson: la colonización y la decolonización; el judaísmo y la judeidad; la identidad cultural y la francofonía; la dependencia; el racismo y la heterofobia; la secularidad y la laicidad (Memmi, 2017). Tras ellos, las incursiones de Memmi en la sociología de la literatura solo parecen tener reservadas un lugar marginal.
Un segundo umbral remite al vínculo laboral de Memmi con Georges Gurvitch, una figura central de la sociología francesa de mediados del siglo XX:5
Thanks to Gurvitch, he initially obtained a position working on the sociology of literature at the Centre national de la recherche scientifique (cnrs), then at the École des hautes études commerciales, followed by a post at the École pratique des hautes études (1960), and finally at the university Paris X-Nanterre (1970). (Judaken, 2020, xix)
Si bien ignoro los detalles acerca de la génesis del texto sobre la sociología de la literatura, algunas alusiones dispersas evidencian que fue producido a propósito de ciertas constricciones laborales, mientras Memmi trabajaba bajo la órbita de Gurvitch (Memmi, 1959: 149; Malka, 1977: 160; Judaken, 2020: xvii y xix).6 En palabras del propio Memmi: “c’est lui [Gurvitch] qui m’a suggéré de m’occuper, dans le cadre de la sociologie de la connaissance, de la sociologie de la littérature” (Memmi et al., 1959: 163). De este modo, resulta pertinente la pregunta acerca de en qué medida la sociología de la literatura formaba parte no tanto del proyecto intelectual de Memmi, sino, más bien, del correspondiente a Gurvitch sobre la sociología y, en particular, sobre la sociología del conocimiento.7
Sin embargo, en 1950, cuando se publica La vocation actuelle de la sociologie: vers une sociologie différentielle, al parecer Gurvitch no contemplaba la inclusión de la sociología de la literatura en su visión general de la sociología.8 En la introducción de este trabajo, consigna una estructura de lo que considera los problemas de la sociología de aquel entonces y que incluye siete segmentos: problemas de sociología general, problemas de sociología genética, problemas de morfología social, problemas de sociología económica, industrial y tecnológica, problemas de sociología del espíritu, problemas de psicología social y problemas de antropología y etnología culturales (1950: 12-13). Dentro de la quinta sección, los problemas de la denominada “sociología del espíritu”, distingue dos grandes ramas: por una parte, una sociología de los signos, los símbolos, las ideas y los valores (sus diferenciaciones, sus conjunciones, sus jerarquías variables en función de tipos sociales diversificados); por otra, una enumeración que contempla siete áreas de especialización: sociología del conocimiento, sociología de la religión, sociología de la moral, sociología del derecho, sociología del arte, sociología del lenguaje y sociología de la educación (Gurvitch, 1950: 12-13).9
Unos años después, con la publicación del Traité de sociologie en dos tomos (Gurvitch, 1958; 1960),10 se produce un despliegue de dicha estructura, que contempla algunas modificaciones, una de las cuales es a la inclusión de la sociología de la literatura dentro de las áreas de especialización de la sociología. La sección que anteriormente se reunía bajo la etiqueta “sociología del espíritu” se redefine con otro rótulo no exento de cierta magnanimidad: “Sociología de las obras de civilización. Sus ramas principales” (1960: 77-330). Su extensión crece y se divide en dos partes, la séptima y la octava, que constan en total de diez capítulos y un apéndice, a cargo de diferentes autores, pero que se titulan de modo uniforme mediante la fórmula “Problemas de…”. La séptima parte incluye: “Problemas de la sociología de las religiones”, de Gabriel Le Bras; luego, tres textos firmados consecutivamente por el propio Gurvitch: “Problemas de la sociología del conocimiento”, “Problemas de la sociología de la moral” y “Problemas de la sociología del derecho”; por último, “Problemas de la sociología criminológica”, de Henry Lévy-Bruhl. La octava parte contiene: “Problemas de la psicosociología de la infancia”, de Jean Piaget; “Problemas de la sociología del lenguaje”, de Georges Granai; “Problemas de la sociología del arte”, de Pierre Francastel (un capítulo que lleva adosado un muy breve apéndice firmado por René Bonnot: “Sociología de la música”); “Problemas de la sociología de la literatura”, de Albert Memmi; y, finalmente, “Problemas del entrecruzamiento de las civilizaciones y de sus obras”, de Roger Bastide. Entre estos once aportes en que se esboza una “sociología de las obras de civilización”, la sociología de la literatura se ubica en una zona de mayor afinidad junto a subáreas como la sociología del conocimiento o la del lenguaje,11 aunque, al mismo tiempo, la proximidad funciona como delimitación: quizá la más relevante sea la escisión de la sociología de la literatura como un área independiente respecto de la sociología del arte.12
Tras la comparación entre La vocation actuelle de la sociologie y el Traité de sociologie, retorno a la observación de que la sociología de la literatura formaba parte no tanto de las inquietudes centrales de Memmi, sino más bien del proyecto de Gurvitch sobre la sociología. Acoto algo más al respecto, por la negativa y desde la perspectiva de Memmi, quien, en la larga entrevista entablada con Viktor Malka, se refiere a las labores académicas de modo despectivo: afirma que, para él, el trabajo académico-universitario representó inestabilidades y sinsabores, incluso hasta el punto de lamentar el hecho de haber elegido ese itinerario laboral (Malka, 1977: 92). En la misma conversación, Memmi introduce una valoración muy negativa sobre la escritura académica: si bien reconoce su propio aprendizaje y destreza para recrear tal registro, sentencia que se trata de un tipo de escritura que lleva a “un texto de un tecnicismo hueco, insípido, incoloro, inodoro” (Malka, 1977: 38). De hecho, en la entrevista con Malka, el propio Memmi se refiere a su trabajo sobre la sociología de la literatura como un exponente de un tipo de producción opuesto a cierta concepción placentera de la escritura (Malka, 1977: 144-145).13
Un tercer umbral contextual, la marginalidad bibliográfica, habilita algunos comentarios en torno a la presencia de la obra de Memmi en la Argentina, cuyo panorama sobre la sociología de la literatura es, hasta donde tengo conocimiento, su primer texto editado en el país.14 Al poco tiempo de la aparición del Traité de sociologie de Gurvitch, la editorial Kapelusz publicó ambos tomos en Buenos Aires (Gurvitch, 1962; 1963).15 Sin embargo, la intervención de Memmi parece haber sido ignorada por los desarrollos locales de la sociología de la literatura, si me remito, por ejemplo, a las iniciativas centrales de Carlos Altamirano y Beatriz Sarlo (1977; 1980; 1983), que no dan cuenta de ningún conocimiento al respecto (y probablemente ese desconocimiento se haya traspasado a subsiguientes cohortes de investigadores locales interesados en la sociología de la literatura, para quienes la subdisciplina tendió a existir en los nombres usualmente promovidos por Altamirano y Sarlo, como los de Pierre Bourdieu o Raymond Williams). Si detallo los resultados de una búsqueda más minuciosa, reconozco que hay un par de referencias bibliográficas de parte de dos argentinos, pero ninguna se refiere a la edición porteña del texto de Memmi: por un lado, en Literatura y sociología, Delfín Garasa cita el trabajo en su versión francesa (Garasa, 1973: 14); por otro, Néstor García Canclini, desde su radicación en México, apela a la edición en lengua española del Tratado de sociología de Gurvitch, aunque, debido a su interés específico por la sociología del arte, solo consigna referencias del capítulo de Francastel (1963) sobre dicha subdisciplina (García Canclini, 2017 [1979]: 17, 39, 40 y 52).16 No hay, entonces (o al menos no encontré hasta el momento), referencias bibliográficas a “Problemas de la sociología de la literatura” en su versión realizada en Buenos Aires.
Sí hay otras citas relevantes en lengua española, provenientes de la península ibérica, pero que solo tienen conocimiento del aporte de Memmi a partir de la publicación original en francés, como los trabajos de Baldomero Cores Trasmonte (1971: 54), Juan Ignacio Ferreras (1980: 141) o Edmond Cros (1986: 11-12). Este último posee un breve texto en que se reiteran las alusiones a Memmi, en el marco de la edición mexicana de Teoría literaria, un volumen colectivo lanzado originalmente en lengua francesa y dirigido por Marc Angenot, Jean Bessière, Douwe Fokkema y Eva Kushner (Cros, 1993: 145, 149 y 150);17 otro caso similar y previo lo constituye la cita de la versión francesa del trabajo de Memmi en la edición porteña de Novela y sociedad, de Michel Zéraffa (1973: 159). A propósito de la remisión al ámbito francófono, parecería que la intervención de Memmi tendió a ser olvidada con el paso de los años: esto es al menos la sensación dominante tras comprobar su habitual ausencia en las síntesis sobre la sociología de la literatura gestadas en Francia, ya que, al revisar cuatro títulos publicados entre 2000 y 2014, pertenecientes a Paul Dirkx (2000), Paul Aron y Alain Viala (2006), Robert Sayre (2011) y Gisèle Sapiro (2014), solo uno de ellos toma en cuenta y cita a Memmi (Sayre, 2011: 99, 141, 148 y 181).18
Sí es seguro que “Problemas de la sociología de la literatura no pasó desapercibido para León Dujovne, el editor y prologuista de la edición argentina del Tratado de sociología de Gurvitch19”. En su intervención preliminar, incluida en el primer tomo, Dujovne se aboca a reseñar los contenidos de los capítulos y, a modo de curiosidad (probablemente como indicador de algún tipo de entusiasmo), no escatima en dedicar un párrafo entero al capítulo de Memmi (Dujovne no hace esto con todos los capítulos: por ejemplo, en el párrafo anterior del prólogo, reúne comentarios sobre los capítulos de sociología del lenguaje, del arte y de la música).20 De todas formas, a pesar de la positiva recepción que se trasluce en las palabras del editor y prologuista, resulta evidente que el interés de Dujovne radicaba en todo el tratado y no en un texto en particular.
En cualquier caso, no hay que perder de vista que la producción de Memmi tuvo una no desdeñable circulación en la Argentina, pero a través de otras obras publicadas en Buenos Aires, como los ensayos Retrato de un judío (1964) y La liberación del judío (1973), la novela La estatua de sal (1979) o incluso la larga entrevista biográfica llevada a cabo por Victor Malka, que en su edición porteña recibió el título de Conversaciones con Albert Memmi. El papel del intelectual en el desarrollo de la identidad colectiva (Malka, 1977). La pieza que más se destaca es Retrato del colonizado, precedido por el Retrato del colonizador (1969), que, luego de su primera aparición a fines de la década de 1960, contó con sucesivas reediciones a lo largo de los años (la última de la que tengo registro es la octava, lanzada en 1996).21
De manera sintética, entonces, reitero que hay diferentes niveles de marginalidad que recubren a “Problemas de la sociología de la literatura”: dentro de la obra de Memmi, entre cuyas producciones se destacan otros temas, como las reflexiones sobre los colonizados y los colonizadores, sobre el judaísmo y la judeidad o sobre la historia de la literatura magrebí de expresión francesa; dentro de la obra de Gurvitch, en cuya diagramación disciplinaria la sociología de la literatura tuvo un ingreso luego de unos años de no ser considerada; dentro de la sociología de la literatura, no solo la argentina, sino también la francesa.
Cinco dimensiones de “Problemas de la sociología de la literatura”
Luego de las precisiones sobre las capas de marginalidad que lo recubren, procedo a revisar algunas dimensiones de “Problemas de la sociología de la literatura”: primero, una concepción de una sociología de la literatura desarrollada dentro de la sociología; segundo, un diagnóstico sobre el punto de partida problemático y programático de la subdisciplina; tercero, un sintético y lúcido repaso acerca de la situación y el estado de la cuestión disciplinario hacia mediados del siglo XX; cuarto, un conjunto de axiomas teóricos; quinto, una visión de una sociología de la literatura plural, con diferentes perspectivas y subáreas de investigación.
Un primer nivel de relevancia se vincula con el ya aludido proyecto intelectual de Gurvitch en torno a la delimitación de la sociología, sus problemas y sus zonas de especialización. En este sentido, por evidente que suene, no carece de importancia la definición de la sociología de la literatura en contraste con otras áreas de especialización de la sociología, como la sociología económica, la sociología industrial, la sociología política, la sociología de las religiones o la sociología del conocimiento. En particular, vale reiterar que Gurvitch incluye una doble parte en el Tratado de sociología, “Sociología de las obras de civilización. Sus ramas principales”, que contempla once subáreas de especialización (consignadas párrafos atrás). Es cierto que este punto, como ya comenté, se vincula más con la iniciativa de Gurvitch que con la de Memmi, pero en cualquier caso cabe remarcarlo, especialmente porque la sola idea de una sociología de la literatura derivada de un proyecto general de sociología posiblemente haya sido el motivo central por el cual casi nadie haya reparado en la existencia del trabajo de Memmi.22
Una segunda dimensión, ahora sí adentrándome (¡por fin!) en el contenido del texto, se vincula con el diagnóstico sobre el punto de partida problemático y programático de una sociología de la literatura. Memmi ofrece un muy atinado y cuidadoso comienzo; resulta de interés citar in extenso los dos párrafos con que abre su escrito, en los que expone sus reservas acerca de la subdisciplina:
La sociología de la literatura sufre de un evidente y excesivo atraso: creemos no ofender a nadie al decir que hoy, en 1960, ella está, prácticamente, por fundarse. Se vacila acerca de las perspectivas metodológicas: no se está seguro ni de la manera de plantear los problemas, ni de su jerarquía; no se está seguro del campo exacto de la disciplina. De esto proviene su frecuente disolución en la sociología del arte o en la sociología del conocimiento; no se distinguen con vigor suficiente los problemas específicos de los problemas comunes con otros sectores.
Por eso, todo lo que diremos aquí tendrá, necesariamente, un aire problemático y programático. Queremos precisar que son tales la indigencia de las fuentes, la escasez de las investigaciones concretas, la distorsión ideológica que aún afecta a este campo, que no podemos menos que considerar estas páginas como un balance provisional, para el que no cabe pedir nada mejor que confrontarlo, rectificarlo y completarlo (1963: 353)23
Algunas apreciaciones sobre estos dos párrafos de apertura: ante todo, es contundente el diagnóstico en torno al presunto “atraso” de la subdisciplina, así como su estado de desarrollo en potencia, ese “por fundarse”, en gran medida vinculado con la inseguridad ontológica de la que la sociología de la literatura nunca pudo despegarse (y que se manifiesta en diferentes niveles, tal como indica el propio Memmi: la propia delimitación de los problemas centrales de la subdisciplina, la metodología de investigación y los límites con respecto a otras áreas de especialización).24 Visto en retrospectiva, habría que reconocer cierto fracaso en torno al hecho de que nunca terminó de concretarse ese momento de fundación (o sí, pero en todo caso la fundación contenía también la probabilidad de una disolución que se produjo en pocos años). Más allá de esta valoración, volviendo al diagnóstico de Memmi, corresponde resaltar el tono moderado de su propuesta, que necesariamente juzga como provisoria y perfectible, aunque tampoco rehúye a la necesidad de una enunciación programática (un programa que se encarga de esbozar especialmente en el último tramo del texto).
La tercera dimensión consiste en un repaso de la situación disciplinaria y del estado de la cuestión hacia mediados del siglo XX. En el primer apartado de su trabajo, “Situación actual de la sociología de la literatura”, Memmi identifica tres atributos de la subdisciplina hacia 1960: la falta de tradición (353-355), el rechazo de la sociología (355-356) y el fracaso de las tentativas científicas (356-358). Sin embargo, el diagnóstico sobre la falta de tradición no impide la configuración de un valioso esquema de nombres propios (aunque no deja de arrastrar un evidente sesgo eurocéntrico, especialmente francocéntrico, debido a la locación del propio Memmi). Entre los referentes decimonónicos, alude a Madame de Staël (y a su De la littérature considerée avec ses rapports avec les institutions sociales, una obra usualmente incluida, asimismo, dentro de los antecedentes inherentes a las literaturas comparadas), a Taine (de quien cita Histoire de la littérature anglaise) y a Marx y Engels (de estos últimos, Memmi aclara que no dejaron ninguna reflexión sistemática [354]). Luego, en una proximidad temporal más cercana a su contexto de escritura, Memmi otorga un lugar relevante a autores alemanes, en especial a aquellos nucleados en torno a la Escuela de Frankfurt, y precisa los nombres de György Lukács, Erich Auerbach y Theodor W. Adorno. Con respecto al panorama en Francia, menciona otro conjunto: Paul Bénichou, Lucien Febvre, Lucien Goldmann y Henri Lefebvre, cuyos aportes juzga como “alentadores” (354); en el mismo país, dedica una mayor consideración a Antoine Adam, Robert Escarpit y Jean-Paul Sartre; unas líneas más adelante, añade todavía más nombres del ámbito francófono: Henri Peyre, Robert Minder y Guy Michaud.25 En Italia, se refiere a un estudio de Luciano Gallino, mientras que, en ámbitos anglosajones, percibe cierta indiferencia hacia la subdisciplina, con excepción del estudio de George Derwent Thomson sobre la tragedia griega.26 Por último, se refiere a un conjunto de investigadores franceses que iniciaron trabajos de tesis universitarias sobre la sociología de la literatura, aunque no otorga mayores precisiones al respecto. A partir de esta recapitulación, Memmi sentencia (quizá con cierto apresuramiento) que “la puesta en perspectiva sociológica del hecho literario forma desde ahora parte de las preocupaciones de los sociólogos” (354). Más allá de la conclusión sobre la activación de la subdisciplina, no deja de resultar de interés el recordatorio sobre los nombres que conformaban el estado de la cuestión de la sociología de la literatura hacia mediados del siglo XX, varios de los cuales han terminado por ser desplazados (en parte por quedar asociados a otras disciplinas, como De Staël o Sartre, ligados en lo sustantivo a las literaturas comparadas y la filosofía, respectivamente; en parte por haber sido postergados dentro de los desarrollos de la propia sociología de la literatura, de la que hoy en día solo parecen ocupar un lugar en su historia más que en su presente, tal como ocurre con Goldmann y Escarpit). Todavía queda pendiente efectuar al menos una fugaz referencia a los otros dos puntos establecidos en “Situación actual de la sociología de la literatura”: el rechazo de la sociología y el fracaso de las perspectivas científicas. Sobre este último punto, además de decretar la insuficiencia de la perspectiva de Taine, Memmi indica que el marxismo “es probablemente el esfuerzo más avanzado para aprehender sociológicamente el hecho literario” (1963: 357), una valoración que, por cierto, tendió a ser reiterada en balances posteriores sobre la subdisciplina (solo por consignar un par: Parkhurst Ferguson, Desan y Griswold, 1988: 426-430; Wahnón, 1991: 127-151). Sobre el rechazo de la sociología, Memmi menciona la desconfianza de “la Sociedad” (356; mayúscula inicial en el original), en particular de los escritores, a verse aprehendidos por una indagación de orden sociológico (se trata de un tipo de diagnóstico que posteriormente fue elaborado con otras palabras por otros autores, como el mismo Bourdieu y su fórmula del “creador increado” [1992: 54], que justamente implica una resistencia o rechazo a la explicación sobre las condiciones sociales de emergencia de los artistas).
La cuarta dimensión de interés se conecta con el segundo apartado del texto, “Condiciones de una sociología de la literatura”, en que Memmi establece una serie de axiomas teóricos: 1) “considerar el hecho literario como un hecho sociológico”; 2) “no reducir el hecho literario a otra cosa que no sea él mismo”; 3) “el hecho literario es un hecho de valor”; 4) “el hecho literario no es un simple hecho de conocimiento”; 5) “el hecho literario no es una técnica de acción” (358-362; versalitas en el original). Cuatro comentarios sobre estas condiciones: en primer término, no caben dudas de la resonancia durkheimiana en la selección léxica (el propio Durkheim es mencionado antes, junto con los nombres de Comte y Mauss, para advertir acerca de la no consideración de la sociología de la literatura en sus obras [354]). En segundo término, así como el empleo del vocablo “hecho” constituye una suerte de garantía semántica de “sociologicidad” de raigambre durkheimiana, el delineamiento de las premisas arrastra cierto carácter difuso, incluso inconsistente, si me remito, por ejemplo, a la relación entre el primer y el segundo postulado: basta con releer ambos para quedarse con la duda acerca de en qué medida la no reducción del hecho literario a otra cosa pueda ser compatible con vincularlo a una dimensión sociológica; en otras palabras: si no es posible reducir el hecho literario a otra cosa diferente a él mismo, entonces parece improcedente decir que el hecho literario sea un hecho sociológico (lo cual implicaría algún tipo de disolución del hecho literario en lo sociológico y, por lo tanto, el reconocimiento de que sí es algo diferente a él mismo).27 En tercer término, sin que lo que prosigue implique una valoración positiva o negativa, llama la atención que tres de las cinco proposiciones suponen una delimitación por la negativa (especialmente la cuarta y la quinta, que especifican lo que el hecho literario no es: en un caso de manera parcial, en otro de forma absoluta). Por último, es evidente que “Condiciones de una sociología de la literatura” es un segmento argumentativamente débil, en gran medida porque las condiciones están apenas enunciadas y resta una justificación de mayor rigor; de todas formas, es igualmente meritoria la intención de buscar y explicitar axiomas teóricos iniciales (una tarea que, no en pocas ocasiones, los especialistas tienden a eludir).
Una quinta cuestión de relevancia reside en la amplia agenda de trabajo que Memmi plantea en el tercer y último apartado, “Perspectivas de investigaciones”. En este segmento, el autor concibe una sociología de la literatura plural y compartimentada, que comprende diferentes subáreas de estudio: una sociología del autor, encargada del estatus económico, el estatus profesional, la pertenencia socioeconómica, la visión ideológica y las generaciones literarias (363-366); una sociología de la obra, abocada a una sociología de los géneros y de las formas, de los temas, de los caracteres, de los personajes y de los estilos (366-368); una sociología del público, orientada a una indagación de los diversos públicos, de la comunicación, del éxito y de la crítica (368-370).28 Memmi concibe todas estas zonas de trabajo como partes integrales de un mismo espacio de investigación, al que solo subdivide con el afán de aprehender, de forma segmentada, lo que entiende como un “fenómeno dinámico” (1963: 362). Resulta pertinente observar que la división de tareas no va en contra de una teorización compleja, sino todo lo contrario: “no está prohibido adoptar la clasificación cómoda: Autor-Obra-Público, que corresponde a una división habitual y espontánea, y sin duda, asimismo, a tres momentos reales del destino dinámico del objeto literario” (362). La afirmación sobre el carácter cambiante del objeto de estudio se amplía mediante una reflexión que remarca la necesaria interrelación entre las diferentes perspectivas de investigación:
Pero ya no olvidaremos que no tenemos que vérnoslas con tres campos, o siquiera tres etapas separadas, sino con un solo fenómeno dinámico, que tratamos de comprender, ora en su génesis o en sus mecanismos estructurales, ora en su destino o en su aventura sociohistórica. Recordemos definitivamente que se trata, para nosotros, de iluminar diversamente un objeto único; todos nuestros esfuerzos, si queremos contribuir a la promoción de una verdadera sociología de la literatura, deben ordenarse alrededor de este punto. Así, una sociología del público, por ejemplo, si no quiere ser de mediocre interés para nuestro asunto, debe pensar constantemente en contribuir a la exacta fisonomía del objeto literario. Una sociología de la librería puede, por cierto, ser recuperada por una sociología de la literatura, pero con la condición de que se la vuelva a tomar y se efectúe en esta misma perspectiva. (362-363)
De este modo, las subáreas de especialización de la sociología de la literatura, según Memmi, no deberían operar como fragmentos aislados, sino con conciencia de su inserción en un programa investigativo de mayor envergadura. Es cierto que el texto, en su brevedad, no da indicaciones más precisas acerca de cómo lograr una genuina interrelación entre las diversas secciones de investigación. Sin embargo, contiene la lucidez de asumir la condición dinámica y compleja de su objeto de estudio, así como el esbozo de una clasificación que, gracias a su sencillez, no pierde vigencia y continúa siendo operativa más de sesenta años después.
Palabras finales
Probablemente desatendido por el hecho de haberse diluido en medio de un voluminoso Tratado de sociología, “Problemas de la sociología de la literatura”, de Albert Memmi, ha tendido a ser olvidado, cuando no directamente desconocido. Esto ocurrió en buena medida en Francia, país donde fue realizado, pero también en la Argentina, incluso a pesar de la existencia de una edición local. A raíz de dicha versión, traducida y publicada en Buenos Aires, consideré que valía la pena dedicar un escrito a tal trabajo, pero no como un acto de mera celebración bibliófila de descubrimiento de un texto perdido, sino con el convencimiento de que realmente tiene conceptos y definiciones que contribuyen a la confección de una sociología de la literatura desde el siglo XXI.
En el primer apartado, me detuve en algunas capas contextuales que revisten de una marginalidad múltiple a “Problemas de la sociología de la literatura”: primero, dentro de la obra de Memmi, en la que hay un predominio de producciones sobre otros temas, como las reflexiones sobre los colonizados, sobre el judaísmo y la judeidad o sobre la historia de la literatura magrebí de expresión francesa; segundo, dentro de la obra de Gurvitch, en que la sociología de la literatura emerge solo como una adición tardía en el diseño de su ambicioso proyecto global de sociología; tercero, dentro de la sociología de la literatura, tanto la francesa como la argentina (y, en general, tanto en Europa como en América Latina), el texto no suele ser tenido en cuenta en las bibliografías y los estados de la cuestión más actuales.
En el segundo apartado, me dediqué a inspeccionar diferentes aportes del trabajo de Memmi: primero, la concepción de una sociología de la literatura dentro de la sociología (lo cual, por supuesto, es una afirmación más vinculable con el proyecto intelectual de Gurvitch); segundo, el diagnóstico sobre el punto de partida problemático y programático de la subdisciplina; tercero, el sintético y lúcido repaso acerca de la situación disciplinaria y el estado de la cuestión hacia mediados del siglo XX; cuarto, el conjunto de axiomas teóricos postulados (en los que identifiqué lo que posiblemente sea la parte más débil de la argumentación de Memmi); quinto, la visión de una sociología de la literatura plural, con diferentes perspectivas y subáreas de investigación.
Luego de las dos secciones de despliegue descriptivo y analítico, en las líneas que restan me interesa cerrar con tres señalamientos finales, vinculados con la marginalidad del texto de Memmi en la bibliografía especializada, con el diseño de una agenda de investigación amplia y con la reapropiación de la sociología de la literatura por parte de la sociología.
En el nivel del estado de la cuestión sobre la subdisciplina, en la Argentina no había citas registradas de la versión nacional de “Problemas de la sociología de la literatura”, lo cual podría ser tomado como un indicador acerca de la tendencia al borramiento (no necesariamente voluntario) de fuentes bibliográficas del pasado que no han logrado ingresar en repositorios virtuales. Es cierto que la digitalización tampoco es sinónimo de que un texto pase a ser automáticamente considerado: valga como ejemplo el otro texto de Memmi sobre la temática en cuestión, “Cinq propositions pour une sociologie de la littérature”, que es hallable en Internet y, sin embargo, igualmente soslayado. En cualquier caso, un proyecto de sociología de la literatura consistente, elaborado desde el siglo XXI, no debería perder de vista la tarea de reponer y glosar trabajos pretéritos que sean significativos. De manera más específica, tampoco habría que descuidar los despliegues de la sociología de la literatura bajo la forma de importaciones editoriales en países periféricos: la Argentina no deja de sorprender con algunas de sus intraducciones pretéritas, de las que el texto de Memmi es un caso muy singular, pero no el único.
Al contrario de algunos textos contemporáneos en que priman la estrechez teórica y el desconocimiento de una no desdeñable porción del estado de la cuestión (dos fenómenos que suelen ir aparejados), el trabajo de Memmi es lo suficientemente abierto como para plantear una agenda de investigación que sigue siendo válida si se la retoma, con las debidas precauciones, desde el siglo XXI. Basta con hacer un simple ejercicio: la mera comprobación de que cualquiera de los trabajos que se publican en la actualidad podría ser inscripto en alguna de las categorías y subcategorías sugeridas por Memmi en el apartado de perspectivas de investigación (1963: 362-370). La clasificación propuesta es teóricamente sencilla, semánticamente despojada de tecnicismos y operativamente útil.29 Por si fuera poco, su programa contiene una lucidez sustantiva, derivada del reconocimiento de su carácter provisorio (y, en este sentido, se trata de un aporte que recuerda la condición de sempiterna inseguridad ontológica de la sociología de la literatura: su “atraso”, su ausencia de metodología, su déficit en la jerarquización de una agenda de problemas, etcétera).
Una de las cuestiones fundamentales de “Problemas de la sociología de la literatura” radica en la posibilidad de concebir a la sociología de la literatura dentro de la sociología, sin que esto vaya en detrimento de los despliegues sobre la materia provenientes de los estudios literarios. Pero, por supuesto, sin olvidar tampoco el hecho de que la disciplina sociológica tout court no es estática y que ella misma ha variado de múltiples y contingentes formas a lo largo de los años. Considero esencial que la sociología de la literatura pueda discutir tanto con diversas áreas de los estudios literarios como con la sociología y sus diversas especializaciones, no solo con las más afines (sociología de la cultura, sociología del arte, sociología de los intelectuales), sino con aquellas a priori más distantes, como la sociología económica, la sociología política, la sociología de la educación o la sociología de la salud, entre tantas otras. El texto de Memmi, con su acto de presencia dentro del Tratado de sociología de Gurvitch, se convierte en una referencia clave para repensar estas relaciones intradisciplinarias (además de las interdisciplinarias).
Por último, tan solo advierto que los tres señalamientos postreros son apenas una parte de los argumentos que refuerzan la valía del texto de Memmi para una sociología de la literatura hecha (y por hacer) en y desde la Argentina. Pero la lucidez, la claridad y la anticipación de diagnósticos que otros autores formularon posteriormente son también un taxativo indicador de su relevancia para los desarrollos de la subdisciplina en cualquier parte del mundo.
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1 El artículo que presento en esta ocasión es uno de los resultados de una estancia de investigación en la Biblioteca del Congreso de la Nación de la Argentina, efectuada durante agosto y septiembre de 2023, en el marco del Programa de Becas de la Unidad de Investigación y Vinculación Científica de dicha institución. Hice una primera exposición oral del trabajo el 20 de septiembre de ese mismo año, en una de las reuniones semanales de aquella estancia. Realicé una segunda presentación el 29 de octubre de 2024, en el marco de las I Jornadas de Sociología de la Literatura, organizadas por el Grupo de Estudios de Sociología de la Literatura (Gesol) y auspiciadas por el Instituto de Investigaciones Gino Germani.
2 En principio, dos nombres propios se asocian a la intraducción argentina: María C. Eguibar, traductora del segundo tomo, y León Dujovne, revisor y prologuista de toda la obra (Dujovne, 1962). En ellos hay una constancia por escrito acerca de dos lectores probados en territorio nacional (por cierto, también hallé una prueba de otro lector o lectora en los subrayados sobre el texto impreso del volumen del Tratado de sociología que pertenece a la Biblioteca “Norberto Rodríguez Bustamante”, en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires).
3 El segundo apartado de “Problèmes de la sociologie de la littérature”, intitulado “Conditions d’une sociologie de la littérature” (1960: 303-306), repite exactamente las mismas cinco premisas de “Cinq propositions pour une sociologie de la littérature” (1959: 154-158), aunque con algunas variaciones en los párrafos en que cada una es glosada. También en ambos textos se reitera, con algunas variaciones, el diagnóstico de partida sobre la condición “atrasada” de la subdisciplina, sobre el estado de la cuestión escaso, etcétera.
4 Judaken apela a una descripción de Linfield (2019: 165), quien remarca la pulsión combinatoria e integradora que confronta los binarismos excluyentes: “Most striking was his ability to reject the either/or polarities of Arab or Jew, socialism or Zionism, national liberation or internationalism”.
5 Para un panorama sobre las ciencias sociales en Francia luego de la Segunda Guerra Mundial y hasta finales de la década de 1960, resulta de utilidad el aporte de Drouard (1982), en que se destaca a Gurvitch no solo en términos de sus propuestas conceptuales y programáticas para la sociología, sino como articulador y fundador de instituciones (como el Centre d’études sociologiques [CES], la Association internationale des sociologues de langue française [AISLF] o la revista Cahiers Internationaux de Sociologie). Para una retrospectiva centrada en Gurvitch y sus preocupaciones teóricas, hay un valioso artículo de Marcel (2001).
6 A través de una consulta por correo electrónico con Guy Dugas (a quien agradezco de corazón), uno de los estudiosos y especialistas más reconocidos en la obra de Memmi, obtuve la confirmación sobre este diagnóstico del que había encontrado indicios dispersos en la bibliografía indicada, junto con otras precisiones que reproduzco a continuación. Dugas me informó que los escritos sobre la sociología de la literatura corresponden a un período concreto de su carrera profesional y que fueron realizados en su mayoría bajo la supervisión de Georges Gurvitch con el fin de obtener un puesto en una universidad francesa después de que su familia abandonara definitivamente Túnez en septiembre de 1956. Me comentó que los trabajos de Memmi, además de la sociología de la literatura, se centraron principalmente en la sociología de las comunidades judías norafricanas y en la psicosociología infantil (esta última abandonada cuando se marchó a Francia). Por último, me brindó el detalle, a raíz de su trabajo de edición de los diarios personales del escritor (Les hypothèses infinies. Journal 1936-1962, un libro al que no pude tener acceso hasta el momento), de que las relaciones de padrinazgo incluyeron no solo a Georges Gurvitch, a quien Memmi debía gran parte de su integración en el mundo académico francés, sino también a Daniel Lagache y René Zazzo, con los que entabló una relación más discreta, pero más sincera y desinteresada (comunicación personal con Guy Dugas, septiembre de 2023).
7 Por supuesto, tampoco quiero sugerir que Memmi no se haya apropiado, a su manera, del encargo recibido. Incluso demuestra viveza cuando, en una nota al pie de “Problemas de la sociología de la literatura”, bromea acerca de las restricciones que pesan sobre la extensión permitida de su escrito y aclara que le hubiera gustado explayarse más acerca de dos sintagmas, el “objeto literario” y la “eficacia estética”: “No podemos ¡ay! [sic] abusar de la hospitalidad del director de este Tratado” (Memmi, 1963: 361n).
8 A continuación, me sirvo de la edición francesa, pero cabe advertir que hubo una edición en lengua española, editada en México (Gurvitch, 1953). Dicho sea de paso, el fragmento citado corresponde al texto introductorio, que previamente había sido publicado como artículo de revista, tanto en francés, en el primer número de la revista fundada por el propio Gurvitch, la ya aludida Cahiers Internationaux de Sociologie (Gurvitch, 1946a), como en español, en la Revista Mexicana de Sociología (Gurvitch, 1946b).
9 A propósito de deliberaciones sobre nomenclaturas, Arturo Casas recuerda que, ya a fines de la década de 1960, en una discusión acerca de la sociología del arte, Alphons Silbermann efectúa una dura crítica sobre la macrocategoría de “sociología del espíritu” sostenida por Gurvitch (Silbermann, 1968: 619-620; Casas, 2020: 234).
10 Unas líneas más adelante brindo algunos detalles adicionales, pero, como anticipé en la introducción, se trata de una obra que también contó con una veloz traducción y edición en lengua española (Gurvitch, 1962; 1963).
11 A nivel institucional, el “Groupe de Recherches sur la sociologie de la littérature” constituía una “section du Groupe de Sociologie de la Connaissance et de la Vie morale, sous la diretion générale de M. Gurvitch”, en el Centre d’études sociologiques y en la sexta sección del École pratique des hautes études (Memmi, 1959: 149 y 149n; itálicas y versalitas en el original).
12 En “Cinq propositions pour une sociologie de la littérature” (1959: 150n), Memmi se refiere al “atraso” de la sociología de la literatura ante la sociología del arte. Distingue dos tipos: uno relativo, vinculado con la sociología y sus diferentes ramas (sociología económica, sociología política, sociología del arte); otro absoluto, inherente a la propia subdisciplina (Memmi, 1959: 150). Dicho sea de paso (y más allá de que toda eventual discusión sobre un aparente “atraso” no deja de vincularse con un tipo de asunción de orden teleológico), en una mirada retrospectiva reciente Casas llamó la atención sobre las diferencias en los procesos de emergencia, desenvolvimiento e institucionalización de la sociología de la literatura y la sociología del arte, pues esta última sí logró estabilizarse con mayor éxito (2020: 232-238).
13 Hacia el final de la entrevista con Malka, Memmi no es tan despectivo con respecto a la escritura académica. En oposición a cierto imperativo del ámbito universitario francés de la segunda parte del siglo XX, según el cual la diafanidad expositiva resulta asociada a la poca profundidad, declara que él tiene una obsesión por la claridad y la transparencia de la prosa, lo cual implica, de manera adicional, un tipo de esfuerzo literario (1977: 200-201).
14 Más allá de las ediciones argentinas de libros y textos de Memmi que consigno en lo que sigue, es curiosa otra forma en que la Argentina se hace presente en su obra: en el final de La estatua de sal, el protagonista, una suerte de alter ego del propio autor, decide abandonar Túnez y viajar hacia la Argentina (Memmi, 1979: 318 y ss.).
15 Con respecto a las actividades de la editorial Kapelusz, hay un breve resumen de Aguado (2014), quien, en su descripción de la industria editorial argentina entre 1956 y 1975, indica la orientación de tal empresa hacia la publicación de textos escolares para la enseñanza (2014: 142-143). Por cierto, a propósito del período de consolidación del mercado interno argentino, vale destacar que por aquellos años fueron publicadas, por iniciativa de diferentes casas editoriales, otras versiones locales de títulos que pertenecen al ámbito de la sociología de la literatura: la Compañía General Fabril Editora lanzó una temprana edición de Sociología de la literatura (1962), de Robert Escarpit; Nueva Visión hizo lo propio con Sociología de la creación literaria (1971), un volumen colectivo que reúne siete aportes firmados por Lucien Goldmann, Jacques Leenhardt, G. N. Pospelov, Umberto Eco, Georg Lukács, Geneviève Mouillaud y Matthias Waltz; Amorrortu se hizo cargo de Novela y sociedad (1973), de Michel Zéraffa.
16 Una tercera cita pertinente resulta menos explícita que las dos de arriba, pues se refiere de manera general a todo el Tratado de sociología: se trata de la tesis doctoral de Alejandro Blanco; en una nota al pie, este investigador se refiere a la relación entre Dujovne y Gurvitch: “A juzgar por el número de títulos publicados puede señalarse la presencia de un pronunciado interés de Dujovne por los escritos de Gurvitch, la figura entonces dominante de la sociología francesa. Hay que recordar a este respecto que en 1962 Dujovne escribe un extenso prólogo al Tratado de Sociología, dirigido por Gurvitch y editado por la editorial Kapeluz [sic] en su ‘Colección Universitaria. Serie Filosofía y ciencias sociales’. De cualquier modo, la orientación sociológica inspirada por Gurvitch no encontraría seguidores en Argentina como tampoco en América Latina” (Blanco, 2005: 164n-165n). A propósito de las dificultades de Gurvitch para hacerse de acólitos en América Latina (y de las referencias que escasean a su obra y, por arrastre, al texto de Memmi), es curioso notar que el comentario citado de Blanco fue eliminado en la versión de su tesis editada como libro (Blanco, 2006).
17 Negrín (1993), en un repaso sobre la propuesta teórica de Cros, menciona a Memmi, aunque solo como parte de reponer la argumentación del autor francés, sin que haya una referencia bibliográfica explicitada. Otra cita cercana, pero que no incluye una apelación específica a Memmi, se halla en un volumen colectivo editado bajo el título de Sociología del arte; en la introducción (referida en una nota precedente en su versión en francés, de la que proviene la traducción y edición de Buenos Aires), Silbermann se refiere al trabajo de Gurvitch (en la versión en francés), a propósito de la ya aludida crítica a la macrocategoría de “sociología del espíritu” (Silbermann, 1971: 11-12).
18 Donde sí parece que hubo una recepción atendible del texto de Memmi fue en Italia, país en que el tratado de Gurvitch contó con una edición local que fue leída y citada, tal como ocurre en libros de Corsini (1974), Ricciardi (1974), Grassi (1979) o Luzi (1984), aunque estas referencias no dejan de pertenecer, por supuesto, a un intervalo temporal pretérito. Queda igualmente abierto el interrogante acerca de las especificidades de las diferentes recepciones de sendas ediciones locales del texto de Memmi: si en la Argentina no contó con la validación de dos agentes clave para la sociología de la literatura, como fueron en su momento Altamirano y Sarlo, la reiteración de las citas en Italia demuestra que en aquel país el texto sí fue conocido y apropiado por intelectuales interesados en la sociología de la literatura.
19 El vínculo entre Dujovne y Gurvitch puede retrotraerse, a nivel institucional, a la ya aludida Association internationale des sociologues de langue française, cofundada por el mismo Gurvitch y Henri Janne. Esta organización no solo contó al argentino entre sus integrantes (Lértora Mendoza, 2005: 18), sino al propio Memmi, quien ocupó algunos puestos administrativos, como los de tesorero y secretario adjunto, según la información proporcionada en el sitio web de la asociación: https://www.aislf.org/albert-memmi (recuperado el 2 de agosto de 2025). Con respecto a la figura de Dujovne, un profesor universitario orientado a la filosofía de la historia, puede consultarse la biografía listada por Lértora Mendoza (Dujovne, 2005: 49-58). De la revisión acerca de la obra de Dujovne se desprende, en otra dimensión adicional, que la sociología de la literatura emerge como un área de conocimiento lateral en sus intereses, apenas contemplada dentro de una preocupación general en torno a la sociología a secas (y más allá de la curiosidad que la subdisciplina pudiera haberle suscitado).
20 El tono de Dujovne es ciertamente elogioso: “¿Cuáles son los factores sociales que influyen en la creación literaria? ¿Cuáles actúan sobre el público destinatario de la literatura? ¿Qué es el crítico en materia literaria? ¿Qué es el crítico frente al lector común y frente al autor? Todo esto está muy bien examinado en las páginas de Albert Memmi” (Dujovne, 1962: xvi).
21 Por supuesto, hay otras ediciones en lengua española que provienen de la península ibérica, como El hombre dominado (1972) o la edición madrileña del ya mencionado Retrato del colonizado, precedido por Retrato del colonizador (1971). Este último título puede contabilizarse como otro caso que ilustra la velocidad selectiva que a veces tuvo (y aún sigue teniendo) el mercado del libro argentino para detectar, traducir y publicar títulos en lenguas extranjeras (un mercado que, a pesar de sus reiteradas crisis, en no pocas ocasiones pudo anticipar los movimientos del gran centro productor en España).
22 Más allá de lo que haya ocurrido con la intervención de Memmi en la Argentina, no hay que olvidar que es extraño toparse con la sociología de la literatura en libros panorámicos sobre la sociología tout court. Al contrario, sí es esperable (aunque tampoco sea habitual) hallarla en trabajos de crítica o teoría literaria. Esto es lo que sucede con el ya referido aporte de Cros (1993), al que es posible sumar al menos un par de alusiones: una en el Dictionnaire de critique littéraire de Gardes-Tamine y Hubert (1996: 198) y otra en el Diccionario de teoría de la narrativa de Valles Calatrava (2002: 560-561).
23 Las citas y referencias en el cuerpo del texto de este apartado se remiten a la versión porteña del trabajo de Memmi (1963), por lo que, en lo que sigue, omito la reiteración del año dentro de cada paréntesis y solo indico los números de páginas.
24 La inseguridad ontológica es una constante, a lo largo del tiempo, en las reflexiones sobre la sociología de la literatura. Solo por recordar dos formulaciones de los últimos años: Glinoer empleó el sintético sintagma del “pecado interdisciplinario” de parte de toda perspectiva sociológica sobre la literatura (Glinoer, 2024), mientras que Sapiro optó por enfatizar el doble rechazo que recibe la sociología de la literatura, “[t]rop « sociologique » pour les littéraires et trop « littéraire » pour les sociologues, affiliée dans certains pays à la littérature, dans d’autres, à la sociologie, elle souffre d’une abscence d’institutionnalisation qui contraste avec la richesse des travaux produits dans ce domaine depuis un demi-siècle” (Sapiro, 2014: 7).
25 Se trata de nombres propios que, por lo general, han caído en el olvido. Quizá valga la pena recordar que, en 1958, Escarpit declara que debe a Henri Peyre el impulso de iniciar un proyecto de sociología de la literatura: “C’est Henri Peyre qui, dès 1950, m’a conseillé d’entreprendre des recherches de sociologie littéraire” (Escarpit, 1960 [1958]: 12n).
26 En el texto está escrito con p, “Thompson” (354), pero al parecer se trata de una errata reproducida de la versión francesa (Memmi, 1960: 300); en su lugar, debería decir “Thomson”, si acaso se refiere al helenista británico de orientación marxista. Dicho sea de paso y solo como mera curiosidad jocosa, el trabajo contiene al menos una errata más, tanto en la versión francesa como en la argentina: en la lista bibliográfica final, Mímesis, el famoso trabajo de Auerbach, figura como “Nemesis” [!] (Memmi, 1960: 314; 1963: 371).
27 Lo que subyace a estas afirmaciones es, entre otras cuestiones, una noción vaga acerca de la sociología tout court, que permanece sin ser definida por parte de Memmi (nobleza obliga: corresponde advertir que la primera parte del tratado de sociología se encarga de tal definición [Gurvitch, 1962: 3-30]).
28 Desde páginas anteriores, Memmi introduce, al pasar, otras clasificaciones: la distinción “entre una Sociología del escrito y una Sociología de la literatura” (359; itálicas en el original); la intuición de que “la sociología de la literatura debe ser también una sociología de la fantasía” (361; itálicas en el original), incluso una “sociología del anhelo” (361n; itálicas en el original); la concepción de otras zonas de investigación, como una “sociología de la librería” (363). En “Cinq propositions pour une sociologie de la littérature”, ya había anticipado la visión de una estructura compartimentada, así como la necesidad de apelar al trabajo interdisciplinario: “Il faudra évidemment une sociologie de l’auteur et une sociologie du lecteur, une sociologie de l’impression et une sociologie de l’édition, une sociologie de la distribution et de la librairie... (Et nous ne parlons ici que de sociologie; il est clair qu’il faudra faire appel également à d’autres disciplines: psychologie, histoire, histoire des idées, etc.” (1959: 155-156).
29 A propósito de la pulsión por lograr una claridad expositiva (una voluntad ya aludida en una nota al pie precedente), en la citada conversación con Malka, Memmi sostiene: “trato de dar a esos textos, aun a los técnicos –salvo a los que están firmados colectivamente y que ya no son míos sino de un equipo–, la forma más adecuada, que para mí es –como ya lo dije– la más comunicativa posible. Y éste es un esfuerzo literario… aunque haya en ello un peligro específicamente universitario francés: si se escribe con demasiada claridad uno pasa por poco profundo. Pero en mí hay una verdadera obsesión por llegar a la claridad, a la transparencia: quiero ser comprendido, tal vez a causa de los esfuerzos que tuve que hacer para comprender esta lengua [francesa] y para hacerme entender” (Malka, 1977: 200-201).