políticas públicas que logren equilibrar la innovación tecnológica con la protección y
fortalecimiento de los procesos formativos.
En concordancia con lo mencionado, se puede deducir que, la IA debe tomarse con pinzas a
la hora de emplearla en el salón de clases, pero aclara que son más las oportunidades que tiene esta
práctica. Como fiel defensor del uso de la tecnología en la escuela, satanizar la inteligencia artificial
es una anatema; en lo que sí hace el llamado es en la necesidad de unas orientaciones generales
desde los gobiernos políticos (en Colombia sería por parte del Ministerio de Educación Nacional,
MEN, 2009), para que hayan unas reglamentaciones claras más allá que por ahora a nivel
internacional solo se esté persuadiendo a usar la IA de forma responsable y ética, confiando de esta
manera en la buena fe de estudiantes, profesores, empresas, entre otros.
Por otra parte, Delgado et al., (2024), aseguran que el profesorado, en general, observa más
limitaciones que beneficios al usar la inteligencia artificial por parte de los estudiantes,
argumentando que los fallos de esta no permiten la correcta utilización de la misma. Entre las
ventajas que observaron están el fomento de la creatividad, el desarrollo de habilidades que van
más allá de la mera interiorización de contenidos aislados; en contraposición, aducen que la posible
falta de revisión crítica de los resultados ofrecidos por la IA puede llevar al deterioro de las
habilidades de orden mayor. También encontraron que la línea para distinguir lo que hace el
alumno y lo que no, se hace más delgada cada día, lo que implica el aumento de plagio en algunos
casos.
Por lo tanto, se evidencia que una gran cantidad de docentes siente que el uso de la IA debe
seguir siendo objeto de estudio en lo relacionado con sus riesgos, porque está visto que, si se utiliza
de manera responsable y ética, puede mejorar la calidad de la educación, así como potenciar las
habilidades de los estudiantes, desde lo cognitivo hasta lo creativo. Pero, para que esto sea viable,
es necesario que la preocupación siga viva, pues es la que se va a encargar de que el uso de esta
tecnología se de en entornos académicos controlado, guiado y monitorizado, para evitar caer en la
tendencia de aceptar como cierto e incuestionable todo aquello que sea generado por un modelo de
IA.
En esa misma línea, Rodríguez y Del Cid (2025), van más allá del mero uso de la IA en el
aula, argumentando que si se quieren lograr avances importantes en la educación, los
programadores de los modelos de inteligencia artificial deben trabajar profundamente en su diseño-
programación estructurada así como el propósito de esta hacia la promoción del pensamiento
crítico y analítico en aras de que los estudiantes no dejen obsoletas habilidades trascendentales
como las ya mencionadas por ofrecer respuestas directas sin incentivar a la comprensión, dando
como resultado un aprendizaje superficial. Además, enfatizan en la necesidad de utilizar la IA
mediada por principios éticos claramente fundamentados, de modo que, no se caiga
ineludiblemente en la dependencia excesiva que erosione las habilidades de orden superior,
pasando de ser una herramienta -como debería ser- al reemplazo del razonamiento de los sujetos.
Teniendo presente la perspectiva de esos autores, es evidente que la dicotomía tratada en el
presente artículo, no gira en torno a usar o prohibir la IA, sino reconfigurar su propósito ya que, la
invitación es a romper el paradigma actual de pedir respuestas sin cuestionar y buscar que haya
una garantía de la mediación tecnológica respetando los principios éticos de la formación humana.
En otras palabras, la IA no debería recibir el rol de piloto sino de cooperador/ayudante en la
navegación hacia el conocimiento académico sin arrebatarle el timón (para seguir con la metáfora)
en el proceso de construcción de sentidos. En efecto, se puede inferir que los autores anteriormente
citados, defienden la idea de hacer uso de los modelos de inteligencia artificial para delegarle
búsqueda de información, porque se optimiza esta labor, pero que dejar que ella haga procesos de
síntesis y juicios valorativos, se convierte en un riesgo latente, atrofiando las habilidades de
pensamiento superior.