distintas maneras en su formación. De igual forma, Martínez-Otero (2018) menciona que los
problemas de conflictividad más frecuentes surgen entre los alumnos y docentes. Así mismo,
Zepeda (2020) exponen que en los salones de clase se presentan los conflictos en los estudiantes
de manera natural.
Además, Mendoza y Barrera (2018); Monge-López y Gómez-Hernández (2021); Vera et al.
(2021); Ruiz et al., (2019); Márquez y Gaeta (2017), plantean que, la convivencia escolar se
constituye un aspecto indispensable no solo dentro del perímetro educacional, sino también en el
social; ya que estos elementos se erigen como indicadores de la llamada Educación de Calidad, en
consecuencia, la existencia de conflictos escolares rompe la armonía en el ámbito educativo,
afectando el proceso de enseñanza aprendizaje (Oróstica, 2020; Álvarez et al., 2020).
Por otro lado, Cuervo (2019), Martínez y Prado (2019), definen el conflicto como una acción
perjudicial de tipo física o verbal ejecutada entre integrantes del colectivo educativo (alumnos,
profesores, padres de familia, y/o autoridades). Así mismo, Quintero (2018), Ramón et al. (2020),
Álvarez et al. (2020), Ceballos-Vacas y Rodríguez-Ruiz (2023), expresan que los conflictos
escolares generan violencia general, lo que significa que el uso de la fuerza física puede causar
daños a la integridad de la persona con el agravante de producir daño psicológico. Con base en lo
expuesto, el conflicto escolar es una subdivisión de la violencia interpersonal comunitaria que se
ubica dentro de la violencia escolar. Por lo tanto, los conflictos escolares violentos son factores
nocivos que afectan el desarrollo académico de los estudiantes y la situación se agrava porque este
tipo de problemas pueden generar una serie de manifestaciones de violencia tanto física como
psicológica. Sin embargo, Toro (2017), Moreno y Jurado (2023), Carmona (2020), Rubio y
Caballero (2018), plantean que los conflictos tienen diferentes niveles de intensidad que depende
de la forma como se gestionan los mismos.
El conflicto tiene correspondencia con las relaciones sociales, y surge de manera necesaria
como consecuencia de diferencias surgidas por posiciones, intereses y necesidades distintas. No
obstante, la conflictividad escolar es el resultado de la desigualdad y abuso de poder. Es una
conducta socialmente adquirida que involucra una clara intención de control, imposición,
manipulación o perjuicio a otros. En el contexto educativo, el conflicto se genera mayormente en
la escuela obstaculizando las metas educativas y afectando la integridad de cualquier miembro de
la institución educativa. Más allá de ser un fenómeno fortuito o eventual, el conflicto escolar es un
problema integral que afecta el dinamismo social sobre el que debe generarse el quehacer
educacional (Pacheco, 2018; Monge-López & Gómez-Hernández, 2021; Vera et al., 2021; Cedeño
Anchundia & Obaco Soto, 2023; UNESCO, 2023).
El comportamiento de los estudiantes puede verse afectado debido a los cambios drásticos
experimentados durante la adolescencia. Autores como Ezeiza Pohl (2020), Goleman (2017),
Davidson (2012), Rodríguez (2014). presentan diferentes factores que inciden en el desarrollo
físico durante la adolescencia, aunque ellos ni siquiera lo noten, también el desarrollo emocional
debido a las alteraciones hormonales se hace presente generando cambios de ánimo drásticos que,
consecuentemente, perturban la estabilidad emocional provocando entre otras cosas ciertas dudas
existenciales y una serie de conflictos propios de la edad. El entorno social, el medio donde los
adolescentes llevan a cabo sus actividades, puede ser el motivo de un pobre desarrollo educativo,
de ahí que la construcción de un clima escolar pacífico y una convivencia saludable son
fundamentales para un adecuado desarrollo. La desatención de estos aspectos, sumado a ambientes
familiares disfuncionales pueden convertirse en factores de riesgo en la generación de conflictos.
Pocas veces se analiza el conflicto en las instituciones educativas, por lo que su existencia es
difícil de documentar. Los conflictos entre alumnos y profesores son cada vez más frecuentes, con
reiterados litigios, hostilidad y actitudes negativas. Un ambiente de discordia exacerba las
relaciones existentes dentro de la escuela. El ambiente en el que el conflicto es visto como negativo
en las escuelas no solo tiene un impacto significativo en el trabajo profesional de los docentes, sino