defensa de las adversidades, son capaces de cambiar y establecer redes neuronales en el cerebro
social.
Luego, Kotliarenco (2021), investiga sobre la resiliencia y su importancia en la educación
del grupo familiar, fundamentalmente la madre; expresa que las desventajas socioeconómicas
tienen un impacto en el desarrollo de habilidades cognitivas, lingüísticas y emocionales. Observa
que la educación infantil en Chile (donde realiza su investigación), se promueve el aprendizaje a
partir de los conocimientos de la psiconeurobiología, afirmando el desarrollo integral del estudiante
influenciado por las intervenciones del medio, la familia; en tal sentido una escuela será exitosa en
la medida en que la familia sea exitosa.
Lo anteriormente expresado se traduce en que una de las consideraciones de la escuela ha de
ser la salud mental de los padres de los estudiantes y desde allí fomentar las interacciones sanas
entre padres e hijos, manteniéndolas el mayor tiempo posible e iniciándolas tempranamente, y
mantener estas intervenciones en la niñez tardía y en la adolescencia. Luthar et. al. (2006), propone
trabajar la pauta de la crianza de padres con sus hijos, con énfasis en las áreas más deficitarias
encontradas en el estudiante o que presentan mayor riesgo, otorgándole énfasis al trabajo con los
padres en cuanto a eficacia y enfrentamiento efectivo.
Además, Kotliarenco (2021) confirma que las intervenciones tempranas familiares,
educacionales y comunitarias, tendrán éxito si se descansa en la resiliencia, cuya base es la
construcción de buenas relaciones sociales, relaciones que permitan sentir a los niños que son
aceptados incondicionalmente. En cuanto a las pautas de crianza propone la parentalidad positiva,
la cual define como la conducta de los padres basada en las necesidades del niño, que cuida, que
desarrolla capacidades y habilidades sin violencia ofreciendo reconocimiento y orientación que
incluyen el manejo de límites que permitan el niño se desarrolle plenamente.
Finalmente, Kotliarenco (2021), plantea que, a partir del desarrollo de la neurociencia en los
años 90, se logra que el concepto de resiliencia se amplíe de forma global y multidisciplinaria; los
estudios que avalan el desarrollo de la resiliencia se ampliaron con los aportes de la genética, de la
neurofisiología y del sistema endocrino, siendo importante considerar que será el ambiente el que
estimule el desarrollo de la habilidad potencial resiliente. Resalta la importancia del apego en los
primeros años de vida, en donde los cuidadores - figuras significativas principalmente a cargo de
sus padres-, desarrollarán este tipo de apego el cual requiere ser seguro para que constituya la base
del bienestar posterior en la vida adulta del niño y del comportamiento resiliente.
Perspectiva Teórica de Resiliencia según Forés y Grané
El principal elemento que refieren Forés y Grané es el concepto de la resiliencia generativa
hace referencia, precisamente, a dicha capacidad humana de vivir, pone el énfasis a todo aquello
que consiste en promover la vida y generar la felicidad de las personas. Resiliar no es solo resistir
y seguir, hay que aprender a caminar de nuevo, aprender a respirar, a vivir en sociedad. Cuando se
aleja la muerte, la vida no regresa con un simple chasquear de dedos, hay que aprender a vivir, es
generar vida, es tejer vida para siempre. Resiliar es una compleja obra de punto en la que el tejido
se anuda mediante la lana de la generatividad afectiva y social.
Por otra parte, Forés y Grané (2019) exponen que estudios más actuales de la resiliencia están
centrados en los aspectos cualitativos, con una mirada más integral y holística, donde se evidencian
los aportes de la neuroplasticidad, funciones ejecutivas y la epigenético. Así mismo, Davidson y
Begley (2012) explican que son cuatro los elementos de las bases del desarrollo neuroemocional:
la neuroplasticidad, la epigenética, las vías bidireccionales entre cuerpo y la mente, la bondad, la
condición altruista y compasión. Afirman que el cerebro se transforma con otros cerebros humanos,
al estimular la ternura en la niñez y la adolescencia, se promueve en la mejora en los resultados
académicos, el bienestar emocional y la salud en general.
El ejercicio es importante para el bienestar físico, ya que disminuye el cortisol, hormona del
estrés, fomenta la producción de endorfinas como hormonas del bienestar. Las funciones ejecutivas