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Prevalencia y control de Cotylophoron spp/ Urbina-Andueza y cols.
INTRODUCCIÓN
En el trópico americano, las enfermedades parasitarias
se consideran un tema crítico en materia de salud animal
para la gestión de sistemas ganaderos sostenibles, puesto
que comprometen significativamente el bienestar animal e
incrementan los costos de producción. Las parasitosis poseen
una compleja etiología, la cual, está determinada por factores
propios de la interacción parásito-huésped-ambiente que agrupa
diferentes agentes propios del agroecosistema como garrapatas,
moscas, piojos, helmintos y protozoos, cuyo tamaño, forma,
rutas de infección y etapas de vida pueden persistir dentro de
sus huéspedes según la especie, sin ningún beneficio para el
animal, es decir, el parásito en forma temporal o permanente
se nutre a expensas de otro organismo, imponiendo altos
costos energéticos mientras obtiene los nutrientes que exige,
ocasionando daño estructural o funcional que deriva en una
patología para el huésped [1].
La recurrente presencia de signos clínicos compatibles
con parasitosis gastrointestinal en rumiantes, representa una
de las principales causas de pérdidas económicas para los
planteles lecheros a nivel mundial, esto, debido a que afecta
negativamente la conversión alimenticia, un lento crecimiento
de las crías, limitada productividad y reducción significativa en
la respuesta inmune. Las infecciones por helmintos son ubicuas,
se transmiten regularmente vía oral mediante la ingestión de
trazas fecales presentes en el agua, suelo o alimentos, siendo
los bovinos a pastoreo la especie más susceptible a contraer
patologías parasitarias debido a la dinámica constante de
reinfección en las pasturas [2, 3].
Las pérdidas económicas por diagnóstico de parasitosis
gastrointestinal, en su mayoría, no son atribuidas a la mortalidad,
sino a un curso crónico de anemia, diarrea, crecimiento deciente
y baja tasa reproductiva; sin embargo, infecciones por helmintos
comunes en el ganado bovino cada día resultan más difíciles
de controlar, principalmente la trematodosis, responsable no
solo de condicionar los indicadores de eficiencia biológica en
los rebaños, sino que algunas resultan zoonóticas, generando
preocupaciones de salud pública e impactando negativamente al
sector ganadero; al respecto, en América Latina y el Caribe, hay
un décit de estudios sobre la diversidad de duelas ruminales y
las enfermedades que causan, al respecto, prevenir y tratar estas
cargas parasitarias es un paso importante para incrementar la
capacidad de los productores para criar ganado bovino sano,
mantener buena rentabilidad y satisfacer la demanda proteica [4].
Los parastomas, un grupo de trematodos gastrointestinales
que infectan a todo el ganado rumiante, incluidos vacunos,
bufalinos, ovinos, caprinos y cérvidos, parece no despertar
atención en los planes de control sanitario que se disponen
en gran parte de los sistemas ganaderos del trópico, donde
su prevalencia y morbilidad es muy relevante, esto, debido a
que las condiciones climáticas resultan ideales para que en
el hospedador intermediario (caracoles acuáticos) el parásito
crezca y complete su ciclo de vida; por otra parte, durante la fase
juvenil (1-2 mm de longitud), permanece enquistado a nivel del
intestino delgado (duodeno) de su huésped nal, lesionando el
revestimiento intestinal donde se ja para alimentarse causando
Parastomosis larval [5]. La familia Paramphistomidae contiene
la mayoría de especies conocidas de trematodos que afectan
a los rumiantes domésticos y salvajes, en especial los géneros
Paramphistomum spp. y Cotylophoron spp., ambos tienen
una amplia distribución geográfica a nivel mundial y mayor
prevalencia que las especies de otros géneros; al respecto,
expertos comentan que Cotylophoron spp. (Fischoeder, 1901)
ha desarrollado mecanismos fisiológicos y bioquímicos que le
permite sobrevivir dentro del entorno especializado del huésped,
causa gastroenteritis parasitaria con un cuadro clínico que sólo
se maniesta cuando la carga de sus formas inmaduras es muy
alta, resultando en un síndrome de mala digestión que en casos
extremos produce anorexia y muerte [6].
Sivaraman y col. [7] documentan en un caso clínico que,
aunque trematodos adultos como Cotylophoron spp. dispuestos
en el rumen de los animales aparentemente sanos causan poco
daño, la tasa de mortalidad debido a parastomas inmaduros es
considerable, alcanzando una tasa del 80% aproximadamente.
Los adultos de Cotylophoron spp. se encuentran principalmente
en el rumen y retículo, poseen cuerpo alargado, cónico, oval
y aplanado, son de color rosa o rojo oscuro, miden de 5-8 por
2,5-3,5 milímetros (mm), no hematófagos que se alimentan
exclusivamente del contenido ruminal [8]. El ciclo de vida es
complejo, muy similar al de Fasciola hepatica, pues precisa
de un pequeño molusco como hospedador intermediario. Los
huevos operculados de Cotylophoron spp. se eliminan con la
materia fecal y, dependiendo de la temperatura, eclosionan
a los 12 o 21 días (d), dando origen a miracidios ciliados
móviles que invaden caracoles acuáticos del género Fossaria
sp., Planorbis sp. y Bulinus sp., estos miracidios se multiplican
asexualmente a los 11 d en el hospedador intermedio para
convertirse en cercarias, las cuales, después de una maduración
adicional de 23 d aproximadamente en el interior del caracol,
se desprenden continuamente durante un año, jándose en las
pasturas como metacercarias viables durante tres meses, las
cuales son ingeridas por el huésped final mientras pastorea y
permanecen allí durante unas 6 u 8 semanas. Los juveniles de
Cotylophoron spp. se adhieren rmemente a la mucosa duodenal,
la cual permanece enrojecida con secciones de hemorragias
petequiales, siendo este, el indicador anatomopatológico de
que ocurre la migración hacia el rumen, lugar donde maduran
y comienzan a producir los nuevos huevos mientras se
desencadena una respuesta inmune [2, 8, 9].
La incidencia de trematodiasis está presente todo el año,
con mayor tasa de prevalencia durante la temporada de lluvias,
además, sujeta a las características ecológicas que poseen
las áreas de pastoreo, en su mayoría pantanosas e inundadas
como comúnmente se describen en climas tropicales, donde las
condiciones cálidas y húmedas favorecen la eclosión rápida de
los huevos, maximiza la propagación de los caracoles huéspedes
intermediarios e incrementa la viabilidad de las metacercarias
infecciosas presentes en el pasto, por lo tanto, regularmente se
estima para la zonas ganaderas, una alta prevalencia de infección
[9, 10]. En este sentido, debido al cambio climático, desde
hace más de una década se proyecta un aumento significativo
de la temperatura y humedad, así como cambios importantes
en los patrones de precipitación que hoy, son una realidad en
los Andes tropicales de Venezuela, por ello, Forstmaier y col.
[11] recomiendan prestar más atención a estas enfermedades