
Viloria
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Maya (1912), posiblemente uno de los relatos para niños
más difundidos en el siglo pasado. Especialistas en la obra
literaria de Bonsels han reunido indicios sucientes para
elucidar mensajes ocultos de carácter racista, antisemita y
lonazi en la historia aparentemente cándida de la abeja
Maya, basados en la naturaleza social de las colmenas. Ca-
sos como los mencionados dan cuenta de una parte poco
conocida del impacto que han tenido y tienen las abejas,
particularmente en la cultura occidental.
Medio milenio atrás, las abejas (Apis mellifera), según
Gonzálo Fernández de Oviedo y Valdés (Sumario de la na-
tural historia de las Indias de 1526, consultamos la edición
del FCE, de 1950), no existían en América, tampoco las
moscas domésticas. Su extraordinario testimonio segura-
mente es la primera referencia precisa a otro tipo de abejas,
autóctonas del continente americano:
“Hay muchas abejas, que crían en las oquedades de los ár-
boles, y son pequeñas, del tamaño de las moscas, o poco más, y
las puntas de las alas tienen cortadas al través, de la facción o
manera de las puntas de los machetes victorianos, y por medio
del ala una señal al través, blanca, y no pican ni hacen mal,
ni tienen aguijón, y hacen grandes panales, y los agujerillos
de ellos hay en uno más que en cuatro de los de acá, aunque
ellas son menores abejas que las de España, y la miel es muy
buena y sana, pues es morena casi como arrope”.
En los cuatro siglos siguientes a esta primicia, se cuen-
tan otras noticias similares en crónicas, pero además se hi-
cieron descubrimientos eventuales sobre este singular gru-
po de abejas, sobre todo en lo que respecta a descripciones
taxonómicas dentro de su asombrosa variedad. Reportes
numerosos, aunque dispersos, sobre el consumo indígena
de su miel y el potencial manejo de algunas especies para
producción controlada de mieles se han ido incrementan-
do desde el siglo XIX; no obstante, es posible que la pri-
mera obra monográca dedicada a la cría de las abejas sin
aguijón fuera la de Paulo Nogueira-Neto (1953, revisada y
reeditada en 1970), autor brasileño que eventualmente lle-
garía a ser el especialista mejor acreditado en Suramérica.
En 1973 Monte Ávila Editores imprime en Venezuela
la primera edición de Abejas criollas sin aguijón (Colección
Cientíca No. 25), cuyo autor, Rafael Rivero Oramas co-
nocía bien en ese momento el trabajo de Nogueira-Neto.
Rivero Oramas, sin embargo, había adelantado temprana-
mente su erudición en las abejitas meliponinas (aricas, gua-
ros, matajeyes, pegones) a través de los medios de difusión
educativa infantil que él mismo fundó y dirigió, Onza, tigre
y león. Revista para la infancia venezolana (1938-1948), y
Tricolor (en sus dos primeras décadas, 1949-1969) (ver p.
ej., Rivero Oramas 1952). En realidad, la incursión pione-
ra de Rivero Oramas en este y otros muchos temas venezo-
lanistas se pierde de vista, principalmente en la revista Tri-
color, materia digna de tratar ampliamente y a profundidad
en otros espacios.
Por iniciativa y empeño de Palmira Guevara, pensadora
crítica, bióloga molecular y meliponóloga entusiasta, fue
posible producir e imprimir esta segunda edición de aquel
olvidado y agotadísimo librito de la colección cientíca
de Monte Ávila. Guevara dispuso su competencia y todo
su corazón en el proceso editorial, logrando un trabajo
excepcional que destaca por el diseño gráco renado, a
la altura de la trascendencia de esta obra. Es justo además
mencionar el aporte recibido del Fondo Editorial Milagro-
sas Meliponas, que hizo posible la materialización de este
emprendimiento. El resultado es un homenaje también al
libro-objeto, la gura estética superior que nos complace
tener en las manos. Uno se pregunta si las desaboridas dia-
gramaciones que vemos en muchos libros venezolanos, son
realmente el resultado de la austeridad o simplemente el
desafortunado producto de la falta de fe.
Esta segunda edición viene en un libro distinto, recor-
tado en un formato mayor, ligeramente ampliado pero
poco intervenido. Cuenta con un prólogo de la curadora
del texto, la nota editorial y la reseña sobre el autor, que
hizo su biógrafo, Manuel Almeida-Rodríguez, quien pro-
bablemente sería capaz de escribir un libro entero sobre
Rivero Oramas, el polímata de los altos mirandinos, pre-
cursor de la meliponicultora moderna. Lo más visible es el
enriquecimiento gráco con nuevas ilustraciones, acuarela
para la portada –blanda, con solapas–, fotografías a color,
y unas viñetas de abejitas que nunca pasarán desapercibi-
das. La forma en que está narrado originalmente el texto
de 1973 no pierde vigencia, ni en su estilo, ni en la validez
de la información fundamental que aporta. Sin embargo,
no es posible callar respecto a cuánto más se conoce sobre
la biología de las abejas criollas sin aguijón después de más
de cincuenta años. Palmira Guevara quiso respetar la in-
tegridad primaria del texto, pero extendiendo la lista de
referencias bibliográcas especializadas y sugiriendo otras
lecturas, de entre centenas de nuevas fuentes de informa-
ción que ahora existen disponibles, como siempre, en des-
esperante dispersión.
Al mejor estilo de Rivero Oramas, este libro se distri-
buye gratuitamente, por lo que no es difícil predecir que
pudiera agotarse pronto. Ya no se imprimen grandes can-
tidades. El formato electrónico, menos costoso, aunque
amenaza desplazar al libro impreso pareciera no deparar el
mismo placer a los amigos del libro y la lectura. El número
45 de Tricolor, de noviembre de 1952, pródigamente ilus-
trado, policromo y de distribución nacional gratuita, tuvo
un fenomenal tiraje de 30.000 ejemplares. Encontrar uno
fue una peripecia. Esfuerzo recompensado con la recolec-
ción de las siguientes líneas: